Corrientes, viernes 20 de marzo de 2026

Política Corrientes

El pacto de la Moncloa y el pacto propuesto por Milei

03-03-2024
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( Por José Miguel Bonet*). Los Pactos de la Moncloa cambiaron el rumbo de España será que el acuerdo propuesto por el Presidente Milei torcer el rumbo de Argentina?

La cultura del pacto exige la promoción prioritaria del diálogo social, por encima de resistencia políticas, con independencia del gobierno que ocupe en esos momentos el poder, ni de su voluntad o no de estar abierto al diálogo, con firmeza y seguridad, garantizando la participación de todos los representantes de la sociedad civil. De nada sirve un diálogo social y una institucionalización democrática vacía de contenidos. Tampoco sirve no alcanzar nunca resultados concretos.

No hay modelos únicos, ni modelos estables: son los propios interlocutores sociales y económicos, representantes de los ciudadanos, los llamados a ir determinando cuáles han de ser la velocidad, los caminos o vías y, en definitiva, las políticas, actuaciones o procesos adecuados según las circunstancias o factores concretos presentes en cada momento. Un verdadero diálogo social hace referencia a un modelo de gobernanza en el que los representantes de los intereses económicos y sociales son llamados a participar en la adopción de las decisiones más relevantes de política económica y social sin imponer líneas rojas, admitiendo que el contrario puede tener parte de razón y no concebir la negociación como el simple intento de convencimiento del otro para que acepte nuestras posturas⁵, y evitando la tentación de usar al Gobierno amigo como ariete contra la otra parte. Esa es la clave de la cultura de pacto sobre la que se asienta buena parte de nuestro modelo democrático económico y social esencialmente europeo.

Su objetivo es muy claro: la consolidación de la democracia, de la auténtica, que se traduce en la construcción de una sociedad más rica y desarrollada, con mayores oportunidades para todos, pero sobre todo en una sociedad más ética, más cohesionada y más solidaria y unos sistemas políticos, inclusivos y no excluyentes, cuyas señas de identidad sean, por encima de todo, la paz, la igualdad y la justicia social.

Qué se puede aprender de los Pactos de la Moncloa?

Diagnóstico común. El primer elemento para tener en cuenta fue la capacidad de las fuerzas políticas y sociales en 1977 de alcanzar un diagnóstico común sobre la situación. En este sentido conviene recordar que los sindicatos sí que participaron en las negociaciones de los acuerdos, aunque no directamente, ya que en agosto de ese año CCOO, UGT y USO fueron convocados a la Moncloa, pero rechazaron llegar a un simple acuerdo de rentas que les planteó el Gobierno de Adolfo Suárez. En 1977 las organizaciones empresariales eran prácticamente inexistentes, la CEOE acababa de fundarse en junio de ese año y no estaba por la labor de pactar nada. Fue ese rechazo de los sindicatos a un acuerdo solo de rentas lo que dio lugar al proceso de acuerdo político, económico y social más amplio que fueron los Pactos de la Moncloa.


El diagnóstico común es la base para poder llegar a acuerdos posteriores sobre las medidas, la medicina, que hay que aplicar. Además de lo que puedan plantear los diferentes partidos políticos, podría ser conveniente que el Gobierno solicite un diagnóstico de la situación socioeconómica al Consejo Económico y Social, compuesto por representantes de los sindicatos, de las asociaciones empresariales y expertos nombrados por el Gobierno, que sirviera como base común para el necesario debate entre las fuerzas políticas.

Metodología. Indudablemente un acuerdo de este tipo va a tener una fuerte repercusión mediática, más en un momento de atonía informativa como el actual, pero sería un error que se sustituyeran los necesarios debates discretos por una sobrexposición mediática del proceso de negociación. Lo que debe ser público son los resultados del acuerdo, no el proceso de acuerdo en sí mismo, ya que en este caso se corre el riesgo de intentar hacer una utilización partidaria de las propias negociaciones. Y la confianza entre los interlocutores es la argamasa de un acuerdo de estas características.

Hay dos escenarios tóxicos de los que hay que huir: 1) Que el Gobierno utilice las negociaciones de forma partidista para avalar sus políticas, o para arrinconar a la oposición en caso de que el acuerdo fracase; 2) Que la oposición rechace el acuerdo esperando que el coste de la gestión de la crisis Gobierno.

Los Pactos de la Moncloa pusieron en valor que, cuando en situaciones de crisis, las fuerzas políticas y sociales apuestan por un “patriotismo democrático”, es posible de llegar a amplios acuerdos.

Además, la experiencia de los Pactos de la Moncloa no permite llegar a una conclusión clara de si estos beneficiaron al Gobierno, como pudo comprobarse en las elecciones generales de 1979.

En 1979 la UCD perdió 40.000 votos aunque incrementó el porcentaje en votos pasando de un 34,3% en 1977 a un 34,8% . El PSOE incrementó sus votos, pero no en un volumen muy elevado, 100.000, lo que le permitió aumentar un punto, pasando de un 29,3% en 1977 a un 30,4% en 1979. Lo más curioso fue la evolución del PCE, firme defensor de los Pactos de la Moncloa, que incrementó sus votos en 230.000, lo que le permitió pasar de un 9,3% de en 1977 a un 10,8% en 1979. La ciudadanía castigó a Alianza Popular, el partido de ámbito nacional que fue menos favorable a estos acuerdos –solo suscribió los acuerdos económicos–, que en 1979 apenas sacó un 6,1% de los votos, 400.000 menos que en 1977.

Resulta interesante también recordar que CCOO, el sindicato que más apostó en el ámbito laboral por los Pactos, ganó en 1978 las primeras elecciones sindicales libres de nuestro país, alzándose con un 38% frente al 31% de la UGT.

Asimismo, no puede olvidarse que para poner en marcha un acuerdo de este tipo se deben incorporar a los principales interlocutores sociales, lo que, como se ha dicho, exige muchas conversaciones desde su inicio.

El relevante papel que en su caso desempeñe el Parlamento en este proceso de acuerdo, a través de las comisiones parlamentarias que se establezcan en Diputados y el Senado, no debe ser un obstáculo para que se desarrollen conversaciones discretas que faciliten los consensos necesarios que toda negociación compleja exige.

Asimismo, el Parlamento también debería cumplir una función de seguimiento y control de los acuerdos alcanzados ya que este sería el mejor mecanismo para evitar su utilización partidista.

Los acuerdos tendrían que tener un horizonte temporal, o deberían abarcar toda la legislatura, para que los partidos de oposición no consideren que el pacto maniata su capacidad de crítica y control al Gobierno.

Como hemos dicho resulta imposible calcular la magnitud del esfuerzo público requerido para asegurar la eliminación de las heridas heredadas de la crisis, pero es indudable que será enorme.

Por último, pero no menos importante, hay que evitar que se generen falsas expectativas que puedan derivar en frustraciones que incrementen el espacio de la anti-política, ya que ello podría suponer un riesgo para la convivencia democrática de nuestro país.Resultados,los Pactos de la Moncloa (fueron dos, denominados Acuerdo sobre el programa de saneamiento y reforma de la economía y Acuerdo sobre el programa de actuación jurídica y política), que se convirtieron en un paradigma mundial de diálogo y convivencia democrática entre todas las fuerzas políticas y territorios (incluidos, evidentemente, los nacionalistas vascos y catalanes). Los pactos permitieron a España iniciar el camino de la modernización que la llevaría a integrarse en la Unión Europea y a tener uno de los periodos más largos de prosperidad de su historia.


*desde Mburucuyá