"No puede haber una sociedad sin justicia", dice sobreviviente del atentado a la AMIA, a veintisiete años del ataque terrorista
16-07-2021
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( Por Raúl Acevedo, para momarandu.com).El 18 de julio de 1994, a las 9.53 hs. Anita Weinstein estaba en el segundo piso de la AMIA. Veintisiete años luego del peor ataque terrorista que sufrió la Argentina, su testimonio es el de una sobreviviente. "No puede haber una sociedad sin justicia", expresa a momarandu.com. Entonces, como hoy, "mantener la memoria, era importantísimo", subraya.
El atentado a la AMIA fue un ataque terrorista con coche bomba que sufrió la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el lunes 18 de julio de 1994.
Se trató del mayor atentado terrorista ocurrido en la Argentina, también el mayor ataque contra objetivos judíos ubicados fuera de Israel desde la Segunda Guerra Mundial.
La comunidad judeoargentina con casi 300.000 personas, de las cuales más del 80% vive en la Ciudad de Buenos Aires, es la sexta mayor del mundo.
Aquel día 85 personas fueron asesinadas y 300 heridas, no solo descendientes del pueblo hebreo y los antiguos israelitas del levante mediterráneo.
Anita Weinstein, sobrevivió.
"UN ATAQUE A TODA LA SOCIEDAD ARGENTINA"
"No llevó mucho tiempo, diría días, nada más, reconocer, de parte de la sociedad, que eso fue un ataque a la sociedad argentina, por muchos motivos, porque en el lugar, si bien funcionaba una institución judía, estaba en el centro de una ciudad, de un país, que tenía albergados a personas que venían de diferentes lugares", dice Anita a momarandu.com.
"El hecho de que por la calle circulaban personas que no podían identificarse si eran judíos o no, ya creaba una, por lo menos una duda de porqué o no porqué, sino, cómo es que se atreven a destruir, a bombardear, a hacer caer un edificio entero en donde sabían que iban a morir indistintamente de su religión, de su origen, de su país de origen, gente", reflexiona.
"Así que entendían, la sociedad, entendía, yo creo que entendió, bastante rápidamente que esto era un ataque a la sociedad argentina en general, a su soberanía, y a todo lo que podemos compartir acá de la convivencia de seres humanos", remarca.
EL DÍA DESPUÉS
-¿Qué ocurrió luego?¿Cómo pudo mantenerse en pié ante tamaña pérdida?
-Fue "la convicción de que si yo no, si yo ponía en duda de que yo voy a seguir yendo a la AMIA, voy a seguir viendo cómo se puede ayudar, desde el momento que, después a las dos de la tarde de ese 18 de julio, aproximadamente, nos convocaron a los que trabajábamos en AMIA, a ir a un edificio que AMIA tenía en Ayacucho, en la calle Ayacucho, que era propiedad de AMIA".
"Y ahí había cursos, clases, actividades culturales, y la biblioteca, donde yo también era la directora, y sí, estuve hasta las diez de la noche, porque no veía ninguna posibilidad de dejar de estar, porque aparecieron familiares, llorosos y angustiados, preguntando por sus familiares que no los encontraban, y sabían y sospechaban que podían estar como víctimas del atentado o si había otra información", indica Anita.
"Había que recibir a todos ellos, consolarlos, también alguien se ocupó de mandar comida para que todos esos familiares puedan comer, en un acto de solidaridad. Asi que, ese no estar, no estaba en mi cabeza", agrega.
"NO ME IBA A DEJAR MATAR"
Anita cuenta a momarandu.com cómo pudo reponerse del antentado.
Ese día "casi a las diez de la noche volví a casa, y lo ví en la televisión, y yo misma no podía entender que yo habia salido de ahí, pero eso no me asustó, me convenció de que yo tenía que seguir haciendo cosas, porque no me iba a dejar matar, creo que esa era mi consigna, no me iba a dejar matar, porque lo quisieron hacer, pero no", sostiene.
"Y eso fue como un motivo que no me lo cuestionaba muchas veces, aunque mucha gente de mi familia, por ahí mis hijos, preguntaron, ¿pero má, tenés que seguir yendo? Mi respuesta: sí, tengo que seguir yendo. Eso es lo que quiero hacer. Y es mi compromiso de vida, para también poder transmitir, no lo sentía, en horas, como como algo inmediato, pero sí sabía que el contar y mantener la memoria, era importantísimo", remarca.
"Creo que esos fueron los componentes que me ayudaron a seguir creyendo en la gente y, fundamentalmente, me motivó mucho hablar con jóvenes, con alumnos, con el correr de los años que siguen hasta ahora viniendo a buscar materiales, porque en el colegio tocan el tema, ver sus rostros, compungidos, cuando se encuentran con las fotos, cuando se encuentran con los periódicos, pero también hablándoles, también hablándoles, y manifestando que uno siempre puede encontrar el lugar desde donde puede llevar adelante una vida de respeto al otro, sin odios, sin discriminaciones, sin violencias, sin destrucción del diferente, y eso, para mí, también, es reparador", afirma.
Hoy, cada 18 de julio, "me traslado hacia el lugar donde estaba, a esos terribles primeros momentos, a ver que es, que hacer, la mente estando de un lado como en dos esferas separadas", expresa.
Gentileza: AMIA.
"NO PUEDE HABER UNA SOCIEDAD SIN JUSTICIA"
En 2006, después de doce años de investigación, el fiscal especial a cargo de la investigación basado en informes de los servicios de inteligencia argentino, estadounidense e israelí, acusó formalmente, al gobierno de Irán de aquel entonces, de planificar el atentado y al partido Hezbolá del Líbano, de ejecutarlo.
Dando crédito a la llamada pista iraní, consideró que el atentado fue resuelto en una reunión de los máximos integrantes del gobierno de Irán y fue llevada a cabo por la organización terrorista libanesa Hezbolá, que respondía al gobierno iraní.
Irán, por su parte negó estar relacionado con el atentado.
La justicia argentina imputó a ocho funcionarios iraníes y un ciudadano libanés de ser los autores, contra los que ordenó alertas rojas de captura de la Interpol que fueron aprobadas.
Según la investigación, Argentina fue elegida como blanco del ataque tras la decisión del gobierno argentino de suspender un acuerdo de transferencia de tecnología nuclear a Irán.
En septiembre de 2003, uno de los imputados, el exembajador iraní en la Argentina, Hadi Soleimanpour, fue detenido en Gran Bretaña, acusado de ser partícipe necesario, pero la justicia británica rechazó su extradición y fue liberado.
En 2004, la fiscalía especial UFI-AMIA, dirigida por el fiscal Alberto Nisman, luego de reexaminar toda la causa y cruzar cerca de 300 millones de llamados telefónicos, aseguró tener nuevas pruebas. Entonces, el nuevo juez, Rodolfo Canicoba Corral, volvió a ordenar la captura de los siete exfuncionarios iraníes y un miembro operativo libanés del Hezbolá.
Desde entonces, los distintos gobiernos argentinos han requerido a Irán, sin éxito, la extradición de sus ciudadanos acusados por el ataque para ser juzgados por un tribunal argentino o extranjero.
El lunes 18 de enero de 2015, Nisman fue encontrado muerto de un disparo en la cabeza en su departamento de Buenos Aires.
-¿Cómo recibió la muerte del fiscal Nisman?
Ese lunes, porque también era un lunes, decidimos llamarla temprano a mi hija, y me dijo má, sabés que lo mataron a Nisman, y lo primero que dije fue "ah, otra vez, otro lunes, otra vez no vamos a saber nunca cómo fue y quién fue. Esas fueron mis primeras reflexiones, marcadas por todos los años ya que había, en el tema de la bomba, y teniendo esta desoladora compresión o imagen de que otra vez la muerte, otra vez sin saber cómo, otra vez sin que se haga justicia. Esos fueron mis recuerdos, muy fuertes, ese lunes.
"Yo creo que una pelea, es una, pelea, pero no, me sensibiliza mucho. Yo creo que el reclamo de justicia no puede cansarnos, ni por eso dejar de exigirlo. No puede haber una sociedad sin justicia, no podemos vivir pensando que no hay diferencia entre el bien y el mal", afirma Ana.
"Por eso, esa desazón, también esa tristeza, de todo lo que se está siguiendo hasta ahora, porque se sabe quienes fueron, se tienen los nombres, se saben bastantes detalles y, sin embargo, estamos a veintisiete años reclamando justicia", expresa.
Este año, aunque "esta cuarentena que nos tienen también tan angustiados sin poder tener lazos normales, y fluidos con las otras personas, con los cercanos, le da una modalidad", "seguramente estaré acompañada de algún familiar, y trataré estos tres días, porque es hoy, sábado y domingo, trataré de entenderlo una vez más, de tener la fortaleza, también, de seguir muy comprometida con esto, por eso no reparo de contarlo, porque pienso que tal vez alguno se sensibiliza, se sensibilicen, y entiendan. Eso me mueve así, Espero que el domingo sea también un día de recordación que transitaré como pueda", concluye.
Con una trayectoria centenaria, la AMIA es la institución central de la comunidad judía del país.
Creada en 1894 por un grupo de inmigrantes de origen judío, AMIA está vinculada a muchos argentinos desde el inicio hasta el final de sus vidas.
En sus comienzos, la fundación de un cementerio comunitario fue una de las primeras acciones que la entidad realizó. Los primeros inmigrantes judíos pudieron cumplir así, en la nueva tierra que los albergó, con las leyes y costumbres milenarias que rigen la historia y las tradiciones de la comunidad, vinculadas con el momento del fallecimiento de un ser querido.
Con la llegada de los sucesivos contingentes migratorios, las actividades de AMIA crecieron y se diversificaron. A partir de 1920, con el aumento de la población judía del país y su progresiva integración a la sociedad, la institución se convirtió en el espacio de articulación y participación de los judíos de la Argentina. La pujanza de su desarrollo quedó reflejada cuando abrió sus puertas, en 1945, su histórica casa de Pasteur 633.
AMIA fue la matriz generadora de importantes iniciativas como el Consejo Central de Educación Judía, la Federación de Comunidades Judías de la Argentina, y la Fundación Tzedaká, entre otras.
En 1994, para conmemorar el centenario de su creación, AMIA organizó una serie de festejos que fueron interrumpidos brutalmente el 18 de julio, cuando la sede fue blanco del terrorismo internacional. Desde entonces, la institución brega incansablemente para que los autores intelectuales y materiales del ataque sean juzgados y condenados.
Año tras año, la institución desarrolla diferentes acciones de recordación y pedido de justicia para honrar la memoria de las 85 personas que fueron asesinadas en el peor ataque terrorista que sufrió la Argentina.
La inauguración del nuevo edificio, emplazado en el mismo lugar que el anterior, se realizó el 26 de mayo de 1999, cinco años después del atentado. Bajo el lema “Por la justicia y por la vida”, la institución reabrió oficialmente sus puertas a las 9.53, el mismo horario en que explotó la bomba.
El 13 de junio de 2006, AMIA inauguró su nueva sede ubicada en Uriburu 650, donde funciona el Centro Integral de Adultos Mayores (CIAM), el área de Servicio Social, Infancia, Discapacidad, Voluntariado, el Servicio de Empleo AMIA, y el Programa Valor.