El grupo islamista tomó Kabul y la gran mayoría de Afganistán con una relativa facilidad en apenas semanas. Sin embargo, en estos primeros días en el poder se han visto varios focos de oposición al nuevo gobierno talibán. En torno al valle de Panshir se está formando un Ejército opositor y en algunas ciudades se produjeron manifestaciones con la bandera tricolor, símbolo del rechazo a los talibanes.
La resistencia contra el poder Talibán parece estar organizándose tras la fulminante conquista de Afganistán por parte del grupo islamista. Durante las últimas semanas, la oposición a las tropas talibanes fue prácticamente nula, sin embargo, hay una provincia de las 34 que forman el país asiático que todavía no ha caído en manos del grupo islamista: el valle de Panshir.
Esta región es conocida por su complicada orografía, que la hace prácticamente inexpugnable, y por su oposición frontal al Gobierno Talibán a lo largo de la historia. Muchos han atribuido el rápido avance de los talibanes, que apenas han encontrado resistencia, al supuesto apoyo local en muchas de las regiones conquistadas. Sin embargo, una serie de líderes políticos y militares han llamado a plantar cara al grupo islamista en torno a Panshir.
La primera voz oficial en pedir la lucha contra el poder talibán fue el exvicepresidente Amrullah Saleh, quien ante la huida del presidente Ashraf Ghani se autoproclamó presidente y aseguró estar dentro de Afganistán para liderar la resistencia de todos los opositores al autoproclamado Emirato Islámico.
A la cabeza de esta alianza estuvo Ahmad Sah Masud, un mítico comandante conocido como el “Tigre de Panshir” que plantó cara al poder talibán durante años y que fue asesinado por Al Qaeda dos días antes del atentado contra los Torres Gemelas en septiembre de 2001.
En la actualidad es su hijo, también llamado Ahmad Masud, es quien dice haber tomado el testigo de su padre aglutinando a tropas contrarias al nuevo Gobierno talibán en este valle. Aquí, la mayoría de la población es tayika, una minoría étnica que representa aproximadamente el 25 % de la población, y la rivalidad es muy grande con los pastunes, etnia mayoritaria y cuna del nacimiento del grupo Talibán.
Por el momento se desconoce el poder real de estas fuerzas armadas, pero sus fuentes internas aseguran que se han estado preparando para este momento desde hace 20 años y que han acumulado armas para la ocasión. El hecho de que exista una confrontación con el nuevo poder en Kabul abre la ligera posibilidad a que el conflicto se enquiste y a que la comunidad internacional pueda volver a interceder en Afganistán.
Lo que parece lejano es que el poder concentrado en Panshir sea capaz de tomar de nuevo Kabul debido a su número reducido frente al total de talibanes. Su único éxito en 2001 fue gracias al apoyo de la OTAN y si los opositores no consiguieron frenar la ofensiva talibán cuando gozaban del poder, parece improbable que lo logren ahora.
Varias oenegés han reportado un aumento de heridos de guerra en la zona en lo que podrían ser los primeros enfrentamientos aislados con los talibanes, que tienen la difícil tarea de penetrar a una escarpada serie de valles donde solamente existe una carretera de acceso.
En las grandes ciudades del país la situación parece ser bien diferente. La mayoría de estas grandes urbes cayeron bajo el poder de el Talibán sin apenas resistencia durante agosto, pero ahora ciertos sectores de la población civil parecen revelarse ante el nuevo poder.
Afganistán es una nación que lleva prácticamente cuarenta años en constante conflicto y esto parece ser la principal teoría de la falta de lucha por parte de los partidarios del Gobierno democrático durante la toma de Kabul. Para muchos de ellos, oponerse en armas a los talibanes suponía un “baño de sangre” innecesario para un pueblo agotado por las guerras civiles.
Precisamente bajo este pretexto huyó del país el expresidente Ashraf Ghani, quien fue localizado en Emiratos Árabes Unidos y quien ahora asegura que quiere volver al país para formar parte de las negociaciones de resolución del conflicto que están llevando a cabo ciertos miembros del Gobierno depuesto y figuras relevantes como el expresidente Hamid Karzai.
En todo este contexto, el símbolo de rechazo a los talibanes está siendo la que era la bandera del Estado bajo el Gobierno democráticamente elegido. Esta bandera sigue siendo la oficial en términos legales, pero el Talibán ya la sustituyó por la propia, donde domina el color blanco con una serie de inscripciones que hacen referencia a la ley islámica.
En Kabul, cientos de personas salieron a las calles durante el día de la independencia de la nación asiática, celebrado el pasado 19 de agosto, para exigir el retorno de la bandera tricolor que ellos reconocen como oficial y protestar contra las normas impuestas por los talibanes a su llegada al poder.
Unos de los aspectos que más preocupan ante el avance talibán es la regresión aparente de derechos básicos que pueden sufrir las mujeres. El Talibán es conocido por su extrema ortodoxia respecto a lo que ellos consideran que es la correcta interpretación de la ley islámica. Bajo este pretexto, prácticamente recluyeron en sus casas a millones de mujeres entre 1996 y 2001.
Ante la perspectiva de no poder trabajar, estudiar o incluso salir a la calle solas, decenas de mujeres desafiaron con protestas públicas al Talibán poco después de la toma exitosa de Kabul.
En las principales ciudades del país muchas mujeres han levantado consignas contra lo que temen que podría ser un paso atrás en todo lo conseguido durante esto 20 años. Muchas de ellas incluso pidieron al grupo islamista que las mujeres pudieran jugar roles fundamentales en la administración pública e incluso el gobierno, algo que parece realmente difícil.
Es cierto que, en su primera comparecencia, el Talibán aseguró que respetaría los derechos de las mujeres, incluyendo el derecho al trabajo o a realizar unos estudios, pero siempre matizó que siempre que se adecuen a lo que dicte la ley islámica.
Numerosos testimonios de zonas rurales previamente conquistadas por el Talibán aseguran que este supuesto respeto por las mujeres es inexistente y que se ha vuelto a las prácticas previas a 2001 en la mayoría de los aspectos. Está por ver si esto también se extiende en Kabul, donde la controversia entre los mismos talibanes sobre este tema es grande.
A pesar de que la conquista casi total de Afganistán por parte del Talibán pueda indicar la inexistencia de resistencias relevantes, están existen y pueden seguir aumentando una vez el nuevo Gobierno se consolide en el poder. La cuestión ahora está en saber si los talibanes querrán enfrentar a todas las ramas opositoras con diálogo y negociación o si el conflicto armado seguirá.
Fuentes: EFE, Reuters y medios locales.