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( Por Alejandro Bovino Maciel) Hace dos semanas falleció una prima mía en la ciudad de Bella Vista, Corrientes. Contra todas las reglas, viajaba con la hija quien conducía una moto a toda velocidad, sin tener registro habilitado, ni cascos ninguna de las dos. Hay tres transgresiones simultáneas que llevaron a la muerte: velocidad, falta de protección y ninguna prueba de idoneidad para manejar. Y una cuarta, que es la que compete al Estado: falta absoluta de controles policiales, lo que genera impunidad en la gente porque los humanos somos así: todos somos buenos, pero si nos controlan, somos más buenos.
Las tasas de accidentes en Corrientes (como en otras provincias, pero no soy tucumano, ni neuquino, ni salteño) son alarmantes. El comisario declaró que solo este año en la ciudad de Bella Vista (población total 37.200 según datos del último censo) mi prima era la fallecida número 103 en accidentes de motos en este año 2022. Estamos hablando de datos fatales solamente, no incluye los cientos y quizás miles de casos que sobreviven a lesiones de mayo a menor, que incluyen amputaciones de miembros.
Reconozco de antemano que mis familiares tenían todo en contra. No respetaron ni la Ley de Gravitación Universal. Pero me cuesta creer que hayan sido los únicos de estos 103 casos del año que, contra todas las normas, circulaban alegremente por las calles sin que nadie verificara las condiciones. Recientemente, para la Feria del Libro de Goya estuve de paso por la zona. Tuve que hacer malabarismos con el auto para esquivar motos sin luces circulando en la noche por las calles y hasta en la ruta de salida. No parecen existir reglas claras de conducción de vehículos: motos y bicicletas aparecen repentinamente en el camino de los vehículos por izquierda, por la derecha, por atrás. Obviamente, si alguien no cumplió los pasos mínimos que se necesitan para conducir un vehículo, no tiene por qué conocer las reglas de circulación. ¿Cómo iba a saber mi sobrina si lo correcto es adelantarse por la derecha o por la izquierda si no hizo ningún curso o capacitación que le enseñara las reglas de tránsito? Y, como el control policial es inexistente, nadie se toma la molestia de estudiar las formas correctas de conducir ni las condiciones mínimas de seguridad exigidas.
Creo que, en esto, el Estado está ausente. Y esa ausencia es inadmisible: arroja muertos, y lo que quizás es peor: mutilados. Gente joven a quien un accidente les ocasiona pérdida de una pierna o brazo. ¿Se imaginan el trauma que significa para una persona joven accidentada haber perdido una pierna por el resto de su vida? Cuando aún vivía en Corrientes y estudiaba medicina tuve una moto por tres años. Jamás tuve el menor accidente ni incidente. De manera que esto que escribo ha pasado por mi experiencia personal, no lo estoy señalando como maestro ciruela. Sé que se puede circular minimizando los riesgos.
Sé, además, que todo vehículo es un arma cargada y peligrosa.
En unos años más tendremos una población alta de personas desvalidas, discapacitadas y depresivas si no tomamos medidas inmediatas.
El titular del Diario El Litoral del 7/6/22 lo dice claramente: “Corrientes es la séptima provincia con mayor tasa de siniestros viales” (Datos de la Agencia Nacional de Seguridad Vial de la Argentina).
Creo, sin tener la soberbia de indicar obligaciones, que las autoridades de cada municipio deberían reunirse una vez al mes para coordinar acciones efectivas que reduzcan los riesgos de un modo drástico. no podemos aceptar que nos asesinemos involuntariamente 100 o 150 personas por año en accidentes de motos solamente porque las autoridades se niegan a realizar controles con sanciones. Sé que es una medida impopular, sé que la moto se ha convertido en un medio económico para trasladarse. Sé que quien sube a cuestas con tres hijos en los brazos lo hace por necesidad. Yo sé todo eso, pero la muerte no entiende de razones. Y esta es una alternativa entre la vida y la muerte. Ni más ni menos.
BUENOS AIRES, OCTUBRE 2022