Corrientes, lunes 04 de mayo de 2026

Sociedad Corrientes

Fin de año

31-12-2022
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A las doce de la noche, por las puertas de la gloria
y al fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre,
sale en hombros de cuatro ángeles, y en su silla gestatoria,
San Silvestre.

Más hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara,
de que son bellos diamantes Sirio, Arturo y Orión;
y el anillo de su diestra hecho cual si fuese para
Salomón.

Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina,
y su capa raras piedras de una ilustre Visapur;
y colgada sobre el pecho resplandece la divina
Cruz del Sur.


( Por Alejandro Bovino Maciel, para momarandu.com). De este modo magistral comienza Félix Rubén Darío Sarmiento (Rubén Darío) su poema “Año Nuevo” y economizando el fin del ciclo anual por medio del santoral católico ya que San Silvestre (papa) corresponde a ese día: 31 de diciembre de cada año. Un 31 de diciembre del año 314 fue consagrado Papa. otro 31 de diciembre de 335 falleció. Fue el Papa que convocó el Concilio de Nicea que terminó de configurar el status de la problemática Segunda Persona de la Trinidad cristiana: Cristo, un hombre que es también un dios y fue origen de las más agitadas herejías que la Iglesia Primitiva tuvo que afrontar. El emperador Constantino ya había publicado el Edicto de Milán que terminó con las persecuciones, pero la Iglesia se enfrentaba por entonces a su propia organización y mantener firme un solo dogma que fuera central para explicar la teología.

Punto y aparte, estas fechas, lo sé por mi experiencia clínica, son fértiles para la generación de disputas familiares, desencuentros, reuniones conflictivas y todas las consecuencias que producen en el estado anímico de la gente: ansiedad, tristeza, depresión, ira, balances.

Todo el mundo parece estar crispado. Cualquier nimiedad desencadena agrias disputas callejeras entre gente que ni siquiera se conoce. Todos corremos con prisa sin saber adónde vamos con tanto apuro. Terminamos el día cansados por dentro y por fuera y algo nos avisa que “hay que parar la máquina” o, como dice mi sobrina en ese argot que seguramente difunde el rap o el reggaetón: “bajar dos cambios”.

Quien ha perdido recientemente a un familiar parece hallar en la mesa de reunión familiar la ocasión de hacer el réquiem y agobiarse por la falta. Las cuñadas que durante el año apenas se soportan no pueden desperdiciar la oportunidad para hacer estallar la guerra entre familias ya que, necesariamente, todos deben tomar partido por A o por B. Yo siempre he sido suizo: sigo comiendo mi matambre tranquilamente, aunque alrededor se estén dando sillazos o se amenacen con cuchillos. Tomar parte en esas grescas es darles entidad y de ese modo fomentar aún más el fuego de las pasiones que se desbocan en el momento más inoportuno. Suelo recomendarles a mis pacientes (no aconsejo, porque don Augusto Roa Bastos me dijo una vez que no hay que aconsejar, ya que la gente se sabe equivocar sola, no necesita asesoramientos) abstenerse de participar en esos torneos y justas familiares. La resta, en estos casos, es la mejor operación. Cuando las comadres que iniciaron el tumulto vean que no hallan eco, que nadie se amarga la vida por sus entremeses personales, volverán al curso de la normalidad y tratarán de resolver sus cuestiones entre ellas, sin necesidad de convocar un concilio para hacer espectáculos de pirotecnia verbal. La reunión, el fervor y el alcohol suelen ser los combustibles del explosivo. No faltará algún sujeto que después de tres copas de cabernet se acuerde de defender su honor, o reclamar su parte en una sucesión o entre en disputas con la familia política por H o por B.

Estos ocasionales encuentros familiares se pueden convertir en aquelarres en cuestión de segundos. Lo mejor, siempre, es abstenerse con calma a la invitación de participar. Tener claro que uno fue a disfrutar un encuentro para pasar bien este último día del año y si ese plan se ve amenazado no permitir que nos perturbe por nada del mundo. Su salud mental depende de ese frágil equilibrio. Pagar el salario de ansiedad, desazón, disgusto, insomnio, culpa y tristeza no vale lo que una discusión de borrachos en una cena. Ponga violín en bolsa y váyase a otra parte si no puede calmar las agrias disputas. Siempre es mejor tener en claro qué vine a hacer. Si vine a pasar con paz y felicidad un pase de año (que solamente es un cambio de hoja en el almanaque, no hay nada ontológico metido en el medio) no puedo permitir que los demás malogren ese momento. Si los demás están con ánimo belicoso y yo no lo estoy, siempre digo “me parece que estoy de más en este pancracio familiar”, saludo cordialmente, tomo mi auto y me alejo escuchando buena música. Los antiguos decían que el alma es el santuario personal.

No permitan que lo profanen los de afuera.

Alejandro Bovino Maciel
Buenos Aires, 25 de diciembre 2022.