Corrientes, viernes 01 de mayo de 2026

Sociedad Corrientes

La sociedad del cansancio

01-08-2023
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(Por José Miguel Bonet* ) El filósofo de origen coreano Byung-Chul Han afirma: "El sujeto se abandona a la libertad obligada o a la libre obligación de maximizar el rendimiento".

"El exceso de trabajo y rendimiento se agudiza y se convierte en autoexplotación. Esta es mucho más eficaz que la explotación por otros, pues va acompañada de un sentimiento de libertad. El explotador es al mismo tiempo el explotado. Víctima y verdugo ya no pueden diferenciarse. Esta autorreferencialidad genera una libertad paradójica, que, a causa de las estructuras de obligación inmanentes a ella, se convierte en violencia. Las enfermedades psíquicas de la sociedad de rendimiento constituyen precisamente las manifestaciones patológicas de esta libertad paradójica", continúa Byung-Chul Han

El mediocre en este caso no es un ser frustrado, un juguete roto o un intento fallido. Es una persona corriente, con familia, amigos, aficiones, y que contribuye al desarrollo del planeta como parte de un engranaje inmenso.

No todos tenemos los mismos genes, la misma inteligencia, suerte o capacidad económica. Como apuntaba Ortega y Gasset, «yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo». Por este motivo, la tarea pendiente no es perseguir la excepcionalidad a cualquier precio, sino integrar que muy probablemente no sobresalgamos como esperábamos, y vivir en paz con ello.

No obstante, a pesar de que la ambición y persistencia sean cualidades fundamentales, hay que utilizarlas con moderación, ya que en ocasiones la búsqueda de la excelencia individual se vuelve obsesiva.

Tanto es así, que sentimos la responsabilidad perpetua de ser exitosos en cada movimiento.

Llegamos a tal punto que nos intimidan las expectativas de nuestro entorno y las nuestras propias, y nos aleja de actividades que podrían ofrecernos algo de estabilidad mental. «¿Y si no lo hago bien?». Pretendemos tener talento en todo, hasta cuando sacamos las acuarelas del armario, hasta cuando salimos a correr un martes. En definitiva, la sed de (auto)aceptación nos aparta de los pequeños placeres de la vida, los que no son instrumentales, los que se empiezan y acaban en un mismo instante.

Habrá quien no los necesite, pues cada cual encuentra la felicidad en un lugar distinto, pero no aparece solamente al pisar la luna. De hecho, es más probable encontrarla en el rebaño terrestre, es el estilo de vida innato. Somos seres sociales que adoran la interacción entre iguales; o dicho de otro modo, entre mediocres.

Este es el doble filo de la cultura digital: nos regala un exceso de contenido de referentes inalcanzables que acabamos normalizando por repetición. Así, figuras aisladas nos animan a destacar antes de los 35, a sentirnos admirados por la sociedad, a cumplir la predicción de Andy Warhol –aquello de que «en el futuro todos seremos mundialmente conocidos durante 15 minutos»–. ¿Pero qué son 15 minutos en una vida de 80 años?

Seguramente la felicidad de la mano de amigarnos conn nuestra realidad,mediocre.

*Desde Mburucuyá