Hoy estamos haciendo un balance a los siete años de la firma, y como todo en la vida, una de cal y otra de arena", aseguró el expresidente Juan Manuel Santos durante el acto de conmemoración celebrado en el Centro de Memoria de Bogotá, en el que también estuvo el exlíder de la guerrilla, Rodrigo Londoño, conocido como "Timochenko".
El 24 de noviembre de 2016 Santos y Londoño firmaron en el Teatro Colón de Bogotá el acuerdo que supuso "el fin de una guerra entre la insurgencia más poderosa y más antigua del hemisferio occidental y el Gobierno colombiano".
"¿Qué ha sido lo bueno de este acuerdo? Su importancia, el reconocimiento porque fue el primer acuerdo que puso a las víctimas en el centro de las negociaciones, el reconocimiento a las víctimas antes incluso de firmar la paz", destacó Santos, durante el acto, en el que se le dio la voz a Londoño.
El acuerdo incluía todo un mecanismo de reconocimiento, verdad y reconciliación como la Comisión de la Verdad, que el pasado año presentó su informe final, o la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), organismo para la justicia restaurativa.
El expresidente ganó el Nobel de la Paz después de eso y Colombia ha sido ejemplo de paz; Santos ha recibido llamadas de Ucrania, Etiopía o Afganistán para compartir experiencias, pero lo cierto es que la implementación de lo acordado -que no solo suponía el desarme de la guerrilla sino compromisos de repartos de tierra y de reparación de víctimas- está lejos de ser perfecto.