La pastoral juvenil de la Arquidiócesis de Corrientes celebró con alegría, este domingo 20 de Noviembre, la 37° edición diocesana de la Jornada Mundial de la Juventud 2022 (JMJ) que tuvo lugar en la parroquia San Cayetano, pueblo. Los jóvenes concluyeron la jornada en espíritu de adoración, Iluminados por la luz de la visitación y el gozo del Magnificat, emprendiendo un camino misionero.
La arquidiócesis Corrientes -a través de la comisión juvenil JMJ- vivió la Jornada Mundial de la Juventud (J.M.J.), celebrando en modalidad diocesana, bajo el lema “María se levantó y partió sin demora” (Lc 1,39). Desde muy tempranas horas los jóvenes, religiosas y familias acompañantes llegaron al santuario para esta jornada diocesana, ayudando en la puesta a punto de la fiesta de fe, nombre que se le conoce a la JMJ.
En este encuentro se dio lugar a momentos de cofraternización, típico de las JMJs. Los mismos tuvieron como pilares: Cristo como el centro de nuestras vidas, el encuentro con Dios y con el prójimo, decir “sí” a Dios, la prisa que tuvo María al servir, evangelización, el protagonismo de los jóvenes, el silencio y la experiencia de la alegría.
Cabe destacar el acompañamiento del obispo auxiliar, monseñor José Adolfo Larregain, en la celebración de esta fiesta diocesana, como la del párroco Padre Ariel Caballero y de la comunidad del santuario, quienes instaron a los jóvenes a seguir animándose en este camino de encuentro. Así mismo de la presencia de los presbíteros Oscar Luna, asesor de la Pastoral de la Juventud y Miguel Gómez, Vicario Episcopal para la Pastoral de la Salud, quienes acompañaron en el espacio del perdón.
Ya durante horas de la mañana los jóvenes compartieron sus sueños y anhelos. En la celebración eucarística como signo de la JMJ hicieron presente la imagen de la Virgen de Fátima, La cruz peregrina de los jóvenes, barriletes con los sueños de los jóvenes, bandera de pastoral de la juventud y de Lisboa, asimismo arboles que iban a ser consagrados como signo del compromiso de esta jornada de dejar un legado positivo que permanezca en el tiempo.
La lluvia no opacó la felicidad de los jóvenes del encontrarse en esta solemnidad de Cristo Rey, fue providencial para el sentir sinodal que vive la iglesia, que se vio reflejado en el espacio denominado “ciudad de la alegría”, las risas y la alegría de los jóvenes y sus familias se hicieron sentir en cada una de las propuestas que pudieron realizarse en los espacios cubiertos, así como en la presentación de banderas y juegos al aire libre. Los jóvenes tuvieron la oportunidad de entrar en contacto con los diferentes movimientos, asociaciones, comunidades y religiosas, entre ellas Acción católica, Pastoral de adicciones “Unidos en Cristo”, Pastoral de la salud con los jóvenes de la comunidad de Pastorcitos de Fátima “FRANJA”, Comunidad de Shalom, entre otras.
Durante el transcurso de la jornada se presentaron dramatizaciones teatrales, una de ellas las apariciones de Fátima a los pastorcitos. Otra obra presentada fue en consonancia con los sueños de los jóvenes, referida a la esperanza guardada en el corazón, llamado por Dios, representando a esos jóvenes que no siempre saben que hacer de sus vida, y que buscan la verdad, esta última obra dejó plasmado tres cosas: una razón por la cual estar agradecido, una petición, y un mensaje de esperanza para quien en alguna parte tenga la posibilidad de encontrarse con uno.
Las Jornadas Mundiales de la Juventud constituyen una iniciativa promovida en sus inicios por el Papa Juan Pablo II, que dedicó siempre una atención especial a los jóvenes. Tiene lugar todos los años a nivel diocesano, en la solemnidad de Cristo Rey, y cada dos o tres años como un encuentro internacional, en una ciudad escogida por el Papa.
Monseñor Andrés Stanovnik, aprovechando la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, con la que concluimos el año litúrgico saludó a los jóvenes en el marco de la JMJ diocesana compartiendo un mensaje de esta “conmemoración” la que “nos recuerda que nuestra peregrinación terrestre culmina en el feliz encuentro con Jesús. Como le sucedió a la Virgen, que en la Anunciación empezó un camino, dejándose llevar toda Ella por el Espíritu Santo, para darnos a Jesús, y enseñarnos que el gozoso encuentro con Él se hace verdadero y creíble cuando nos ponemos al servicio de los demás, como lo hizo Ella con su prima Isabel. ¡Qué hermoso regalo que nos da la fe! Jamás nos deja solos en la vida, porque la fe es confianza, encuentro y misión”. Asimismo instó a vivir felices esta jornada y que pidiendo al Espíritu Santo para que los jóvenes tengan “un encuentro cada vez más profundo con Jesús, y que ese encuentro, de la mano de nuestra Tierna Madre de Itatí, los haga valientes y audaces misioneros de la Buena Noticia del Evangelio”.
Iluminados por la luz de la visitación y el gozo del Magnificat los jóvenes emprendieron un camino misionero, desde lo vivenciado a lo largo de la jornada y que concluyó con el encuentro con Jesús sacramentado en la adoración, en la cual expresaron “es hora de volver a emprender sin demora el camino de los encuentros concretos, de una verdadera acogida de los que son diferentes a nosotros, como ocurrió entre la joven María y la anciana Isabel. Señor, te consagramos nuestra vida y nuestra vocación” “Jesús, el camino de Nuestra Señora culmina finalmente en este canto de fidelidad a vos. Señor nos ponemos como María en camino”.