(Por María del Carmen Vianna, para momarandu.com) Como introducción, las mínimas necesarias palabras con que presentaré a dos poetas.
Una, María Griselda Passadore, ya conocida por las páginas de momarandu. Nacida en Victoria (Entre Ríos) el 13 de febrero de 1960 y radicada desde los 80 en Paraná. La otra, Paola Raingo, nació en Curuzú Cuatiá (Corrientes) el 19 de febrero de 1980 y vive actualmente en La Plata donde despliega su actividad en relación con el yoga. Ambas me obsequian estos, sus bellos poemas, que encuentro vinculados por idéntica temática y quiero compartir con ustedes.
Ahora, que todo calle y hable la poesía, esa voz más allá de la vida, siempre.
POBRE ESTA AVE…
Pobre esta ave
Corazón mío
Presa del canto
Triste de río
Saldrás un día
En libre vuelo
Desde mi pecho
Ya sin desvelo
Serás seguro
En mis colinas
Desliz de agua
Lágrimas finas
Sobre mi riacho
Lecho de isleros
Verás la lumbre
De un solo cielo
Luz de mi pueblo
Antigua barca
Campo traviesa
Se irá la parca
Sin horizontes
Sin mis tristezas
Corazón ave
Tendrás certezas
De amores míos
De hermanos tantos
Y un espinillo
Guardará el canto
Corazón alas
Ya te imagino
Desplumadito
Libre en tu trino
Ávido el sueño
De esos trigales
Corazón agua
En camalotales
Bordeando orillas
desandadera
sabrá mi alma
a raíz y arena
María Griselda Passadore, septiembre 2014
***
A mi tierra natal
-si yo no llego a tiempo-
que le devuelvan mi cuerpo
porque sólo ella nos rescató del olvido,
nos engendró de la nada,
me sostuvo de pie y me enseñó a andar
plácidos como nunca más de nuevo
por las calles baldías
para el juego bullicioso
a la hora de la siesta
-a cualquier hora, a todas las horas
de la mañana eterna de la infancia.
Porque sólo a ella le debo
las comprensiones más altas,
y porque mientras tenga vida
seguiré vagando
esparciendo su semilla
buscando replicarla.
Que a mi tierra natal
le devuelvan mi cuerpo
para el abrazo largo y final
de la carne con el suelo,
y me abrace otra vez su refugio infinito
y me haga crecer flores de los huesos,
porque sólo a ella le debo
todo el amor que soy
todo el amor que doy
todo el amor que siento,
estos ojos bajos para el sol
-este alma de rejunte y pena-
que se abisman con la noche y su mar seco
de estrellas,
de distancia,
de silencio
y de misterio.
Paola Raingo, abril 2022