Corrientes, sábado 09 de mayo de 2026

Sociedad Corrientes

El individualismo y el nacionalismo van de la mano, Jorge Luis Borges, por José Miguel Bonet

11-11-2021
COMPARTIR     
Uno de los manuscritos más interesantes en la Colección Borges de la Universidad de Virginia es “Viejo hábito argentino”, el núcleo del ensayo “Nuestro pobre individualismo”, publicado en Sur en julio de 1946, en el número 141, el homenaje a Pedro Henríquez Ureña, e incluido en Otras inquisiciones en 1952. Es un manuscrito de nueve páginas que incluye varios dibujos de Borges, uno de los cuales es el conocido “Die Hydra der Diktator”, además de varios fragmentos poéticos.

En el ensayo que publica Sur en julio de 1946, sólo cinco meses después de la victoria del peronismo en las elecciones del 24 de febrero de 1946, queda clarísimo que el texto es de carácter político. Por si eso no fuera suficientemente claro, la séptima página del manuscrito también incluye el dibujo “Die Hydra der Diktator”, donde representaciones de Eva y Juan Domingo Perón aparecen con Rosas, Hitler, Marx y Mussolini, también firmado por Borges en el el 46.

El título definitivo del ensayo, “Nuestro pobre individualismo”, es un eco de otro ensayo político de quince años antes, “Nuestras imposibilidades”, publicado en Sur en 1931 al poco tiempo del golpe militar de Uriburu que derrocó a Hipólito Yrigoyen. De hecho, la bibliografía de Helft sólo registra cinco títulos que comienzan con variantes de “Nuestro”: “Nuestra encuesta a la nueva generación literaria”, que apareció en Nosotros en 1923, “Nuestra hipocresía”, de Clarín de 1984, “Nuestras imposibilidades” de 1931, “Nuestro pobre individualismo” de 1946, y “Nuestro siglo”, una sección del manual Introducción a la literatura inglesa en 1965. “Nuestras imposibilidades” marca un momento de desencanto de Borges con la política argentina después de su agitada militancia a favor de Yrigoyen, e incluye estas amargas palabras: “Hará unos meses, a raíz del lógico resultado de unas elecciones provinciales de gobernador, se habló del oro ruso; como si la política interna de una subdivisión de esta descolorida república fuera perceptible desde Moscú, y los apasionara” (Discusión 14). “Nuestro pobre individualismo”, publicado a sólo cinco meses de las elecciones presidenciales que ganó Perón, marca otro momento de extremo desencanto político. Si el título Otras inquisiciones de 1952 alude deliberadamente al primer libro de ensayos de Borges, Inquisiciones de 1925, no hay por qué dudar de una relación cercana entre “Nuestro pobre individualismo” y “Nuestras imposibilidades”, que hace que el escritor abandone el título inicial, “Viejo hábito argentino”. El ensayo de Otras inquisiciones lleva el lugar y fecha de su composición: “Buenos Aires, 1946”. Sabemos que Borges es cuidadoso de fechar muchos de sus textos, a veces con lugares falsos (“Nîmes, 1939” en “Pierre Menard”), a veces con fechas que revelan un contenido íntimo (“1934” para los poemas ingleses) o político (“1943” para “El milagro secreto” y “Poema conjetural”). Cuando pone lugar y fecha al incluir un texto en un libro, o después en las Obras completas, quiere recordar –y quiere que sus lectores recuerden o se fijen en– su momento de composición. Para Borges en 1952, cuando publica su colección más importante de ensayos, 1946 Revelando las falacias del nacionalism0 151 es un hito en su historia personal –renuncia en ese año a su puesto en la Biblioteca Municipal Miguel Cané, supuestamente porque algún peronista travieso lo hace nombrar Inspector de Aves y Conejos en el mercado municipal– y sin duda le recuerda el hecho de que en 1948 su madre y su hermana fueran arrestadas por su participación en lo que se interpretó como un acto político, el cantar el Himno Nacional en la Calle Florida, episodio retratado con agudeza por Adela Grondona en El grito sagrado en 1957 (libro que lleva un notable dibujo de Norah Borges en la portada). Es una fecha connotada, entonces, de la irrupción de la política en el ámbito familiar del escritor. A la vez, es una fecha que recordará como otro tipo de hito: el inicio de un período donde se convierte en un célebre conferencista a nivel nacional (y también en el Uruguay), y que marca otra etapa en su carrera literaria con El Aleph, de 1949, y Otras inquisiciones, donde aparece nuestro ensayo en 1952. En octubre de 1952, cuando publica el libro, Eva Perón se ha muerto hace poco; “Die Hydra der Diktator”, donde la cabeza principal de la hidra es la de ella, tiene tetas grotescas que llegan hasta una de las garras; esa imagen es la más distante imaginable de las imágenes de Eva como madre de la nación en La razón de mi vida y en los manuales de lectura de la época peronista. En 1954 y 1955 retoca el manuscrito, pero no lo reedita; me imagino que algunas de las inserciones no incorporadas a la versión de Otras inquisiciones de 1952 datan de esos últimos retoques. El texto político que sí reedita en 1955 en el momento del golpe contra Perón, conocido por los antiperonistas del momento (Borges y Bioy incluidos) como la “Revolución Libertadora”, es “El escritor argentino y la tradición”, que contiene elementos de la misma crítica del nacionalismo. “Nuestro pobre individualismo”, junto con ese texto y con el muy anterior “Nuestras imposibilidades”, son momentos en que Borges expresa un ideario político claro, distanciándose del criollismo al que había abrazado en la década del 20. Su escepticismo político, su celebración del individualismo en contra del Estado, marcan estos textos escritos durante el primer peronismo, e indican su profundo rechazo del nacionalismo cultural que él, como tantos otros, había apoyado en la época de la revista Martín Fierro. En este caso el manuscrito es elocuente de esas preocupaciones. Además de un dibujo de un tintero de plata labrada, que evoca a los poetas gauchipolíticos del siglo XIX (como los llamó Sarmiento, término que retomó Ángel Rama y que ha estudiado con brillantez Julio Schvartzman en Daniel Balderston 152 Letras gauchas), Borges adorna el final de su manuscrito con una serie de fechas y firmas, de 1946 a 1955, y con firmas en forma de hebillas de brida con la B de su apellido. Son detalles que se parecen a hierros de marcar: es un desafío a los lugares comunes del momento, un modo de ejercer una violencia verbal en sordina. El manuscrito de “Viejo hábito argentino” ayuda a leer el ensayo en mayor profundidad. Los dibujos expresan el odio a ciertos dictadores pero también cierta fascinación con sus figuras; los otros dibujos –las velas, el tintero de plata labrada, las hebillas de plata– sirven para escenificar el ensayo en relación no sólo al presente sino también a la época del poema de José Hernández. El uso de elementos de la lógica formal habla de su deseo de escribir un texto riguroso en su argumento, elocuente en su retórica. Los fragmentos poéticos son significativos de que este texto se concibe como poesía y prosa a la vez, como varios otros textos centrales cuyos manuscritos exhiben características semejantes: “Sentirse en muerte” de 1928 y ciertos pasajes de los manuscritos de “El jardín de senderos que se bifurcan” en Revelando las falacias del nacionalism0 153 1941 y “El Aleph” en 1945. Podríamos decir que Borges, en “Viejo hábito argentino”, aspira a un arte total, de forma minimalista, claro: no una ópera de Wagner sino de una obra en sordina que evoque los pasajes oscuros del Martín Fierro y tal vez algunas obras visuales de la época, o la pintura de Pedro Figari (que Borges celebró en la elocuente “Página relativa a Pedro Figari”). Quiere pensar su identidad argentina en un momento altamente conflictivo, quiere reformular sus posiciones relativas al criollismo. Lo motiva la indignación, como demuestran las rimas en los fragmentos poéticos. Es lapidario, recordando la fórmula de “Arte de injuriar”: procede usando “palabras áridas [que] se combinan con otras efusivas” (OC 420), utiliza la “inversión incondicional de los términos” (420) y el “cambio brusco” (420). Recuerda que “[c]iertas palabras, en una buena enumeración, están contaminadas por las vecinas” (422). Hace que el nacionalismo sea un término de oprobio como en el insulto de Vargas Vila contra Santos Chocano, que comenta Borges en ese ensayo: “Deshonrar el patíbulo. Fatigar la infamia. A fuerza de abstracciones ilustres, la fulminación descargada por Vargas Vila rehúsa cualquier trato con el paciente, y lo deja ileso, inverosímil, muy secundario y posiblemente inmoral” (OC 423).3 Aquí el paciente –los nacionalismos argentinos– sufre ese triste destino. Como leemos en el fragmento de poema: El argentino por su {cuidadosa + minuciosa} idiotez está {convencido + obsesionado} en descubrir imposible {una entidad con + cualquier substancia de} homenaje inmarcesible y van {soltándose + dejándose} en la {terminal + cóncava} sordidez. 3 Las Obras completas contienen una espantosa errata aquí: “inmortal” por “inmoral” (423). Daniel Balderston 154 De nuevo, las rimas revelan el desdén de Borges: ese patriotismo, ese nacionalismo, se caracterizan por su “idiotez” y su “sordidez”. Si Carlyle escribía sobre la necesidad de resignarse al destino, este ensayo de Borges es todo lo contrario: rebela, revela, re-vela las falacias del nacionalismo.

Los nacionalismos, que Borges definía como “espectros colectivos”, son ideologías irreales en tanto en cuanto defienden “el prejuicio del que adolecen todos los hombres: la certidumbre de la superioridad de su patria, de su idioma, de su religión, de su sangre”. Parece un argumento tan indiscutible como pavoroso, porque cuando alcanzan el poder institucional estas ficciones políticas terminan contaminado la realidad y la vida de quienes quedan presos de sus delirios. Lo estamos viendo estos días. Para Borges el nacionalismo, en cualquiera de sus formas, desde las tibias hasta las más extremas, es un vicio incorregible, un sentimiento turbio, una manía de primates. “Idolatrar a un adefesio porque es autóctono, dormir por la patria o agradecer el tedio cuando es elaboración nacional me parece un absurdo”, escribió.

Dos cuentos distintos explican, amparándose en el artificio literario, los fantasmas expresionistas de la ideología del terruño: La fiesta del monstruo y La pedagogía del odio. El primero, escrito junto a Bioy Casares, es una fábula sobre cómo un requeté peronista asesina a pedradas a un intelectual que no quiere unirse a su causa. Toda una alegoría del fanatismo. El segundo narra las formas de adoctrinamiento del nacionalismo en las escuelas. Son dos variantes de la misma enfermedad: la intolerancia que se ampara en la ridícula idea de la pureza patriótica y en la miserable fuerza de los elegidos. Borges se sentía tan argentino como universal. Vivía esta doble condición sin conflicto. Con la libertad que implica no tener que elegir a la fuerza entre la identidad de procedencia y el destino personal. “Ser cosmopolita”, afirmó, “no significa ser indiferente a un país y ser sensible a otros. Significa la generosa ambición de querer ser sensible a todos los países y a todas las épocas. Es un deseo de eternidad”. ¿Por qué limitarse a una identidad cuando pueden escogerse todas?

En El nacionalismo y Tagore (1961) el escritor argentino es todavía más expreso. Admite el poder que tiene la seducción sentimental: “El nacionalismo tienta a los hombres no sólo con el oro y con el poder, sino con la hermosa aventura, con la abnegada devoción y con la honrosa muerte”. Pero, de inmediato, nos alerta sobre los espantos que se esconden tras las ideologías que se imponen por decreto: “El nacionalismo tiene su calendario de verdugos pero también de mártires. Sufrir y atormentar se parecen, como matar y morir. Quien está listo a ser un mártir puede ser también un verdugo y Torquemada no es otra cosa que el reverso de Cristo”. El poeta indio también pensaba que el canto de las patrias, aunque se presente como pacifista, consiste, sobre todo, en una peligrosa exaltación moral. En inflamar ese sentimiento primario que consigue que los individuos renuncien su responsabilidad personal en favor de la comunión atávica con la tribu. Para que así, exaltando la libertad a gritos, ayuden a instaurar esa forma de esclavitud mental que exige renunciar a la conciencia individual.

Recopilaciones.Fuentes. Daniel Balderston-Letra Global

*Desde Mburucuyá