Acabo de terminar la lectura de un libro que, para nosotros, quienes estamos involucrados en el mundo de libros y lecturas, resulta esclarecedor: “Libros y gobiernos” de Rodolfo Hamawi, quien fuera director de editoriales y de la Cámara Argentina del Libro. Hamawi es, por lejos, el hombre que conozco que más sabe del mundo editorial en nuestro país.
La obra describe la edición en Argentina desde la economía política de la cultura y demuestra, con estadísticas, cifras y publicaciones que cualquiera puede corroborar fácilmente recurriendo a los archivos, que aquello de “alpargatas sí, libros no” es otro de los mitos políticos, porque fue precisamente en tiempos de los gobiernos peronistas o sus continuidades contemporáneas cuando más libros se publicaron y vendieron en Argentina. Pero no es solamente un embelesamiento demográfico, estadístico y editorial. La obra, que tiene apenas 174 páginas hace un deslizamiento por la historia de Argentina desde la década de 1930 hasta la actualidad. Van desfilando los distintos gobiernos, con sus colores y matices, incluyendo los infaustos militares que, llamados por las sirenas de las crisis, acudieron a apagar el fuego con nafta. Invariablemente las épocas más oscuras del mundo editorial se las debemos a los “caballeros de las botas” que, con todo su analfabetismo funcional a cuestas, remontaron la picada que todos conocemos como método castrense: represión, prohibiciones, index de autores/as prohibidos (cosechados de su maestra, la Iglesia) y otras atrocidades como la quema pública de un millón y medio de libros publicados por el histórico Centro Editor de América Latina el 26 de junio de 1980 en la localidad de Sarandí, provincia de Buenos Aires. En ese clima de sospecha colectiva que instaló una dictadura que después de la derrota de Malvinas empezó su cuesta abajo en la rodada fueron secuestrados y asesinados los escritores Haroldo Conti, Rodolfo Walsh y Paco Urondo y los editores Alberto Burchinón, Carlos Pérez y Roberto Santoro. El sector editorial sufrió, en consecuencia, un derrumbe que llevó de los 50 millones de libros publicados en 1974 a apenas 17 millones en 1979.
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Después asumió, como sabemos, Raúl Alfonsín quien visitó la Feria del Libro de la edición 1983 (siendo esta la primera vez que un presidente visitaba la Feria en forma oficial) deseando “que el año que viene pueda venir para comprar todos los libros que este año no podré adquirir”. En la edición 1984, de hecho, inauguró la Feria del Libro y pudo comprar los libros postergados. Después vendría Menem y el desastre que todos conocemos con Cavallo, la convertibilidad (que era una dolarización encubierta de la economía) y la quiebra de la matriz productiva del país.
Este valioso libro ayuda a prever, que es algo muy necesario para la memoria argentina. No sabemos prever los desastres. Hoy por hoy vuelven a sonar los cantos de sirena del liberalismo disfrazado de “libertarios” prometiendo de nuevo transitar el camino de la desgracia que ya recorrimos durante el menemismo funesto. Ya conocemos las consecuencias. Los ‘libertarios’ captan jóvenes porque toda juventud ama la libertad, toda juventud detesta la opresión. Pero esta libertad que cacarean los libertarios es solamente la libertad económica. Quieren soltar a la bestia del Mercado sin ataduras. Quieren que nuevamente el monstruo grande que pisa fuerte arrase con las verdaderas libertades y derechos que los ciudadanos y trabajadores adquirieron con luchas y esfuerzo. Quieren reducir al Estado a ser un mero observador que dé libertad al darwinismo social en el cual los más poderosos se comen a los más desprotegidos.
Por eso es tan importante leer. Por eso importa el mundo editorial que nos facilita libros y lecturas. Los medios siempre están presentando como novedosas las viejas doctrinas que conviene a los dueños de las ganancias. No olvidemos que el capitalismo, librado a su criterio, solo busca acumular bienes sin saciarse jamás. La codicia humana, una vez desatada, no tiene techo. Esas teorías del “derrame” y la bonanza del trabajador son canalladas que buscan ocultar los verdaderos intereses en juego bajo vagas promesas que jamás se cumplirán. Ni en sueños.
* Alejandro Bovino Maciel. Buenos Aires, abril 2022. talomac@gmail.com