Corrientes, martes 29 de noviembre de 2022

Sociedad Corrientes

Qué hacemos con el Covid residual

22-11-2022
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Los efectos persistentes de la enfermedad afectan a millones de personas y suponen una emergencia que las instituciones y la industria tienen que abordar de forma compartida como hicieron en la pandemia.

EL Covid de larga duracion volvió a ser noticia la semana pasada, con la publicación de datos de un estudio multicéntrico que sugería que menos del 30% de los pacientes hospitalizados con Covid agudo se habían recuperado por completo un año después. Es una estadística cruda; sin embargo, este estudio no tuvo en cuenta el número significativo de nosotros que nunca fuimos admitidos en el hospital y aún no nos hemos recuperado por completo. Los datos más recientes de la ONS de octubre informan que 1,2 millones de personas viven con Covid largo (en pacientes hospitalizados y no hospitalizados); El 36% de ellos lo han tenido durante más de un año, con mayor prevalencia en trabajadores de la salud y atención social, y personas que viven en áreas más desfavorecidas.

Los primeros compases de esta “resaca pandémica” fueron confusos, con decenas de síntomas reportados, un total desconocimiento de las razones que los originaban, sin opciones terapéuticas para poder abordarlos y con la incapacidad de poder predecir qué pacientes sufrirían las secuelas tras la infección. Una situación semejante en cierto modo a la vivida hace un siglo durante la pandemia de 1918, con muchos supervivientes sufriendo ansiedad, depresión y miseria.

Hoy en día es de sobra conocido que una de las grandes consecuencias sanitarias que está dejando la pospandemia es el covid de larga duración o persistente, o como dirían los anglosajones, long covid,ya tiene nombre propio. Los pacientes que sufren la dolencia se cuentan por centenares de miles en el mundo y muchos han entrado en su tercer año sin lograr recuperar la salud totalmente, y habiendo perdido por el camino trabajo y esperanza.

Se estima que uno de cada ocho infectados sufre esta condición persistente, un porcentaje incluso superior en los mayores de 65 años. Una prevalencia de tal magnitud ocasiona importantes repercusiones laborales. Un informe de Brookings calcula que cerca de 16 millones de estadounidenses presentan síntomas crónicos, y que entre dos y cuatro millones están de baja. Una situación que genera un agujero económico derivado de la inactividad laboral que ascendería a cerca de 200.000 millones de dólares.

Es momento de abordar la covid de larga duración como un problema de salud pública. Promover más ensayos clínicos, colaboraciones científicas multidisciplinares, escuchar a los pacientes y dotar al sistema sanitario y sus profesionales de herramientas que permitan abordar su tratamiento de forma eficiente. Al igual que la ciencia se volcó en la búsqueda de un remedio para reducir la mortalidad por covid en un tiempo extraordinariamente corto en términos científicos, por el bien de todo el conjunto de la sociedad, es necesario que instituciones e industria farmacéutica adopten un posicionamiento decidido y colaborativo que consiga hacer frente, en el menor tiempo posible, a una enfermedad que merma la calidad de vida de millones de personas en todo el mundo.

*Desde Mburucuyá.