Corrientes, martes 16 de julio de 2024

Cultura Corrientes
ANFITEATRO MARIO DEL TRÁNSITO COCOMAROLA

Voces dulces en distintas lenguas figuran la maravillosa complejidad del chamamé contemporáneo

18-01-2023
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(Por Facundo Sagardoy para momarandu.com) Mirqueri, Pennisi, Cáceres, Moulín, las voces más amables, románticas y elegantes que atraveisan al folclore del litoral, en un mismo escenario, solo ocurre en la Fiesta Grande, este pequeño espacio del mundo que plausiblemente, año tras año, hunde otro poco su raíz en la tierra para invocar a sus verdaderos ancestros.

Vaya si no hubiera quien al cantar Miqueri no recordara a su amable padre, cantar al silencio del que brota el significado que inspira el sentimiento más humano de todos: el amor.

Vaya si no hubiera quien oyera a Nahuel volverse uno con la plaza, y guardar en un cofre de memorias benditas la maravillosa fe de sentirse ahí el próximo año, en la voz de un pueblo capaz de iluminar con su luz a toda sombra.

Vaya si no hubiera quien no hallara en la voz de algún Cáceres, padre, hijo o hermano en la vida, un camino a través del tiempo, entre la espersura de las ciudades, hacia la más verde de las campiñas litoraleñas: la voz de los héroes.

Vaya si no hubiera quien no viera en Moulín la jovialidad del eterno enamorado que ha dado a este género ya tantas canciones como granos hay en las arenas de las playas que visten de oro a las costas del Paraná.

No es un descuido decir que allí también estuvo Luis Borges, el gran maestro de los maestros chamameceros del sur de Brasil, cantando flexivo como un fuego que arde sin ser visto.

Ni haber visto a Juan Güenaga expandir el alma del paisano y dibujar una sonrisa en la voz de una plaza llena, aferrado a su cultura, la cultura de todos los que frente a él sobre el escenario vuelven a sentir bajo los pies a su tierra, a sus ríos, a sus árboles, a sus aves, a sus caminos y a sus sendereros, a sus peñas, a sus juntas, a sus ciudades, a sus trabajos y al sueño de hallar entre todo ello descanso eterno.

 

En este día, esta noche es de la voz más suave, la voz alada de los puertos andaluces, de Murcia, Extremadura y Cádiz, de las tradiciones cultivadas del mestizaje musulmán y castellano, peregrinada hacia la India con hábito gitano, que clama en la garganta flamenca del ya célebre cantautor bonaerense.

¡Pennisi!, gritan al jóven que aún toca a su guitarra como cuando empezó a hacerlo a sus cuatro años, durmiendo la caja marrón sobre su regazo, con los dedos en punta sobre su mástil oscuro, levemente inclinados sobre el encordado negro y gris que envuelve de tonalidades a su canto.  

El sapucay vuelve a él como una reververación del pueblo; atraviesa todas las direcciones y lo alcanza suavemente en la mejilla derecha para que recuerde la sana caricia del cielo que Tupá prepara para sus cantores,  una agradable brisa que vuelve a él e infla su pecho, una y otra vez, hasta exclamar un reclamo para que se haga tan fuerte como un abrazo que jamás lo suelte.

La admiración es mutua. En Corrientes aún es difícil entender que haya quienes no hayan nacido aquí que amen tanto este género como ellos lo han amado a través del tiempo.

Pero es difícil ignorar a quienes no han obviado la pobreza y el hondo desconsuelo que sufren en todo el mundo los seres humanos para alcanzar cantos como este.

Este cielo de pesares es bendito: un tesoro más allá de las palabras y de las danzas. Una religión, lo llama Nahuel. Un edén o una patria, un universo o una parte de él, también, señalan. Voz secular, verdor del monte natal, brisa sutil del tiempo estival.  

UN NUEVO AMANCER PARA LA CULTURA

Canción tras canción, el chamamé vuelve a elevar las banderas de la paz.



Detrás de algunas composiciones, una sutil maldición es vencida. Pueblos originarios danzan junto a gauchos  y chinas un nuevo amanecer para el chamamé.

Las expresiones más altruistas a las que los pueblos originarios han podido adaptarse al intentar comprender una cultura foránea llevada hasta sus tierras por los conquistadores, de las cuales hoy sólo pueden visitarse vestigios en algunos poblados del litoral sudamericano, como La Cruz, Corrientes, y San Ignacio, Misiones, toman cuerpo en el ballet contemporáneo.

La visión que estos tenían del hombre blanco, en principio, de ingenuidad y admiración, en especial por las formas de su arte y la fuerza en sus ideas religiosas, poco a poco, esta vez lo alejan de la profunda ignorancia en la visión europea de América, de su razón barbara y de su aniquilación planificada.

Cinco siglos de genocidio cultural, en esta noche solo han sido un eclipse en la luz que alimenta de valor a la historia, a la política y a las culturas americanas.

Las artes vuelven a ser vehículo de las virtudes que abren al ser humano a la contemplación y al aprendizaje vitales para desarrollar valores y costumbres nuevos que sirvan a su sobrevivencia y a la de sus pueblos.

Una vez más, las culturas originarias abrevian un amplio lienzo de fe y sabiduría, de capacidad y autodominio, para atender al adveniminto de un mundo nuevo.