Corrientes, lunes 09 de febrero de 2026

Cultura Corrientes

Es muy difícil decir “adiós” a un amigo como Darwi

01-03-2022
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Foto: archivo de diario Norte  

( Por Alejandro Bovino Maciel).
Darwi Berti ha sido uno de los más lúcidos críticos de la literatura de Corrientes a la que volvía una y otra vez y de la que formaba parte en forma inseparable.

Había conocido personalmente a todos los escritores y escritoras que vivían o visitaban Corrientes desde la década de los inolvidables ’60 cuando fue expulsado del seminario de Goya que seguía la senda trazada por monseñor Devoto que enseñaba no dar la espalda a los pobres y oprimidos, tal como había predicado Cristo. El arzobispo de Corrientes, fiel a las directivas de la iglesia conservadora, les ordenaba ocuparse de las almas exclusivamente dejando los malestares del cuerpo (hambre, ignorancia, resignación) a cargo del César correntino a quien los seminaristas conocían por sus trapacerías políticas y sociales que eran las mismas del siglo XIX, terratenientes explotadores y siervos explotados hasta la miseria cruel. Los seminaristas de monseñor Devoto no confiaban en el César y se afiliaron a una forma de la teología de la liberación que buscaba amparar a las masas analfabetas bajo la protección de alguna forma de sindicalización que les diera fuerzas por medio de la unión. Y sobrevino el desastre. Ni Juan XXIII ni Pablo VI pudieron salvar el naufragio y los seminaristas, entre quienes estaba Darwi, fueron expulsados llevándose consigo lo único que les pertenecía: su dignidad y lo que habían aprendido en las clases y en la biblioteca.

-Murió Darwy Berti, Corrientes pierde a su cronista

Creo que allá en lo profundo de su ser, Darwi Berti nunca renunció al seminario. Se puede ser un monje ateo. Los valores aprendidos y encarnados en la adolescencia pueden seguir siendo la guía moral, aunque el altar de aquel supuesto Dios ya se halle vacío. Todo el resto de su vida lo vivió casi en el aislamiento. Casi nunca salió de Corrientes, y si lo hizo, el viaje duró menos de una semana porque, me confesó “fuera de Corrientes se asfixiaba”. Se mantuvo alejado de toda forma de frivolidades y supercherías de la farándula literaria: los premios y reconocimientos le parecían un tributo superfluo para el pecado de la vanidad. Tuvo clara consciencia del arte como trabajo de la cultura, nunca como aspiración al betsellerismo y la fama.

Darwi Berti fue un hombre que supo mantenerse fiel a sí mismo y sus convicciones hasta el límite de la inedia. Decidió cuándo morir. Lo hizo con la obstinación que proporciona la razón cuando nos dice que el precio a pagar por seguir viviendo supera ampliamente las pocas retribuciones que ya nos adeuda la vida. No quiso ser una molestia para los demás y, como me sucede exactamente lo mismo, comprendo perfectamente esta dura decisión, aunque me produzca profunda consternación y tristeza.

Darwy Berti escritor y fundador de jurásico grupo de El Mariscal

Darwi Berti no era uno de esos amigos que exigen la frecuencia, los encuentros, el convite y los halagos. Por otra parte, nos separaba la distancia que media entre Corrientes y Buenos Aires. No obstante, siempre de ambos lados buscábamos saber qué hacía el otro. Sabía siempre de él por Ernesto Veragua, por Nelly Obregón, por Marcelo Fernández, por Pilar Romano, por Elenita Zelada.

En el año 2018 la Editorial Servilibro de Paraguay me publicó “La pasión según san ateo” una novela en la que uno de los protagonistas es Darwi Berti. Los capítulos que le dedico son el principio y el final: ambos ofician como un pretexto para vagar por los laberintos del Infierno de Dante haciéndonos las preguntas que sé muy bien que lo acosaron y acorralaron desde hace tiempo, y se volvieron seguramente ardientes obsesiones en este último año que decidió vivir entre nosotros: ¿Quiénes somos? ¿Qué somos? ¿Por qué y para qué estamos en esta vida? ¿Qué nos espera más allá? ¿Somos eternos o simplemente una chispa que fulgura un momento y se extingue para siempre en la inmensidad de la nada?

-La obra de Darwy Berti

Aunque no viviera haciendo alarde de erudición, Darwi se hacía estas mismas preguntas, y no como ejercicio vano de literatura o entretenimiento, sino como angustia de esta forma de existencia que nos arroja al vacío sin una sola respuesta. Darwi, seguramente, ya apaciguó ese malestar bebiendo la última gota de la copa.

Volveré a leer sus notas para los distintos medios en los que trabajó y colaboró. No quiero perderme nada de este escritor que hizo de la crítica literaria su silenciosa obra.

No quiero perder a Darwi, que ahora vive en esos escritos.


*Santa Ana, 28 de febrero 2022.