Los aliados occidentales mantienen el descontento con China por su historial de abusos de derechos humanos, entre ellos se encuentran las violaciones de libertades civiles en Xinjiang y la represión de los grupos prodemocráticos en Hong Kong, antigua colonia británica que volvió a ser gobernada por China en 1997.
Después del anuncio de Estados Unidos el pasado lunes, en el que oficializó su boicot en contra de los Juegos Olímpicos de Invierno 2022 otras naciones se han sumado a la postura y otras cuantas todavía consideran la posibilidad de hacerlo.
Australia fue uno de los países en unirse al boicot “por motivos diplomáticos” a través de un anuncio del primer ministro Scott Morrison.
"Lo hago porque es en el interés nacional de Australia", argumentó Morrison, quien también explicó que no es una sorpresa que su país tome esa postura después de que la relación con China “se haya roto en los últimos años”.
Y aunque el Gobierno australiano desea mejorar su relación con el gigante asiático y hablar sobre sus diferencias, "no ha habido ningún obstáculo para que eso ocurra por nuestra parte, pero el Gobierno chino no ha aceptado sistemáticamente esas oportunidades para que nos reunamos", dijo Morrison.
También anunció que, al igual que Estados Unidos, los atletas australianos podrán participar sin ningún problema en las competencias.
China respondió con furia. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Wang Wenbin dijo que su país “no ha invitado a ningún funcionario del Gobierno australiano a asistir a los Juegos Olímpicos de Invierno, y a nadie le importa si vienen o no".
Pese a que Wang acusó a Australia de “seguir ciegamente a ciertos países en sus pasos para confundir lo correcto y lo incorrecto” y de haber presentado severas quejas ante Canberra, no amenazó con aplicar contra el país australiano las “contramedidas” como lo hizo con Estados Unidos.