Corrientes, jueves 26 de marzo de 2026

Sociedad Mundo

Francia reabre cafés, museos y teatros tras casi siete meses

20-05-2021
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Era un momento para la alegría, una liberación tras el largo invierno pandémico y los más de 100.000 muertos, una inyección de optimismo para la ciudad de los cafés y los museos que, desde el cierre hace más de medio año de los cafés y los museos, había perdido algo de su esencia. París ha sido este miércoles una ciudad con más alegría y ligereza de lo habitual, pero no fue una fiesta.

El inicio de la reapertura, un proceso por etapas que debe terminar al final del próximo mes, quedó deslucido por los aguaceros y por la reticencia de muchos franceses a lanzar campanas al vuelo un año después del primer desconfinamiento. Si alguien esperaba una explosión de júbilo o una sensación de liberación colectiva tras meses de cierre, salió decepcionado.

La fiesta iba por barrios. Medio vacíos los cafés sin un renombre especial o alejados de las zonas más concurridas y algunos comercios cerrados definitivamente, daños colaterales de la crisis; colas, fotógrafos y cámaras ante en los establecimientos célebres, como en los legendarios Deux-Magots y Flore, en el barrio de Saint-Germain-des-Près, frecuentados en los años cuarenta y cincuenta por Simone de Beauvoir, Jean-Paul Sartre y sus amigos existencialistas.

“Los franceses se han visto privados de una forma de libertad y de convivialidad, y ya sabe que en Francia nos gusta pasar el rato discutiendo, debatiendo en las terrazas”, comentaba en Deux-Magots, Patrick Roger, director general de la emisora Sud Radio. “Se ha abierto una compuerta, ahora bien: no hay que olvidar que muchos restauradores han decidido no abrir: sus terrazas son pequeñas y no es rentable, o no tienen protección ante la lluvia. Hay un sentimiento mitigado”.

La terraza del Café de Flore de París este jueves.
La terraza del Café de Flore de París este jueves.BERTRAND GUAY / AFP
Eran las diez de la mañana, y Roger acaba de presentar el programa matutino de Sud Radio en una mesa en la terraza del café que, a esa hora, ya estaba lleno. Las tacitas con café solo y los croissants sobre las mesas habían vuelto a formar parte del paisaje de las calles parisinas. Cinco personas esperaban su turno para sentarse. Alguien pidió una botella de champán.

“¡París es la libertad! ¡Es reencontrar un poco de ganas de vivir!”. Emmanuel Delhoume, profesor de ajedrez de 50 años, hace cola ante el vecino café de Flore junto uno de sus cinco hijos, Caïus, de 10 años. “Le he dicho: ‘Caïus, hoy tiene derecho a no ir a la escuela. No: tienes la obligación de no ir’. A los diez años, no quiero que se acuerde solo del confinamiento. Quiero que se acuerde que, en este día, estuvo en el café.”

Y así es como ha decidido pasar con él una jornada de cafés. El culto a la terraza, que como decía Roger es el culto a la conversación, pero también a las horas perdidas o de trabajo, a la convivencia con extraños, al “arte de vivir a la francesa”, como proclamó el presidente Emmanuel Macron al anunciar, a finales de abril, un calendario para la reapertura en el que el 19 de mayo estaba marcado con el jour J, el día D, el principio del fin.

Macron se apresuró a demostrarlo, a primera hora de la mañana, con un vídeo de él, junto a su primer ministro, Jean Castex, en una terraza cerca del palacio del Elíseo, la sede presidencial. Fue el día de las fotos y las selfis en las redes sociales. No de personas inyectándose la vacuna —ya son 30,8 millones quienes han recibido al menos una vacuna en Francia, un ritmo acelerado tras los titubeos iniciales—, sino de personas en la terraza, símbolo, tanto o más que la vacuna, de la liberación.