Este viernes 15 de marzo, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu dio luz verde a la ofensiva terrestre sobre la ciudad de Rafah, en la frontera de Egipto.
En un enclave donde la situación humanitaria es catastrófica y con la mayoría de la población refugiada en Rafah, tal invasión dejaría a cerca de un millón y medio de gazatíes entre la muerte y la incertidumbre.
Una mujer lava ropa a mano fuera de tiendas de campaña en un campamento que alberga a palestinos desplazados erigido en una escuela dirigida por la Agencia de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (OOPS) en Rafah, en el sur de la Franja de Gaza, el 13 de marzo de 2024.
La presión sube en la Franja de Gaza, donde el Ejército israelí se prepara para una operación militar sobre la ciudad de Rafah, en el sur del territorio, en la frontera con Egipto.
Pero con una situación humanitaria catastrófica en todo el enclave, la ciudad de Rafah, convertida en un gran campamento de desplazados de otras partes de la Franja que ya han sido atacadas y la casi imposibilidad de huir a otro lugar, los gazatíes quedan cada vez más encerrados.
Según Philippe Lazzarini, director de la UNRWA, "cualquier operación militar a gran escala entre esta población solo puede conducir a capas adicionales de tragedia sin fin".
Una ciudad contra las cuerdas
Desde el inicio de la invasión terrestre de la Franja de Gaza por parte de Israel, el 27 de octubre pasado, la mayoría de los 2,3 millones de gazatíes tuvieron que huir de sus hogares. Se fueron desplazando cada vez más hacia el sur, mientras avanzaban las tropas israelíes, hasta llegar, muchos de ellos, a Rafah.
Actualmente se calcula que alrededor de un millón y medio de personas están refugiadas en Rafah, es decir, seis veces más de la población que allí vivía antes del inicio de la guerra en octubre. Además, según Unicef, un ataque contra la urbe pondría a 600.000 niños y niñas en peligro.
Muchos de los ciudadanos que se encuentran ahora en Rafah viven en alojamientos provisionales, de hecho, se multiplica el número de tiendas de campaña en los alrededores de la ciudad. Varios barrios se han convertido en campamentos de refugiados con personas acampando en las calles, en la playa, o cerca al muro fronterizo con Egipto.
Según el Consejo Noruego para los Refugiados, Rafah es un "gigantesco campo de refugiados". Muchas familias también se amontonan en apartamentos o viven en las escuelas de la ONU.