Johnny, uno de los ladrilleros más antiguos en la costa sur de la Ciudad de Corrientes, fue hallado sin vida en su obraje entre piezas de adobe recién cocidas, para pesar del sector ladrillero.
Su cuerpo fue hallado sin vida a pocos metros del horno encendido, donde decidió terminar con si mismo.
Allí fue hallado en la madrugada del jueves, donde permaneció hasta horas del mediodía sometido a pericias forenses.
Su cuerpo fue entregado por la tarde a su familia y velado en el barrio Quilmes, desde donde partirá hasta su última morada.
Johnny, nombrado "Mono" por sus queridos y cercanos, amigos y familiares, era uno de los más antiguos ladrilleros en los obrajes de la costa sur de la capital correntina.
"Me levanto a las cinco de la mañana, haya lluvia, viento, o truene, para salir con mis caballos a buscar el elemento para el adobe. Así es la vida en el obraje, a veces todo el día, hasta las 11 de la noche, junto al horno. Pero al obraje nadie le gana. Ya le vamos a ganar a la pobreza, a la injusticia", dijo a momarandu.com, en cálidas palabras, poco antes de partir, en pleno rodaje documental.
OCHO PESOS
Las palabras de este ladrillero no eran de más para quienes el sustento diario habría de ser una meta imposible de alcanzar en las pobres barriadas que poco a poco crecen en las costas de la capital correntina.
En estos lugares, donde la pesca ha sido prohibida y perseguida, y los títulos de tierra llevan ya dos décadas de trámite inconcluso, el producto de su trabajo, aún en plena escalada de precios, era ofrecida por él mismo a solamente ocho pesos.
"Este es el precio que considero justo", decía, aún sabiendo que en los corralones de la ciudad se lo vende a veintiocho, solo podía elevarlo hasta 12, dependiendo de la cantidad reclamada, pero, principalmente, de la necesidad que expresaba quien lo demandaba.
Aquí, donde jamás gobernó una sola ley de mercado, y solo la sencillez y la honestidad en la palabra empeñada basta para dar marco al acuerdo paisano, los precios de los ladrillos eran aún más baratos para quien más los necesitara.
PADRE DEL LADRILLO EN LOS OBRAJES DE LA COSTA SUR
Johnny, oriundo de Chavarría, había aprendido a elaborar ladrillos junto a su abuelo, en el campo.
En aquellos lugares, en los que hoy se debate la forestación y el impacto de sus residuos sobre el medio ambiente, había hecho sus primeros cortes.
La mano invisible de la tradición y la costumbre del horno encendido acarició su cabeza desde muy niño, contaba a momarandu.com, mientras cortaba trozos de leña junto a la última pira que habría de encender.
"El buen obraje requiere de un buen obrador", expresaba, "porque acá no existe más que el trabajo".
"En este lugar se obra de sol a sol", decía, mientras las hojas del mango asomaban a la hoguera de barro, donde otros dos mil ladrillos teñían su rostro de rojo fuego.
"Así los ladrillos se hacen con buen peso", enseñaba, mientras llenaba su palma derecha con piezas de "corcho" y su palma izquierda con adobe cocido hasta el color naranja.