(Por José Miguel Bonet) Los resultados de Brasil indican un fracaso de los números de las encuestas y, como en todas las fases históricas, la cuestión social y económica prevalece sobre los principios.
Los resultados de Brasil indican un fracaso de los números de las encuestas y, como en todas las fases históricas, la cuestión social y económica prevalece sobre los principios. La gente en las calles se interesan más sobre las facturas, no sobre el fascismo . Hay una crisis económica que se impone y golpea a las jóvenes generaciones. Y los principios quedan en segundo plano.
La batalla ideológica, además, cobra cada vez menos sentido electoral. El historiador y escritor Ernesto Galli della Loggia cree que durante años la izquierda ha abusado de la bandera antifascista. “Ahora ya no tiene un gran valor electoral, tal y como se ha visto. Aunque ese punto de vista se siga subrayando en los medios. Durante mucho tiempo la izquierda ha acusado a cualquier rival más a la derecha de ser fascista y al final es como la fábula de Pedro y el lobo.
Gran parte del voto hoy es desidiologizado y este es el resultado Ultraderecha? ¿Fascismo? Me importan los hechos, no un pasado que ni siquiera viví” contesta un votante.0p
Pero, evidencia se impone, elección tras elección disminuye el número de votantes que se acercan a las urnas y lo hacen —no es baladí la orientación ideológica— cada vez menos mayoritariamente aquellos votantes que habrían votado a un partido de izquierda.
Se me ocurren tres factores que explican esa desafección. El primero, el desencanto en la política, que parecía que antes estaba centrada en construir un orden social más justo y ahora está más preocupada por la permanencia en el cargo. El segundo, la pérdida de adhesión a los grandes ideales, que ahora parecen irrealizables o ya ni los recordamos, preocupados por lo cercano e inmediato. Y, el último, la decepción en el comportamiento de los políticos a quienes, cada vez más, vemos incapaces de cumplir sus promesas.
La izquierda igualitaria, consecuente con los valores de justicia, libertad, laicismo, ilustración y enemiga de la corrupcion, hasta que no nazca esta fuerza política, la derecha tendrá las cosas fáciles. Y podría perdurar mucho tiempo y convertir su Gobierno en un régimen autoritario.
En la historia mundial de los gatillazos demoscópicos, estas elecciones brasileñas tienen garantizado un lugar de honor.
Las urnas se han abierto y los responsables de los institutos demoscópicos deben de estar a punto de cortarse las venas. No solo habrá segunda vuelta, sino que será mucho más disputada de lo previsto.