Corrientes, miercoles 17 de abril de 2024

Sociedad Corrientes

Nos dejaron sin pupitre.

31-03-2024
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"Hombre, pueblo, Nación, Estado, todo: todo está en los humildes bancos de la escuela". Sarmiento


( PorJose Miguel Bonet*).Profundo observador, viajero incansable, Domingo Faustino Sarmiento escribió “De la educación popular” en 1848, después de sus largos viajes por Europa y los Estados Unidos, en los que pudo observar minuciosamente las nuevas formas de la metodología educativa, junto con los espacios educativos que se estaban creando. Sus conceptos sobre la construcción de las escuelas, el diseño de las aulas, su orientación y mobiliario lo colocan hoy como el gran maestro de la infraestructura escolar argentina.

El equipamiento escolar,, mereció también su especial atención. El particular interés por el aspecto ergonométrico del mobiliario lo llevó a analizar las más avanzadas expresiones de la época en materia de asientos y pupitres que se estaban empleando en las escuelas norteamericanas. En sus visitas a las escuelas de Boston, observó con detenimiento la calidad formal del mobiliario y pudo comprobar cómo respondía a los requerimientos de cada edad escolar. Los pupitres articulados con cada asiento se constituían allí en un excelente apoyo para el confort del alumno en particular y para toda la actividad escolar en general. No dudó Sarmiento en traer algunos prototipos de ese mobiliario, que luego desarrolló prácticamente para las nuevas escuelas que habría de construir. Con algunas mejoras realizadas con el transcurso del tiempo se constituyó durante muchos años en los clásicos pupitres que todos recordamos y que con tanta eficacia fueron usados en casi todas las escuelas de nuestro país. La modernidad líquida de hoy se los llevó,los objetos cotidianos tienen su propia voz, potente y honda para quien quiera oírla, y dan prueba material de cómo era la vida de aquella generación que está a punto de desaparecer,han subastado los pupitres de la vieja escuela estas mesas escolares albergaron los sueños, miedos y fallidas ilusiones de criaturas desde comienzo de siglo. Son pupitres cuya madera recia y veteada no solo contiene los recuerdos de los que en se sentaron son pupitres que nos cuentan la historia de una generación de la que se servio de la revolucion efucativa de Sarmiento.Los objetos cotidianos tienen su propia voz, potente y honda para quien quiera oírla, y dan prueba material de cómo era la vida de aquella generación que está a punto de desaparecer; deshacerse de ellos denota ignorancia sobre lo que debería ser un tesoro antropológico.

Los que tenemos edad para gozar de cierta perspectiva fuimos testigos del desprecio con el que, en las décadas de los setenta, ochenta o noventa, era tratado lo viejo, como si fuera irreparable y no cupiera una segunda vida para su uso. A la gente de los pueblos, sobre todo a las personas mayores, se les hizo el trueque, se les cambiaron cosas nobles que habían soportado el paso del tiempo por basuras de baja calidad y mobiliario de plástico o skai; allá donde daba sombra una parra aparecieron esos tejados de uralita ahora justamente denostados. Pero en esas décadas de progreso irreflexivo ya se caricaturizaba a aquellos que trataban de advertir de la valía de todos aquellos objetos que acababan en el rastrillo o en la hoguera. No existía entonces el término buenismo, pero hubiera sido el insulto ajustado para aquellas personas que percibían, en contra de la corriente dominante, la belleza y sostenibilidad de objetos que habían resistido indemnes el azote del tiempo.

Pero entonces se veía esa lucha por la conservación como el capricho de personas que se negaban tontamente al progreso; se tachaba de romanticismo aquella defensa de lo antiguo por considerar que se había quedado rancio. Se descartaba un objeto tanto como se despreciaba un paisaje. Un paisaje como.los que citaba Guiraldes o Hernandezy que hoy se encuentran amenazado por las excavadoras y la modernidad liquida.. Algo hemos aprendido, al menos ahora, aunque siempre es difícil paralizar un proyecto inmobiliario, hay paisanos que se indignan, se organizan y reclaman ayuda a los que tenemos una tribuna.
“No podemos pasar a la historia”, como los que permitimos machacar el paisaje. No se trata de la nostalgia enfermiza del pasado, muy al contrario, es la conciencia de que hay que trabajar para que en un futuro no haya que lamentarse por aquello que dejamos que se perdiera.La modernidad antigua construía para siempre la líquida y moderna toca y se va.


* Desde Mburucuya