Corrientes, domingo 25 de febrero de 2024

Opinión Corrientes

Tiro al Pato

08-09-2023
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Si hay tres candidatos y uno puede ganar con cierta certeza en segunda vuelta, ¿cuál es la estrategia lógica que deben seguir los otros dos?: tratar de sacarlo de carrera” -Julián Gadano, Revista Seúl

( Por Jorge Eduardo Simonetti). El pronóstico electoral se ha convertido en la más inexacta de todas las ciencias, tanto que, hoy por hoy en la Argentina, las encuestas han perdido toda fiabilidad. Es que, en las empresas dedicadas al rubro, hay de todo: las hay ineficientes, con metodología vetusta, pero también las hay corruptas, contratadas para servir a algún sector político para direccionar el voto con sus resultados fabricados.

                   Pero, atentos, no todo es culpa de los encuestadores, que la tienen y mucha. Hay profesionales serios y objetivos, que sin embargo tampoco acertaron en las Paso. Entra a jugar aquí, un elemento subjetivo que cada vez adquiere mayor importancia: los propios encuestados.


¿Pero qué clase de afirmación de Perogrullo es ésa? Obviamente, los encuestados son el insumo principal de las encuestas. Si, es cierto. Pero, siempre hay un pero, hoy el universo social ha cambiado y lo ha hecho para complicar la confiabilidad del pronóstico.

La ciudadanía en su conjunto, y las nuevas generaciones en particular, no son ya mensurables dentro de un patrón fijo y predecible. Son muchos los que no quieren responder, muchos los que guardan su preferencia electoral y tantos otros que eligen a último momento. Es la “modernidad líquida” como diría el filósofo polaco Zygmunt Bauman.

Transcurridos los comicios “amistosos” de las Paso, comienzan las etapas por los puntos, la primera vuelta electoral en octubre y, eventualmente, una segunda en noviembre si ninguna fórmula alcanzan los números requeridos por la Constitución.

El sufragio, todos lo saben, está regulado por normas jurídicas de cumplimiento obligatorio. Constituye la parte formal del voto. Sin embargo, las conductas internalizadas por una sociedad conforman una especie de comportamientos informales en los individuos, que suelen repetirse en situaciones similares.


En los tres casos, los comportamientos ciudadanos son distintos. En las Paso, el voto es más “sincero”, se vota al que se prefiere. En la primera vuelta electoral, en cambio, se vota más estratégicamente, en la mente del votante está incorporado un cálculo estratégico en función de las posibilidades de cada candidato de pasar y ganar en una segunda vuelta.

En el ballotage, finalmente, siendo una competencia binaria, es el momento de la “opción”. El sufragante, si su primera alternativa no juega, se inclina por el “menos malo”, aunque en este tiempo tan tormentoso, no hay que descartar el razonamiento eutanásico: el “que se pudra todo”, dándole el voto a quién tiene mayores posibilidades de fracasar.

Las distintas encuestadoras tienen resultados dispares, aunque en la mayoría de ellas es Milei el que lleva las de ganar. La opción de segunda vuelta más probable es Milei contra alguien, ya sea Massa o Bullrich.

Lo notable es que, remitiéndonos a la encuestadora Opinaia que da con mayor grado de probabilidad el escenario descripto en el párrafo anterior, el titular de la misma Juan Mayol confiesa que no cree que ése vaya a ser el resultado de lo que suceda el 22 de octubre. Es decir, descree en sus propios números, lo que es por lo menos novedoso. Piensa que el escenario de ballotage es con Bullrich y que ésta lo ganará.

Un panel de 42 encuestadores, consultores y analistas políticos sondeados por la revista Imagen, va en la misma línea del hombre de Opinaia: el 52 por ciento cree que el de Bullrich con Milei es el escenario de segunda vuelta más probable. Un tercio ve más probable un hipotético balotaje de Milei con Massa y casi ningún experto ve hoy posible la opción de Massa con Bullrich, con Milei fuera de juego. Incluso el 10 por ciento cree que Milei podría ganar en primera vuelta.

Las encuestas fallidas demuestran que cualquier escenario puede presentarse en la primera vuelta. Es muy difícil pronosticar el comportamiento electoral en estos tiempos de “modernidad líquida”.

Sin embargo, desde los campamentos de campaña de Milei y Massa, se apunta a generar la opción de un ballotage entre ambos, dejando a Bullrich afuera. Estiman que ésta, ubicada en el medio ideológico de la tríada, podría incorporar a su caudal a los sectores no plenamente identificados con algunas de las ofertas políticas.

Es algo así como: tiren contra Patricia, una especie de juego subterráneo, silencioso, que no tiene como objetivo dañarla con acciones directas, sino a través del intento de “invisibilizarla”. “Larretizar” a Patricia es la consigna, convertirla en “paloma”, para que la opción esté en los aparentes extremos.

Si queremos analizar el panorama electoral desde el ángulo ideológico, incorporando la vieja categorización de derecha-izquierda, diremos que Milei es el derecha extrema y Massa es la izquierda (parece mentira hablar de Massa como de izquierda), quedando Bullrich en un incómodo medio que para el hartazgo social no es un lugar de confort.

Si le damos una segunda vuelta de tuerca al ángulo ideológico, analizaremos también la opción entre populismo y republicanismo. El populismo opta por el líder fuerte que soluciona de un plumazo los problemas de un pueblo débil. El republicanismo, en cambio, le da chance al funcionamiento de las instituciones. En el primero casillero, ubicamos a los “magos” Milei y Massa, en el segundo a Patricia Bullrich.

Creo que dos candidatos tienen claramente determinada la estrategia electoral, saben que es el camino que deben continuar transitando, en un caso porque es el que le suma adhesiones, en el otro porque no le queda otra.

El libertario, si no gana en primera, quiere llegar a la segunda con el ministro de Economía. No le seduce competir con Bullrich en el ballotage. Ambos hacen de todo para evitarla.

Milei, seguir con la actitud disruptiva, no hay que arreglar el tren ni cambiar el maquinista, hay que “quemar el tren”, después Dios dirá. Massa, seguir con el tren desvencijado, fabricando billetes para profundizar el “plan platita” con el que pretende seducir a los incautos y hundirnos cada vez más a los argentinos. De última, son lo mismo: un tren que no funciona.

En el caso de la candidata de Juntos por el Cambio, de ese incómodo lugar en que la colocó las primarias, tiene la chance de emerger con un mensaje que pueda penetrar en la ciudadanía: el cambio sustentable. No el continuismo de Massa, sino el cambio. No la disrupción de Milei, sino la sustentabilidad de la propuesta.

Para Massa, entiendo, ingresar en una segunda vuelta representaría un pleno de casino. Por lo que, perdido por perdido, falta envido: me juego todo a un número e invierto la plata del estado para fortalecer esa chance.

Para Milei, continuar con el “plan demolición”, que, a pesar de una pretendida baja de la intensidad disruptiva, vuelve a sus andadas con expresiones como “una empresa puede contaminar un río todo lo que quiera”, propiciando la apropiación del recurso por parte de los privados.

A Bullrich le queda el camino del medio, a mi juicio el más razonable para transitar con éxito, pero a la vez el más refractario para una mayoría social que busca sangre.