Corrientes, sábado 04 de abril de 2026

Sociedad Corrientes

La moral de la estética Nietzche,el caso de Silvina Luna.

03-09-2023
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( Por José Miguel Bonet*).  La justificación estética de la vida La experiencia estética frente a la noción de verdad Todos los aspectos que aluden al cuerpo, son decisivos para la asimilación de la filosofía dionisíaca que Nietzsche comenzó a preparar en sus primeras obras filosóficas.

El filósofo confiesa en Ecce homo que El nacimiento de la tragedia tenía como uno de sus principales propósitos mostrar las alternativas que hallaron los griegos prehelénicos para acabar (o superar) el pesimismo, con lo cual se establece que el temperamento de esa antigua estirpe era en realidad afirmativo y no pesimista. (Nietzsche, 2002). No obstante, la crítica de la cultura que se pone de manifiesto en la producción temprana de Nietzsche también hace énfasis en el arte, pero a partir de una vehemente refutación a la concepción platónica, donde lo estético, como ya se ha revisado en la Paideia de Werner Jaeger, desempeña un papel menor.

Como ya se resaltó en el primer capítulo, Platón considera que el arte carece de valor epistemológico por ser imitativo. (Jaeger, 2002). Por consiguiente, el arte para Platón no es lo suficientemente estable y no puede corresponder con nada que se precie de ser objetivo. De lo contrario, el fundador de la Academia jamás hubiera desterrado a los artistas de la πόλις. Pero Nietzsche se sitúa en las antípodas del filósofo ateniense; en su revisión crítica de los fragmentos póstumos, Agustín Izquierdo recuerda que Nietzsche adjudica la designación de ―artístico‖ a todo lo concerniente al individuo y jerarquiza las diversas clases de arte de una manera opuesta a la de Platón. Así, las morales, la religión, la metafísica, la ciencia y la democracia pertenecen al terreno del arte, pero como manifestaciones secundarias; son ―formas de mentira que ayudan a vivir.‖ (Nietzsche, 2007).

Si esos discursos son tomados por lo que no son, es decir, si se le otorga prioridad a ese tipo de categorías menores, se está negando la condición fundamental del sujeto en tanto artista y se mutila la actividad estética del hombre: ―(…) pues los estados artísticos de excitación se sustituyen por estados de poca intensidad, lo que se traduce en una valoración negativa de la vida frente al valor afirmativo que implica todo acto vital o de creación.‖ (Nietzsche: 2007, Pág. 19).

En El nacimiento de la tragedia hay una asociación entre el arte apolíneo y las nociones de objetividad y de verdad. Apolo, el dios de la luz, habita en un mundo concreto de sueños donde todo es forma, armonía, y belleza, y donde yace también lo limitado y el principio de individuación; Dioniso, en cambio, anida en el mundo de la ebriedad, donde se da lo caótico y lo ilimitado. Apolo tiende a la simetría y al equilibrio mientras que Dionisio se dirige al caos y al desbordamiento. Pero para Nietzsche, según Agustín Izquierdo, tanto lo apolíneo como lo dionisíaco expresan formas de embriaguez, aunque distintas: la ebriedad en lo apolíneo es parcial y en lo dionisíaco se extiende a todos los sentidos. (Nietzsche, 2007).

En resumen, el bello y equilibrado arte apolíneo que emula las formas del mundo empírico esconde lo incierto y lo caótico de la vida, mientras que en el arte dionisíaco nada se oculta. Por el contrario, en él se 68 ovaciona a la vida y al Uno primordial con todo lo azaroso que ello conlleva, con todo su desbordamiento y caos: acepta sin reclamo la espantosa veracidad del mundo trágico y no acepta arrepentimiento ni actitudes pesarosas ante la vida. En Más allá del bien y del mal, Nietzsche denuncia la ―inveterada tartufería de la moral‖ que ha quedado con la trampa del ―conocimiento por el conocimiento‖. (Nietzsche: 2007, Pág. 51). Con esto sugiere que debe conseguirse ―otra verdad‖ que aflore de la creación humana y no de las derivaciones de la ciencia o del saber adquirido por acumulación o rutina. Anuncia, además, el advenimiento de una nueva generación de filósofos hastiados por la preocupación de una verdad procedente de los dogmatismos.

La verdad del arte, en un ejercicio interpretativo de las lecturas aquí mencionadas, tiene que ver con la verdadera libertad, pues la verdad ―imaginaria‖, según lo expuesto en El Crepúsculo de los Ídolos, solo se le prometía a los llamados sabios, a los religiosos, a los justos o a los pecadores penitentes: ―El «mundo verdadero» - una Idea que ya no sirve para nada, que ya ni siquiera obliga, - una Idea que se ha vuelto inútil, superflua, por consiguiente una Idea refutada: ¡eliminémosla!‖ (Nietzsche: 2001, Pag. 58). El afán de obtener la verdad al modo platónico-cristiano o de la ciencia es un obstáculo para la imaginación.

Así pues, la verdad no debe ser ―descubierta‖, como en la indagación habitual de los caracteres del lenguaje, sino que debe ser ―engendrada‖, como sí ocurre a lo largo de las etapas de la creación estética. Nietzsche manifestaba en 1884 esa idea en el siguiente aforismo: ―Hay una inclinación a la verdad, por inverosímil que parezca, al menos en algunos hombres. Hay también una inclinación contraria, por ejemplo, en los artistas.‖ (Nietzsche: 2007, Pág. 140). A conclusiones afines se llega en otros fragmentos previos: Honestidad en el arte: ¡nada que ver con el realismo! Esencialmente, honestidad de los artistas contra sus fuerzas: no quieren mentirse a sí mismos ni embriagarse; no producir el efecto en sí mismo, sino imitar la experiencia (el auténtico efecto). (Nietzsche: 2007, Pág. 140). (…) hacernos a nosotros mismos, crear una forma a partir de todos los elementos, ¡ésa es la tarea! ¡Siempre la de un escultor! ¡La de un hombre creador! ¡No por el conocimiento, sino por el ejercicio y un modelo llegamos a ser nosotros mismos! (Nietzsche: 2007, Pág. 140- 141).

Desde la perspectiva nietzscheana, se da en la experiencia estética. Fuera del marco tradicional de la estética moderna fundada en el sujeto y en el que principios trascendentales garantizaban la intersubjetividad y, por lo tanto, la comunicación, Nietzsche piensa un tipo de lenguaje que puede establecer vínculos y articular comunidades que contemplen el carácter espontáneo de la realidad y la diferencia de los otros sin reducirlos al plano del discurso, de los significados o las representaciones.

Para Nietzsche, esta “analogía” entre lo estético y lo cognoscitivo no es más que una reducción del primer ámbito al segundo. En La genealogía de la moral, el filósofo afirma que “Kant creyó que rendía un honor al arte al preferir y poner en primer lugar, entre los predicados de lo bello, los que constituyen la gloria del conocimiento: impersonalidad y validez universal” . Desde una perspectiva fisiológica del arte , para la cual los estados, principios y valores estéticos no son disposiciones o sentimientos de un sujeto trascendental, sino partes de un proceso fisiológico que se ve condicionado por las fuerzas artísticas e intereses que provienen del cuerpo (Leib), lo hecho por Kant constituye un empobrecimiento de la experiencia estética, ya que en ella quedan excluidas la pluralidad y riqueza de lo particular y de lo sensible en la medida en que se le da primacía a la “forma” de las sensaciones, pues es “lo único que de estas representaciones pueden con certeza ser comunicado universalmente” . Pensar lo bello desde el cuerpo supone el abandono de una concepción en la que la experiencia estética pueda ser universal. En efecto, Nietzsche entiende el cuerpo (Leib) como el “centro” en donde convergen una pluralidad de fuerzas cuya dinámica da lugar a determinados pensamientos, sentimientos y afectos. Lo bello, para el filósofo, consiste en una experiencia de plenitud, de derroche y abundancia que refleja el placer interno de vivir y que, por este carácter, necesita de ciertas Cfr. Sánchez De León,.

Como señala Deleuze, “un mismo objeto, un mismo fenómeno cambia de sentido de acuerdo con la fuerza que se apropia de él” ; por lo que en este horizonte la experiencia estética se encuentra bastante alejada de los términos trascendentales y universales planteados por Kant. Según Nietzsche, el gusto no constituye una “facultad”, sino una actividad valorativa profundamente ligada al cuerpo. En Así habló Zaratustra, el filósofo escribe que “gusto [Geschmack]: es el peso y, a la vez, la balanza y el que pesa” ; en otro lugar, sostiene que “valorar es gustar” (Schätzen ist Schmecken) . Tanto Deleuze como Heidegger han señalado que el concepto de valor guarda relación con el de punto de vista, es decir, con el de perspectiva. Una perspectiva supone un juzgar siempre desde un horizonte determinado, pues no podemos abarcar con la mirada la totalidad de las cosas; también implica un captar desde un contexto específico y un ver parcializado.

Nietzsche opone el perspectivismo a la idea moderna de objetividad: “No hay más ver que el perspectivista, ni más «conocer» que el perspectivista”; es imposible adoptar un punto de vista neutral en el que pasiones, afectos, impulsos e intereses queden por fuera. Pensar el gusto en términos de objetividad es, por tanto, un sinsentido para el filósofo. Excluida la dimensión trascendental y universal de la experiencia estética se plantea la pregunta sobre qué tipo de comunicabilidad puede pensarse desde una perspectiva nietzscheana en relación con lo estético. Aunque para Nietzsche la experiencia estética no se fundamente ni en disposiciones de un sujeto trascendental, en conceptos puros de la razón o en criterios como la formalidad o el desinterés, el filósofo no sólo considera que es posible la comunicabilidad de los estados estéticos, sino que además sostiene que la dimensión comunicativa que se origina a partir de ellos es la fuente de otros tipos de comunicación y la más elevada de ellos. Así lo afirma en un fragmento póstumo de 1888.

El filósofo alemán interpreta al ser humano como si, de algún modo, fuera alérgico a la verdad, ya que esta le confrontaría con sus propias miserias; es en la mentira, por tanto, donde se mueve con mayor agilidad, siendo su elemento natural. Vivir en el seno de una ficción es su forma de vida, y la verdad del momento será su ficción más útil. Las personas, así, recurriríamos a la ficción para defendernos de la vida, algo que hoy parece haber sido exacerbado a través de las nuevas tecnologías y los medios de comunicación. El rol de las primeras es especialmente destacado: no son sino herramientas para la difusión de ficciones aceptables o halagüeñas, tanto para el poder como para una ciudadanía que, ocasionalmente alienada, no aspira a comprender la realidad por sí misma, sino que se halla más que dispuesta a emplear ficciones y simbologías de consumo.

El paradigma futuro lo constituirán los metaversos –y otros artilugios por el estilo– que habrán de conformar nuestro panorama vital en los años venideros. Cuanto más estética sea nuestra ética, más aceptable nos resultará. Frente a un cinismo realista –más veraz pero más desagradable–, serán siempre las ficciones y actitudes biempensantes las que tiendan a preponderar.


¿MATARÍA ANTES A UNA CUCARACHA O A UNA MARIPOSA?

Según afirmaba Friedrich Nietzsche, la moral tiene criterios estéticos, lo que no es trivial: para él, la belleza era fundamental hasta el punto de considerarla una estética capaz de dotar de sentido a la vida.

*Este articulo es la copia de varios leidos y que me parecieron importantes resaltar.