Corrientes, sábado 12 de junio de 2021

Opinión Corrientes

Los bienes terrenales y la felicidad,por José Miguel Bonet desde Mburucuya

08-05-2021
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De acuerdo con Aristóteles, existen tres tipos de bienes, los cuales son catalogados en: exteriores, en los del alma y en los del cuerpo. El fin de la felicidad se encuentra incluido entre los bienes del alma y no entre los exteriores; esto debido a que si se enfocara en los exteriores, entonces la felicidad sólo estaría basada en lo superficial y la forma de actuar del hombre no importaría para que éste fuera feliz.

Es por esto que el filósofo concuerda con la creencia que se tiene, de que el hombre feliz es el que además de vivir bien, obra bien.

Desafortunadamente en pleno siglo XXI un gran número de personas ha puesto su felicidad justo en los bienes exteriores, donde la superficialidad al parecer vino para quedarse.Ser feliz es cualquier cosa hoy y menos un acto inocente.

Exige tiempo, esfuerzo, planificación, dinero, sudor, drogas, programas de televisión, memes, cuñados con gracia, apartamentos con vistas, rutas por el bosque, descanso activo, nuevos retos, dietas de adelgazamiento, masajes ayurvédicos, masajes de los otros, hijos, amigos en Facebook, seguidores en Twitter, despedidas de soltero, pan con levadura madre, vermut... Admitámoslo, es agotador. Sobre todo desde que convertimos el concepto de felicidad,
históricamente asociado al control de las pasiones y a la satisfacción de las necesidades, en sinónimo de diversión. Neil Postman creyó detectar en el cambio de paradigma desde la sociedad acostumbrada a informarse leyendo a la que prefiere ver la tele el principio de un nuevo tiempo, el tiempo del entretenimiento. En uno de sus cuentos más disparatados, el excesivo y genial Yasutaka Tsutsui describe el periplo de una familia desde la ciudad abarrotada a la playa

Igual de tumultuosa que la de la foto en Seúl. "Todos sonreían a solas como si estuvieran locos de euforia. Se limitaban a mirar hacia delante con la mirada perdida", escribe para describir el instante de alegría casi infinita en el que, por fin, el protagonista alcanza el agua tibia del mar. Hace ya unos metros que ha dejado de pisar la arena. Sus pies sólo reconocen el tacto blando de los cuerpos de los que como él buscaban la felicidad. Ya han muerto. Dentro de poco, él también perecerá ahogado. Pero feliz.


Claro que no se puede dejar de lado que la felicidad en alguno momento para hacerse presente tendrá que reclamar algunos bienes externos, pues es cierto que aquel sujeto que esté desprovisto de este tipo de recursos o bienes, no podrá actuar de manera recta y tener a su alcance los recursos que podrán darle una mejor calidad de vida y por ende proporcionarle cierta felicidad.

Con esto pareciera que la felicidad exige un substituto de prosperidad por lo que es muy común que la gente asocie el hecho de ser feliz con el hecho de poseer fortuna.La felicidad además de estar asociada con la fortuna también llega a estar asociada con la virtud.Aristóteles no sólo se enfoca en la virtud sino también en su lado contrario. Nos habla de la fanfarronería, la vergüenza, de aquellos que son iracundos, coléricos y amargados. Hace énfasis en ellos para enseñarnos que este tipo de conductas son aquellas que no sólo no son dignas del bien del que se ha estado hablando, sino que impiden por completo llegar a la felicidad que puede darse en algún momento.

Por supuesto que no estamos exentos de las trivialidades que podamos sufrir a lo largo de este camino, de lo que se trata no es de alcanzar un estado de felicidad que será eterno, sino alcanzar momentos de felicidad que harán mucho más satisfactoria la experiencia de vivir.“No hay un camino a la felicidad: la felicidad es el camino.” Buda Gautama