Corrientes, domingo 22 de marzo de 2026

Política Corrientes

Preguntas para eludir el sesgo electoral

20-10-2023
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 “¿Uds. saben cuánto cuesta un día en el barco de Insaurralde? Lo mismo que siete años del pago a un jubilado. ¡Hijo de puta!” -Patricia Bullrich, en Tucumán

( Por Jorge Simonetti.)¿Si yo le dijera que Ud. no es el dueño de su voto, que no es libre absolutamente de escoger su opción electoral, que su decisión es manipulada interiormente por su propio inconsciente y exteriormente por sistemas de algoritmos y filtros que, en definitiva, son los que lo condicionan hacia un lado o hacia el otro? Tal vez Ud. me respondería que estoy loco, no sin algo de razón.

 Es que, nadie analiza debidamente las opciones electorales, ni siquiera los que se consideran más leídos, y aunque lo hicieran, se necesita una gran fuerza de voluntad para privilegiar el examen frío y racional por sobre nuestras inclinaciones, sentimientos y preconceptos.


Existe en el cerebro humano un error de procesamiento que se denomina “sesgo de confirmación”, que engloba a todos, es bastante inconsciente y muy difícil de evitar. ¿En qué consiste? En buscar, interpretar y privilegiar la información que coincida con nuestros propias creencias, expectativas o hipótesis preexistentes, independientemente de si ello se corresponde con la realidad o no.

Esa tendencia innata produce en el ser humano una dificultad muy grande para cambiar de opinión. Normalmente, insistiremos en nuestras posición a pesar de tener pruebas al canto en contrario. Sobre todo si ello tiene que ver con nuestras simpatías políticas.

El proceso de toma de decisión del sentido del voto es largo e intrincado. No depende enteramente de nuestra voluntad, juegan elementos de los que a veces no tenemos ni idea que intervengan.

 Para decirlo de un modo gráfico, estamos influenciados por algoritmos exteriores e internos, del mundo exterior y de nuestra propia mente y emociones. Google en la web y Google en nuestro cerebro, elige por nosotros.


 Yendo a lo estrictamente electoral, los mensajes políticos atraviesan una triple capa de filtros: los medios de comunicación, las redes de pertenencia social y la experiencia directa. Es decir, cuando llegan a tu cerebro, ya llegan filtrados.

A su vez, tu cerebro los decodifica con su propia metodología, en la que intervienen la memoria, la información archivada, aquello que te tocó pasar y marcó tu vida, tu formación, tus propios valores. Finalmente, llega tu decisión de votar a tal o cual.

Algunos acontecimientos muchas veces marcan un cambio de tendencia, no siempre. Nadie sabe lo que pesará la corrida cambiaria, o si el yate de Insaurralde es equiparable al cajón de Herminio.

En ese contexto de información sesgada, virtualmente por los grandes monopolios en la web y naturalmente por tus propios preconceptos, la verdad o la conveniencia puja por hacerse paso e intervenir en tu decisión final. A veces te das cuenta, otras no, algunas otras porque decides desentenderte.

 Como fuera, juegan por estos tiempos electorales en Argentina, sentimientos muy fuertes que ahogan las mentes de los electores, que valen en la medida de su procesamiento racional, pero que a veces nos guían por el camino de las emociones insuperables.


Me estoy refiriendo a la ira y al miedo. Tenemos bronca, tenemos rabia, tenemos indignación, por todo lo que viene sucediendo, y si bien es una plataforma de análisis, dejarnos invadir totalmente por ello, puede nublar nuestra capacidad de análisis para escoger la solución más viable.

Pero también nos invade el miedo, sobre todo a no ver una salida asequible, una especie de telón negro que se pone por delante de nuestro ánimo y nos impide ver más allá.

 Tampoco sabemos la exacta incidencia de ciertos acontecimientos sobre el voto concreto de la gente. Por ejemplo, la inflación desbocada ¿inhibe nuestra voto hacia el responsable de ello? O el yate de Insaurralde ¿puede equipararse con el cajón de Herminio? Debería, no? Pero el cerebro electoral no se maneja con las matemáticas, por lo menos no en todos los casos.

Este artículo intenta articular algunas preguntas elementales, en cuyas respuestas probablemente pueda encontrarse la punta del ovillo de nuestra decisión electoral.

La realidad es lo que es, y punto. Tenemos tres candidatos con posibilidades, y entre ellos tenemos que elegir. Tal vez, lo más probable, que Ud. ya esté decidido por cual. Pero quedan, todavía, electores rumiantes, que deben tomar una decisión y no tienen parámetros seguros para hacerlo.


 Desechando cualquier pretensión magistral, he elaborado algunas simples preguntas que, respondidas con lápiz y papel o en la mente, tal vez puedan servir como mojones que te conduzcan a tomar la decisión más adecuada a tus propias expectativas y conveniencias.

Siendo que los candidatos que están en la puja son Bullrich, Milei y Massa, hazte estas preguntas, y observa el resultado:

*¿A quién de ellos le dejarías el cuidado de tus hijos?

*¿A quién le prestarías dinero?

*¿A quién le darías el manejo de las armas?

*¿En manos de quién pondrías el cuidado de la salud de tu familia?

*¿A quién elegirías como maestra/o para enseñar a tus hijos?

*¿Quiénes de ellos sería el policía que cuide tu cuadra?

*¿A quién recurrirías cuando tengas miedo o sientas ira?

*¿A quién le contarías un secreto que quieres guardar?

*¿A quién le darías la espalda con tranquilidad?

*¿Quién demostró con actos concretos una lucha contra la corrupción?

*¿Quién querrías que esté contigo para enfrentar una situación peligrosa?

*¿A quién elegirías como tu abogado defensor?

*¿A quién le comprarías un auto usado?

*Si sos un jubilado, ¿cómo querrías que te llamen? a) una persona mayor; b) un abuelito, o c) un viejo meado.


*Si pensaras distinto, ¿te gustaría ser tratado como mogólico o burro?

*¿Con quién compartirías tu pan?

*Si tuvieras que realizarte un transplante, ¿querrías comprar el órgano en el mercado o preferirías integrar una lista de receptores elaborada de manera científica?

*Si tuvieras ahorros, ¿en el banco de qué candidato lo depositarías?

¿Anotaste tus respuestas? Es conveniente que lo hagas, que las agrupes y la sumes por candidato: Bullrich, Milei, Massa o Milei, Massa, Bullrich, o Massa, Bullrich, Milei. El candidato que tengas mayor cantidad de respuestas positivas, ése es el que tendrás que votar cuanto estés en el cuarto oscuro.

Muchas más preguntas pueden realizarse en el sentido de este artículo, que te ayudarán a decidir tu voto. Pero como estamos eligiendo al titular del poder ejecutivo, que, en un sistema presidencialista como el nuestro, es el mandamás, el que decide por todos, el que escogerá el rumbo en cada coyuntura o en cada encrucijada, debemos poner el máximo cuidado.


Debería la pregunta final ser, en el sentido indicado, definitoria, determinante, casi apocalíptica, un interrogante de cuya respuesta dependa el destino final, el tuyo, el de tu familia, el de tus vecinos, el de tus conciudadanos, bah!, el de todos. Y tener conciencia que la respuesta marcará ese destino y no tendrá margen para el arrepentimiento.

 Se me ocurre, entonces, formular la pregunta final en los siguientes términos: si hubiera peligro de un conflicto nuclear, ¿a quién de los candidatos le confiarías el manejo del botón rojo?

Dios ilumine nuestras conciencias.