Hace tiempo irrumpía en el arte de Corrientes una mujer nacida en el Yaguareté Corá, fruto de una familia de arraigada tradición correntina. Al decir arte digo que Marily transitó la escultura, la pintura, la escritura, la música, fue una cultora universal y local.
Hablar del currículum sería extenso y tedioso, voy a hablar de la persona, de la Pombera a la que cariñosamente llamábamos.
Un escritor, un poeta, es cualquier cosa menos un profesional, a menos que le demos a la palabra profesión su antiguo valor etimológico, el de profesar, como se profesa una idea, una fe religiosa.
Lo otro es más o menos como pensar que alguien que estudió “escritor” reconoce a quien tiene, además de libros publicados, algo nuevo o interesante para decir, algo personal, un mundo propio, que sobresale y se reconoce de algún modo. Entre estos dos extremos están todas las gradaciones posibles. En Rusia, en un juicio contra el poeta Brodsky, el fiscal le preguntó: ¿A usted quién lo autorizó a decirse poeta?, Brodsky le contestó: ¿Y a usted quién lo autorizó a llamarse hombre? En realidad, uno se siente poeta o se siente escritor, y eso, en efecto, lo decide uno mismo, pero siempre hay un contexto externo que lo hace escritor. Marily era cualquier cosa menos un profesional del arte, humanista declarada, valoraba al ser humano y la condición humana, con generosidad, compasión y la preocupación por la valoración de los atributos y las relaciones humanas.
Marily, trashumante, le gustaba investigar, vivir y convivir, con otras culturas, pueblos, religiones, por eso no sabíamos nunca dónde estaba.
Fue una profeta y bien correntina, era una intermediaria como Pitia entre la hu-manidad y la divinidad. Tuvo varias experiencias personales con el Tupá, recibiendo de él la misión de comunicar sus revelaciones y contar cómo será la tierra sin mal celestial, era intercesora del pueblo Guaraní ante Dios y a su vez es mensajero de su palabra.
Y una cosa, se fue la mejor especialista en Pomberos, Marily supo darle a este personaje de la Mitología Guaraní, vida, lo hizo un ser que habitaba entre nosotros, a veces lo llamaba en guaraní, “Cuarahú-Yara”, y sobre todo resaltó sus virtudes, era enemigo de todo lo que atentaba contra la naturaleza, un ecologista sin saberlo, un duende del bosque que se encarga de proteger la fauna y flora de aquellos que matan más animales de los que van a comer o ta-lando árboles que no van a utilizar.
Se que no te has ido,solo estas en la pieza de al lado.
Te sigo llamando con el nombre que siempre te he llamado,hablo de vos como siempre lo he hecho,no uso ni un tono diferente ni solemne ni triste,me sigo riendo de los.mismos chistes que nos hacían reír,porque estarías fuera de mi.mente solo porque estas fuera de mi vista!!!
¡¡¡Salud donde estés!!!