Corrientes, sábado 20 de abril de 2024

Cultura Corrientes
FIESTA NACIONAL DEL CHAMAMÉ

La novia del Paraná vuelve al Cocomarola en la voz de Teresa Parodi

16-01-2023
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(Por Facundo Sagardoy para momarandu.com)  Con un homenaje a Ramona Galarza, la célebre cantora y compositora chamamecera hizo vibrar la Fiesta Grande que transcurre hasta el próximo domingo en el Anfiteatro Mario del Tránsito Cocomarola. 

A pié juntillas, los maestros y compositores del arte chamamcero son reunidos noche tras noche en célebres homenajes sobre el escenario Sosa Coredero, en la continuidad de la Fiesta que hace más de treinta años borra las fronteras del tiempo y erradica las distancias, con epicentro en la Ciudad de Corrientes.

Así como Tarragó Ros, en la primera gala, y Mario del Tránsito Cocomarola en la segunda, la inigualable Ramona Galarza tuvo su homenaje en la tercera noche, este domingo, en una nueva composición que presentó la célebre cantora Teresa Parodi.

Allí estuvo simbólicamente Ramona Modesta Onetto Galarza, conocida artísticamente como la novia del Paraná, cantando para la Argentina y al mundo, un nuevo chamamé, intérprete de la música litoraleña, entre los grandes maestros que con su obra inspiró para deleite del cancionero popular, junto a Teresa Parodi.

Teresa Adelina Sellarés, sacerdotiza del tiempo, una de las voces más representativas del folclore argentino, ganadora del Carmín de Oro, con más de treinta discos en su haber, vestida de blanco, inauguró la voz que solo el público sabe erguir junto a su canto para abrir los cielos e invocar la misericordia de Tupá.



Músicos de Brasil, Paraguay, Bolivia, Uruguay, y de todas parte de la Argentina, la oyen entonar canciones como himnos, y entre bailarines y poetas la aplauden sin cesar cuando se abre a la alabanza de Pedro Canoero. 

Y nuevamete Pedro, allí se encuentra, llevado por el río, sin edad ni memoria, corazón de arcilla, en el agua y sin orillas, que abrazó su vida, en la ternura del canto del pueblo.  

Las palabras de Teresa se inmortalizan con el antiguo grabado sobre el tapiz de las almas con que bendice el arte folcórico a los artistas que palpitan en el corazón de la cultura popular, y su retrato ilumina la plaza. 

Su voz se mece entre la luminscencia de cientos de fotografías y videos capturados desde las gradas y expande en las redes sociales, un fenómeno que noche tras noche solo emerge ante la presencia de los más grandes maestros que ha dado este género, con honda y amable intimidad, en la trama que hilvana el futuro. 

UN SOLO FOLCLORE

Por estas horas, la inspiración también ilumina la razón y arroja en boca de sus propios interpretes mensajes de paz, unión y diversidad, bajo una misma bandera.

El arte, la música y la naturaleza común traslucen con fugacidad el alimento de la identificación que los pueblos de distintas latitudes ven en el rostro de sus vecinos y reflejan en su folclore.

La constancia del roce guitarrero en el rasguido básico, la versatilidad con que fluctúa el aire en los fuelles, abriendo el teclado de grave hacia agudo para emular un llamado, y cerrando de agudo a grave para interpretar su caída, la singularidad de su escala diatónica, la virtuosidad que ya sea a botones o a piano lo esgrime barroco, abren de punta a punta el pecho a los compositores en esta fiesta casi del mismo modo.



El silbido de pájaros que simulan algunos punteados y algunas fugas semifusas en Re menor elevan el genio del chamamé con la mirada fija sobre la milonga,y lo animan al dar un salto hasta las romerías de las tierras vascas donde hace casi ya dos siglos riena la trikitixa. 

Aquí se dice, por segunda vez consecutiva, y con gran felicidad, que el chamamé es un arte folclórico que ha sido capaz de abrazar al mundo.

Pero también, aún se lo llama, confusamente, polka, galopa y valseado, aunque se trate de un género que, en ensencia, resuma a todas estas variaciones, diferentes, en gran medida, solo por la velocidad de su ejecución en relación con el movimiento del péndulo del metrónomo, e incluso a aquellas forjadas al calor del obraje campesino, como lo es la técnica del doble rasguido paraguayo. 

La singularidad en la complejidad de este canto, las mismas sonrisas, las mismas formas de cortesía, el mismo desgaste saliente en las puntas de los dedos de las manos, las mismas miradas levemente hacia adentro, como anidando el alma mientras admira el silencio, curten el rostro de sus intérpretes con la misma identidad.