Con aires de transición y de inauguración de una nueva era, Guillermo Lasso entró este lunes en la Asamblea Nacional para su investidura como nuevo presidente de Ecuador.
Juró el cargo, se colocó la banda presidencial y lanzó un discurso con veladas alusiones a sus dos predecesores como ejemplos del pasado. No habrá ni la “persecución” ni los “enemigos de la patria” ni el “culto al caudillismo” que hubo en etapas pasadas, dijo, en referencia a la década de Gobierno de Rafael Correa.
Habrá, sostuvo, un Estado “eficiente”, capaz de lidiar con una pandemia que ha lastrado la economía ecuatoriana y empobrecido a su población, que distribuirá nueve millones de vacunas contra la covid-19 en los primeros 100 días, a diferencia de la gestión de Lenín Moreno.