Corrientes, sábado 20 de abril de 2024

Opinión Corrientes

La hiperideologización “paleo” del Estado

29-01-2024
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“2024: año de la defensa de la vida, la libertad y la propiedad”

Frase libertaria obligatoria en los documentos oficiales-(DNU 55/2024)


( Por Jorge Simonetti). El kirchnerismo, como variante menor del panperonismo, intentó instalar una hegemonía política y cultural en el país. Lo logró sólo parcialmente, a partir de una sociedad que generó anticuerpos contra las autocracias. En rigor, nunca fue una ideología, antes bien una metodología de ejercicio del poder, la populista.

Lo dijimos en varios textos, el populismo no es de derecha ni de izquierda, no es liberal ni progresista, puede penetrar las estructuras estatales con los componentes ideológicos más diversos.


En cualquier caso, desde cualquier ángulo de la ideología, es siempre peligroso cuando se intenta implantarlo como religión de Estado, porque seguramente a partir de allí la sociedad comenzará a dividirse entre réprobos y elegidos a la luz de las ideas oficiales.

Pocas veces hubo un proceso tan crudo para convertir a la casa que pretendemos común, el Estado, en el templo de la ideología de los detentadores del poder.

El mundo tiene suficientes ejemplos de los graves procesos políticos que generó la imposición de la ideología a partir de la conducción política institucional. El nazismo, por caso, es extremo y paradigmático.

No quiero dramatizar, tampoco creo que las condiciones objetivas estén dadas para traspasar los límites señalados. Pero, el nuevo gobierno cumple con el ABC de la ideología como religión de Estado. Que no pueda imponerla en toda su dimensión por falta de volumen político y legislativo, es otro cantar.

Javier Milei vino con su librito bajo el brazo, llamémosle genéricamente el catecismo liberal, en función del cual pretende disciplinar a una sociedad acostumbrada a los desarreglos de la “casta” política, su enemigo de ocasión.

El de los liberales es un universo complejo. El liberalismo clásico pone énfasis en la libertad individual, la limitación del poder del Estado y la maximización de las fuerzas del mercado capitalista. Tuvo su apogeo en el siglo XIX.

Su rama libertaria es más nueva y, podríamos decir, más extrema en sus concepciones. Creen en un Estado mínimo, que se limite a proteger la vida, la integridad corporal y la propiedad privada. De allí el minarquismo (estado mínimo) y el anarcocapitalismo (sociedad sin Estado).

El paleolibertarismo es una estrategia de activismo desarrollada por los teóricos anarcocapitalistas estadounidenses Murray Rothbard y Lew Rockwell en la década de los noventa. Está más a la derecha de todo el arco liberal. En un ensayo de 1992, Rothbard reflexionó sobre la importancia de utilizar herramientas populistas de derecha para ampliar la base libertaria.

El movimiento libertario “paleo” pretende la radicalización de las clases medias contra el Estado. Milei es, en suma, un paleolibertario que utiliza los resortes del Estado para oficializar una ideología anti-estado. Una contradicción, no?

El interrogante es si la Argentina está preparada para una sociedad sin Estado, o con Estado mínimo, sin regulaciones, dónde la libertad, en su sentido más amplio, esté por encima de la igualdad, la seguridad, la solidaridad. La justicia social, entendida ésta como la redistribución de la riqueza a través de los impuestos, es mala palabra para Milei.

Una estética disruptiva y un lenguaje confrontativo y burlón, acusaciones a diestra y siniestra y la repetición de consignas ideologizadas, hacen del presidente un “Ludwig von Mises de cabotaje”, que cree hablarle siempre a un auditorio de aprendices.

Encontró el campo orégano, la resaca kirchnerista le sirvió el plato en bandeja al “gurú de los perros”, para que su siembra extremista fructificara en votos en una sociedad harta de las demasías del cristinonestorismo, que construyó poder a partir de la dádiva y no del mérito, de la adhesión alimentaria y no de la inteligencia ciudadana.

Tal como van las cosas, aunque la debilidad legislativa los obligue a negociar permanentemente el contenido de las normas, la proa tiene un sentido innegociable, que se profundizará con el correr del tiempo.

La pregunta es si, con el cambio de gobierno, salimos de un sistema populista y autocrático e ingresamos a la pluralidad de la democracia, o, simplemente cambiamos de collar pero seguimos siendo perros.

Además de las consabidas monsergas de Milei y su entorno, existe un hecho que resulta el prototipo de la entronización de una ideología en los sillones del poder.

Me refiero al Decreto de Necesidad y Urgencia (¿fue necesario y urgente?) N° 55/2024, que introduce como leyenda obligatoria para todos los documentos oficiales, una consigna política propia de la ideología oficialista y del partido en el poder: “2024: año de la defensa de la vida, de la libertad y de la propiedad”. ¿No se olvidaron de agregar algo sobre la democracia y la república? Digo, nomas.


Es tal como si el peronismo hubiera hecho lo mismo con la consigna: “2024: año de la justicia social, la soberanía política y la independencia económica”.

Parece una formalidad colocada en un papel, pero todos sabemos que no lo es, los documentos oficiales deben ser institucionales y despojados de toda referencia partidista, porque si algo tan simple es malversado, seguramente los avances sobre otros símbolos estatales serían factibles, tal como cambiar la estética del escudo nacional.

Por otra parte, la leyenda impuesta para los textos oficiales aparece como una contradicción esencial con la ideología de gobierno. Si hay algo con lo que no comulgan los libertarios, ese algo es el Estado. Sin embargo, se apoderan de los documentos del propio Estado, para imprimirles un sentido de propiedad política e ideológica inadmisible.

La ideologización del Estado es, a la vez que contradictorio con el credo minarquista en el poder, un privilegio para poderosos. ¿Por qué? Porque el proyecto de ley ómnibus dispone la modificación de la ley de ética pública, estableciendo drásticas limitaciones de militancia política para los empleados públicos rasos.

La revolución libertaria no sólo se lleva a cabo en nuestro país, al igual que el marxismo en su oportunidad, se intenta internacionalizarla para que el mundo, o gran parte de él, se beneficie con las abundancias de un mercado inagotable.

Tal lo que pasó en Davos, cuyo auditorio de avezados empresarios y políticos, imaginados por la comitiva argentina como inexpertos alumnos, escucharon casi resignadamente al presidente argentino dictar cátedra acerca de su receta de la prosperidad. Según lo describió La Nación hubo risas, sorpresa, incredulidad, también fascinación en algunos.

Con la mitad de las banquetas vacías, nadie se salvó del garrote libertario: “Todos. No hay diferencias sustantivas. Socialistas, conservadores, comunistas, fascistas, nazis, socialdemócratas, centristas. Son todos iguales. Los enemigos son todos”, dijo muy seguro de la internacionalización de “su revolución”.

Donald Trump, Jair Bolsonaro, Giorgia Meloni, cada uno con su estilo, son hijos “paleos”. El presidente argentino también, con una impronta más economicista y catedrática.

Contradicción: un Estado hipermínimo no se corresponde con una autoridad pública hiperideologizada.