(Por Francisco Tomás González Cabañas. ). Qué fibra íntima toca su precandidatura que despierta simpatía y adhesión en gran parte del electorado que la puede llevar en instancias sucesivas al sillón de Rivadavia?
¿Cómo transforma, aspectos que podrían significarle una debilidad en una fortaleza que acrecienta su distinción con respecto a sus competidores?
¿Cuáles son sus atributos que pone en juego para equilibrar en su espacio político de origen para no ser lo mismo, o la temida continuidad y reafirmarse en el cambio sin que sea excluyente para los que habitan ese mismo espacio y a su vez no sea sectaria o refractaria para los votantes en general?
Patricia Bullrich apeló como nadie a un concepto central en la política, qué es ni más ni menos que la palabra, o mejor dicho, el concepto. Elemento esencial, olvidado por la política de la circunstancias, de la oportunidad o del momento. A diferencia de los que prejuzgan, dado que no tienen ganas o posibilidades de comprender, que la palabra es ajena al hecho o la acción, en verdad es constitutiva del hacer en lo político. La praxis política, por la mera repetición "gozosa" de los procedimientos, no es más que un automatismo vacío, la administración banal de resultados aritméticos que llegan sólo en grado superficial o de conveniencia epitelial a cierto sector de un electorado dado.
Patricia, inició este último desafío, desde la presidencia de un partido político. Cumpliendo con el cuerpo,y con el peligrosamente eludido artículo 38 de la Constitución Nacional, sin una propuesta de ideologizar por batallas culturales u otros fines parecidos (teóricos y no políticos), sostuvo, una posición clara, determinada y concreta, de qué existía una plataforma de ideas, aspiraciones y deseos, que no tenían que ver con el populismo, la izquierda o las categorías que usa y usó el oficialismo gobernante. Dejó en claro, que el diálogo, sin tener una posición política determinada, se acerca más al negocio o al contubernio, que a una disposición democrática para acuerdos. Resistió desde su condición de mujer, a un sinfín de ataques y agravios, por no ceder en lo fundamental y por adaptarse a las singularidades del tiempo y del espacio. Coherente y aguerrida, como lo fue, en los tiempos dónde más la critican, cuándo demostró en los años de plomo que una mujer podía hacer política, más allá de las categorías de "puta o guerrillera" cómo así lo entendían los jerarcas de la insurgencia o la resistencia, o de consorte o adorno tal como lo dispusieron desde la aquella oficialidad.
No necesitó asirse del engañoso mojón de gobernar un distrito o administrar recursos, requerimiento absurdo de unos pocos que de tener un ápice de cierto nos hubiese privado de la posibilidad de tener a Alfonsín. Cabalgó sobre áreas cruciales sin que le temblara el pulso para demostrar con crudeza, el rival a combatir cómo lo es la inseguridad.
Pudo discernir, un aspecto clave, que plantea, con prístina claridad. Entiende que la legitimidad del voto es condición necesaria, pero no suficiente para gobernar el país, que es básicamente, administrar un poder, que no es un elemento cosificado o asequible, sino que por lo general está diseminado, en tensión, en construcción o a construir.
Los resultados dirán, sí tal como intuye e intuimos, las circunstancias dadas (clímax de incertidumbre y zozobra que requieren de mayor determinación que de prudencia) , favorecen a que prevalezca en el voto, habitando incluso un sector político dado, tal como lo dispone el calendario electoral. Sí bien no es lo mismo que su competidor interno, tampoco tal diferencia implica que las mismas sean excluyentes.
Sin estridencias, con la firmeza del trabajo en continúo, Patricia viene anudando, redes de equipos que tal como propone desde hace tiempo, parten desde el concepto, para dejar en claro reglas de convivencia que mejoren la calidad de vida de la ciudadanía y que incluyan a los que para ser tales, muchos dispositivos del poder los tienen secuestrados.
Esta es la razón fundamental por la que se asocia a Patricia con el concepto de libertad. Su claridad de ideas, su compromiso en la acción y su vocación de poder, la convierten en la más singular de las ofertas electorales con chances reales.
El pueblo dirá cuánta fuerza tiene para enfrentar los tiempos que vienen.