Se presenta este miércoles a las 18 en la Biblioteca Popular Escritores Correntinos, (General Paz 3198 del Barrio Santa Teresita) la presentación de dos libros. “Diccionario Nocturno” de los autores Mabel Pedrozo, Alejandro Bovino Maciel y Amanda Pedrozo (autoras paraguayas, Mabel recientemente fallecida en Asunción) que será reseñado por Mariela Mioni, Fernando Abelenda y Laila Daitter. También el libro de poesías “Los hilos del adiós” de Amanda Pedrozo.
El acto, con entrada libre y gratuita es un paso más en el acercamiento cultural que se viene proponiendo como integración regional.
El “Diccionario Nocturno” consta de simuladas entradas o llamadas de un diccionario común en el que se trata de redefinir el significado de palabras que utilizamos diariamente muchas veces sin tener clara nación de todo lo que implican. Con ironía y una especie de guiño constante al lector, los autores se empeñan en decodificar símbolos que parecen vacilar en torno a los términos usuales. El prologuista de la obra consigna:
“Diccionario Nocturno” es un libro de frases que pretextan ser entradas de un diccionario. Nada mejor que el pretexto para el texto. Instigo, para empezar la supervisión analítica de este libro original, a la lectura crítica de las minuciosas definiciones de Amanda Pedrozo, poeta. Aunque escriba con prosa desnuda de artificio, Amanda Pedrozo no puede evitar esa conversión verbal que llamamos “poesía” y que los griegos decían que eran las profecías que insuflaban los dioses en los humanos. Esa poesía burla continuamente la cancillería de género y formas que Amanda Pedrozo se propone al escribir. Cuando termina la entrada de ‘Caín’, por ejemplo, Amanda Pedrozo nos advierte, psicoanalítica y poéticamente: “cuidado con los hermanos muy obedientes”.
Toda obediencia, en sí, ya enuncia el problema que significa subordinar la voluntad personal a los mandatos de otro u otra persona. Esa delegación de la determinación autónoma de cada quien en los deseos de un hermano (o su moderna metonimia, el amigo) termina infestando nuestra soberanía con deseos forasteros que, no reconociendo como propios, sin embargo, obedecemos. Con el tiempo lo extraño se va haciendo familiar porque la obediencia crónica termina adocenando lo que es intencional. ¿A quién se reputaría un crimen cometido por el sujeto? ¿A quien lo instigó o a quien, obedientemente, lo ejecutó? Y ya vemos, de este modo oblicuo, lo peligrosa que puede ser la obediencia sumisa.
Así, por ejemplo en las entradas de Mabel Pedrozo, quien fuera además una valiosa periodista paraguaya, nos dice:
ETERNIDAD
El anciano se dispuso a vivir el mismo día, del mismo año, de la misma centuria de la eternidad.
Su discípulo protestó:
-Pero hoy el té es de menta, maestro, y el de ayer fue de eneldo, lo que quiere decir que hoy es hoy, y que tuvimos un ayer.
El maestro sonrió.
También él, alguna vez, consintió los juegos de artificios.
FEBRERO
Mes en el que estallan los rellenos de miel de los caramelos. A los crepúsculos arañados por las matas de apepú se les pega el azúcar.
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GABARDINA
Calco sin pies ni cabeza aguardando en el perchero a aquel sobre cuyos hombros se convertirá en un hombre completo.
Mezclando el maravilloso acento guaraní, la autora nos invita a pensar otro modo de “Febrero” el mes en el que se incendia el verano en nuestros pagos. Por su parte su hermana Amanda Pedrozo musita en las páginas:
INCENDIO
Duermen su sueño los árboles y sus lianas, las flores y las raíces que amamantan a sus hijos, las serpientes gigantes y los pájaros, los hombres y las mujeres ancestrales, los niños y todos los animales. Ahora son fantasmas. El aliento de fuego y humo se sumerge en los esterales y también allí transita la muerte oscura, sobre los lomos de los sagrados monstruos. Duerme su sueño de muerte la Amazonia. Lenguas de fuego. Pesadilla.
INMIGRANTE
No dejan recalar al inmigrante. Pero llega a la orilla y muere con los pies clavados en la arena, la piel morada de dolor y desamparo, a su lado su pequeño ángel, con los piececitos clavados en la arena. La espuma les cubre a ratos y el ángel se echa a dormir profundo, ya ni el sol le despierta. Del otro lado del océano tiemblan las almas al romperse bajo la lluvia de disparos.
En el segundo libro, “Los hilos del adiós” de Amanda Pedrozo declara el prologuista:
La voz asombrosa de Amanda tiene la propiedad de encantar. He sido testigo de esos milagros o sortilegios que despliega inocentemente frente a un auditorio para cautivarlo. Creo que entre lo que dice y lo que es, no existe fisura. Amanda es lo que escribe y escribe lo que es. No imposta voces. No pide prestadas máscaras solemnes, dice su misa como quien conversa quietamente.
Al inicio, en “Vigilantes” evoca como al pasar figuras de las mitologías fundadoras de Occidente: Cancerbero, custodio del infierno; Medusa, la enemiga de la belleza; Paracelso, aquel colega médico que recetaba maravillas en forma de jarabes; Midas, el que fuera castigado por su codicia de oro. Cada personaje que cita en este texto breve, trae consigo la carga de su propia desgracia. Por eso, Amanda, cautamente, advierte. Nos advierte. Hay peligros hasta en lo inocente, como esos espíritus de los árboles que invitan a tenderse.
Sin duda será un agradable encuentro entre amigos ese Día de la Raza o el encuentro entre pueblos heredados de las viejas colonias españolas ese 12 de octubre a las 18 h en la Biblioteca Popular de Escritores Correntinos. No falte, los y las esperamos con una copa de vino.
ALEJANDRO BOVINO MACIEL
BUENOS AIRES, OCTUBRE 2022