( Por Alejandro Bovino Maciel, para momarandu). Conversábamos con una amiga acerca de la decadencia de la televisión. El declive de la programación de los canales de aire (Telefé, Canal 9, Canal 13 y América TV) es evidente. Basta encender el televisor y tratar de soportar algunos de los programas de “entretenimientos” que promete la grilla. Son, básicamente, improvisados. Los de Canal 9 directamente ya parecen una kermesse escolar. Los premios son insignificantes: si antes el gran premio era un auto 0 kilómetro, ahora los concursantes deben conformarse con llevar un changuito de mercaderías para la casa.
¿Qué sucedió en el medio para este “cuesta abajo en la rodada” de la televisión?
No deberíamos sorprendernos.
La televisión tuvo el dominio absoluto de la atención social desde la década de los ’60 hasta al menos los primeros años del Tercer Milenio cuando comenzó su eclipse. En Wikipedia, y en opinión de las estadísticas de la mayor empresa de medición de rating de Latinoamérica, la Kantar Ibope Media: “Desde hace ya algunos años, la televisión abierta argentina va perdiendo encendido, debido al aumento de la industria del cable y de las posibilidades que ofrece internet para seguir la programación diaria, entre otros motivos.15 Esto genera que se pierda uno o dos puntos por años de encendido (total de suma de rating de los canales de aire), y que los programa más vistos oscilen entre los 15 y 25 puntos,16 muy diferente a lo que pasaba antes de la llegada de la TV paga, en donde los programas frecuentaban 40, 50 y hasta 60 puntos”.17 ( «¿Adiós a los 20 puntos de rating en la televisión argentina?». infobae.com. 1 de septiembre de 2015. Consultado el 22 de diciembre de 2015).
Sacando bien las cuentas, la televisión con sus 60 años a cuesta tuvo una vida más larga que la radio que apenas duró unas décadas con predominio de atención pública. En Infobae, en una nota firmada por Ariel Wolman del 26/8/18 ya se advertía que este problema se debatía en EEUU para llegar a una sombría conclusión: después de medir el porcentaje de encendido televisivo por franja de edades, se concluyó con esta frase lapidaria “solamente la gente de 60 años para arriba está sosteniendo la TV abierta” y todo esto produjo un efecto circular: los jubilados no suelen ser los más favorecidos económicamente; ergo, las empresas que mantenían el sistema a través de la publicidad ya no se interesaba en comprar tiempo televisivo ni auspiciar programas. Resultó más rentable contratar “influencers” que a través de sus canales de YouTube eran capaces de multiplicar las ventas de productos generalmente suntuarios (cosméticos, automóviles, hoteles, vuelos) y toda la publicidad se atomizó en cientos de formas y canales vinculados a la red de redes. La población urbana nacida en el año 2000 en adelante ya casi no saben qué es un televisor. Todo cuanto necesitan lo tienen en las pantallas de sus celulares y tablets. Porque esa pequeña pantalla permite interactuar, se le puede preguntar y alguien responde. Se parece mucho a la dinámica de la comunicación normal. El televisor (me lo decía una adolescente) la convertía en una pasiva autómata, que debía conformarse con mirar y callar. Y decidió apagar la pantalla televisiva para siempre “ya ni me acerco, lo tengo en mi habitación, pero no recuerdo cuándo fue la última vez que lo encendí”, me dijo en el consultorio.
Todo esto me hace pensar que la televisión irá quedando poco a poco como relicto de la segunda mitad del Siglo XX. Y que falleció con el Siglo XX.
La falsa sensación de estar comunicados por medio de Tic Toc, Facebook, Instagram, Twitter o YouTube ha redirigido la vida humana a WhatsApp o Telegram. No podemos negar que la comunicación se agilizó, aunque el nivel de los mensajes se haya hecho en base a simplificaciones ramplonas la mayor parte de las veces. De todos modos, son nuevos instrumentos y es de esperar que poco a poco nos adaptemos inteligentemente a ellos. O lo único inteligente que quedará, serán los Smart Phones.
La televisión, como la radio, ya está cruzando el umbral nostálgico del pasado. Algún día no muy lejano, los miraremos como se miran los daguerrotipos. Como nuestro pasado.
Buenos Aires, abril 2022