Rusia y Ucrania se acusaron este viernes mutuamente de bombardear una cárcel en la que se encontraban prisioneros de guerra en territorio controlado por los separatistas prorrusos, un ataque que según el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, dejó más de 50 muertos y constituye "un crimen de guerra".
Previamente, el Ministerio ruso de Defensa dijo que el ataque se llevó a cabo con misiles de largo alcance suministrados a Ucrania por Estados Unidos.
Esta "sangrienta provocación del régimen de Kiev" estaba destinada a disuadir a las tropas ucranianas de deponer las armas y rendirse, aseguró Moscú.
Rusia afirmó que entre los muertos se encontraban miembros del batallón Azov, una división que ganó notoriedad por defender el puerto ucraniano de Mariúpol (sur) frente al avance de las tropas rusas.