
Hoy murió a los 82 años en La Rioja, Miguel Bravo Tedín Tejada. A su condición de historiador, autor de más de cuarenta libros de cofundador y columnista de la revista de humor "Hortensia" (1971-1989) se añade la de miembro de la Academia Nacional de la Historia.
Miguel fue un historiador e investigador que no renunció a su caudaloso e irreverente humorismo el que, incluso, se atrevió a desplegar en solemnes ámbitos académicos.
Su triple condición de cordobés, porteño de nacimiento, riojano por elección y adopción, y de emigrado en Madrid y París no diluyeron sus raíces norteñas, incluidos sus ancestros salteños por las ramas de los Tedín y de los Güemes, por el lado de Macacha, hermana del general y esposa de Román Tejada.
"Historia del Barrio Clínicas" fue uno de los primeros y más leídos libros de Miguel: alcanzó tres ediciones. Miguel fue un historiador investigador y también divulgador. Era uno de los que pensaba que la investigación debe preceder y acompañar a la buena y honesta divulgación.
Desde 1986 hasta 1989 fue director del Archivo Histórico de Córdoba. Lideró terturlias de institutos de estudios históricos, sin solemnidad y sin vocación de mandonear. Su producción escrita es tan abundante como variada: publicó en diarios, revistas y libros. Incursionó en la narración y publicó decenas de columnas de humor en la revista "Hortensia" desde 1971 hasta 1989.
En el año 2009 presentó en Salta su libro "La novela de Varela". Durante el acto, realizado en la Sala "Walter Adet" de la Biblioteca Victorino de la Plaza, aderezó su información histórica con humor grueso, lindante a la procacidad. Lo hizo ante un público desconcertado que, de la seriedad, pasaba al estallido de risas.
Miguel Bravo Tedín se permitió ese humor en el mismo recinto de la Academia Nacional de la Historia. Pero también se permitió aportar obras con documentación inédita y con interpretaciones lejos de los lugares comunes y las ortodoxias.
Una de ellas es "Belgrano y su sombra", fruto de trabajo en el Archivo de Indias en Sevilla en1998. Allí encontró el expediente de los documentos de la quiebra de Domingo Belgrano, administrador y tesorero de la Aduana de Buenos Aires y padre de Manuel Belgrano.
Recién, cuando me avisaron de la muerte de Miguel, se me nublaron de lágrima los ojos. En ese momento sentí escuchar su voz que con su tono "jodón" de siempre me decía: "Dejate de joder, loco: hagamos un brindis". Le hice caso, como siempre.
Como no puedo seguir hilando palabras, reproduzco aquí el prólogo que escribí en la primavera del año 2020: "Sarmiento, profeta del humor", obra editada en Salta con el apoyo prefacio del doctor Ricardo Alonso.
Miguel escribió esa obra después de leer, con su ya escasa y cansada vista, los 53 tomos de las "Obras Completas" de Domingo Faustino Sarmiento. Este estas son las líneas que escribí y que Migue aprobó sin tirarme las orejas.
Prólogo a su libro "Sarmiento, profeta del humor".
Sarmiento y Borges, reconocidos como los escritores más importantes de la literatura argentina, además de ese mérito comparten otro rasgo excepcional: sus vidas y obras están dotadas y salpimentadas de humor, atributo que proviene de la vitalidad, genialidad y amor a la libertad profesada por ambos.
El hilo del humor liga al Sarmiento exuberante y, por momentos beligerante, con el sobrio y reflexivo Borges. En ellos el humor fue un modo de expresar críticas a defectos y alabanzas a lo amado argentino. En ambos el humor no se confunde con comicidad, variante inferior de aquel. “Si el humor quisiera decir risa, no se concedería a sus cultivadores más importancia que a Arlequín”, escribió Thackeray.
Mientras la relación de Borges con el humor mereció ensayos y el libro de Roberto Alifano “El humor de Borges” (2016), en la abundante producción de obras sobre Sarmiento no se registra ninguna que abordara esta rica veta del talento sarmientino. Solo hay un par de libros con alguna de sus anécdotas superficiales, y algunos trabajos académicos.
Con este nuevo y suculento libro, Miguel Bravo Tedín viene a reparar ese olvido. Estas páginas combinan un minucioso trabajo de investigador, el don de un humorista congénito, y su gracia en la narración escrita y oral.
Desde hace 44 años Bravo Tedín es colaborador de la revista “Todo es Historia”. En la mayoría de sus libros aborda temas históricos con un rigor profesional que no excluye el sentido del humor. El cultivo de estas dos disciplinas, el cruce de estas dos avenidas, explican en parte por qué investigó con avidez, rayana en la glotonería, sobre el humor en Sarmiento.
Esta obra de Bravo Tedín, es fruto de tres años de un escrupuloso y selectivo recorrido por los 53 tomos de la “Obra Completa” de Sarmiento, caudalosa fuente de ideas e información, que comenzó a editarse en 1887, un año antes de su muerte, y concluyó en 1903 durante el segundo mandato del general Roca.
En 1878 Sarmiento escribió: “Cuando la inteligencia sonríe hay gloria en las alturas y paz en la tierra de los hombres”. Cien años después, al señalar uno de los pecados argentinos, Borges advirtió “la falta de humor y la solemnidad, que es uno de nuestros males”. El presente argentino está confirmando esa hipótesis de Borges.
Según Alifano, Borges “jamás se tomó en serio". Para él la vida era "un continuo juego". “Jamás intentó ser gracioso, pero los diálogos con él eran por lo común una fiesta llena de ocurrencias", añade.
La falta de humor, el ceño fruncido, el carácter adusto y el trato áspero y agresivo intoxicaron y siguen intoxicando nuestra sociedad y, en mayor dosis, envenenan la vida política. Este mal traspasa fronteras. Dictadores y gobernantes autoritarios oscilan entre el mal humor visceral y el humor negro. Los dictadores demagogos confunden el buen humor con lo grotesco. Carecen de humor, son bufones, son payasos.
Como todo lo humano, al costado del mal humor suele cabalgar el bueno. Bravo Tedín no cree que el “carácter argentino” se pueda dibujar de un solo y grueso trazo, como arriesgaron viajeros europeos que conocieron una pequeña parte del país. Bravo Tedín no acepta a libro cerrado esa supuesta verdad acerca de la “tristeza de los argentinos”.
Por el contrario piensa, y lo experimentó en carne propia, que porteños, cordobeses, riojanos, tucumanos y “de todos los confines de nuestro alargado y continental país, es alegre, cachador, socarrón, amante de las tomaduras de pelo, de la frase picante y de doble sentido, del chiste verde, negro, amarillo y del color que sea, mientras haga reír y sonreír”. ¿Acaso Borges no escribió brillantes páginas de humor?, se pregunta Miguel.
Bravo Tedín descubre en Sarmiento a uno de los pocos hombres públicos con buen humor. Unamuno reconoció en Sarmiento al “más grande escritor de habla castellana del siglo XIX”. Alifano encuentra en Borges un hombre distante de la solemnidad, un caballero sencillo, “divertido y travieso”, rara especie en tribus y capillas intelectuales donde suelen prevalecer, juntos y revueltos, riñas por celos y egos.
Al sanjuanino se lo estudió desde el punto de vista periodístico, pedagógico, ensayista y otros aspectos. Pero el rasgo original que tuvo Sarmiento, según Bravo Tedín, fue el uso cotidiano del humor. Estudiando sus “Obras Completas” una de las expresiones que más sobresale es la utilización del humor como forma sagaz e inteligente de tratar temas habidos y por haber.
El autor encontró muestras de ese humor en crónicas sociales, políticas, científicas, curiosidades, anécdotas, salidas improvisadas e ingeniosas y un largo etcétera. Esta característica conformaría su ADN, impregnando su larga labor escrita. Nada escapa a su aguda percepción humorística de hechos humanos.
El humor es esa expresión que trasciende lo obvio para encontrar vínculos - entre el objeto, la persona, la situación- inesperados, informales, irreverentes; muchas veces insólitamente simples, otras más complejos que dejan pensando, algunos picantes o audaces, y siempre necesariamente inteligentes.
Va más allá de lo obvio porque no se queda en la superficie, en lo que aparece, en lo habitual; no muestra el lado común de las cosas sino que se mete dentro de ellas para sacarles un jugo que no es sino un significado que destila sabiduría de quien lo produce o lo descubre.
La comunicación que puede producir el humor, si bien parte de una elaboración intelectual exigente, es una chispa generada por un disparo en pocas palabras o imágenes sencillas, que enciende una respuesta instantánea, no gobernada, capaz de iluminar zonas olvidadas o poco transitadas.
El que genera humor o responde con esa herramienta, sabe comprender el alma humana, quitarle la corteza dura, hasta llegar al núcleo vulnerable, al buen gesto, a la bondad, a la luz. Es expresión de humanismo, de libertad y de amor a la libertad.
Es un rasgo humanista porque remueve resortes íntimos para proporcionar una alternativa válida al dolor, al resentimiento, las debilidades, o la amargura. Provoca esa sonrisa que distiende. Produce una risa verdaderamente sanadora en el nivel más fisiológico del cerebro, más relajante que un fármaco.
Cuando el humor se refiere al poder, al tener o al ser presuntuoso, desnuda la falsedad, la mentira, la debilidad, la maldad y hasta la miseria humana escondidas tras la fachada de solemnidad y omnipotencia, de quienes pretenden una superioridad sobre los demás.
El humorista suele desarrollar una habilidad que le fue dada, pero cuando hace de ella un oficio, pone en él su inteligencia, su trabajo, y todos sus recursos personales a fin de dar a su público un producto de calidad: ese no es espontáneo sino cultivado con esfuerzo, constancia y exigencia personal.
La artesanía cotidiana se vuelve arte cuando logra originalidad y estilo propio, y cuando puede seguir siendo comprendida y disfrutada a través del tiempo.
Algo de burla, de sarcasmo, de ironía, pero toda la obra y vida de Sarmiento respiran esa suerte de alegría tan humana y tan original como es la risa. Bravo Tedín dice que su libro ha querido borrar esa cara de adustez y seriedad que para nada condice con su espíritu de profundo, amable e integral humorista.
En la historia argentina no hubo hombre público que haya hecho un uso tan inteligente de esta herramienta como es el humor que Sarmiento utilizó para explicar y hacer conocer ese mundo en el que se movió. En Sarmiento, el humor fue otra herramienta para educar.
Considero que un humorista e historiador cabal como Miguel Bravo Tedín ha sido el agente perfecto para elaborar este libro que resume, quizás más que ningún otro, lo que fue y sigue siendo Sarmiento para nosotros y el mundo.-
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(*) Prólogo al libro del historiador y miembro correspondiente de la Academia Nacional de la Historia, Miguel Bravo Tedín “Sarmiento profeta del humor”, con prefacio del doctor Ricardo Alonso. Contribución de su autor a la Junta de Estudios Históricos de Salta (JEHS). “Mundo Editorial”. Salta, noviembre de 2020.-