Una experta nuclear ucraniana ha hecho sonar las alarmas sobre los riesgos para la salud que representa para varias generaciones el agua contaminada de la central nuclear de Fukushima que Japón planea arrojar al océano.
"Verter 1,2 millones de toneladas (de aguas residuales radiactivas) en el océano es una barbarie... Sé de primera mano lo mal que afecta a las personas", dijo Olga Kosharna, miembro de la Junta de Inspección Estatal de Regulación Nuclear de Ucrania en una entrevista con Xinhua.
Las aguas residuales que Japón planea verter al mar contienen tritio, un subproducto radiactivo de los reactores nucleares, que podría plantear riesgos para la salud incluso en las próximas generaciones, advirtió la experta.
"El tritio es un elemento muy peligroso para el cuerpo humano... Su vida media es de 12,5 años y provoca la irradiación interna de las células, lo que conduce a consecuencias irreversibles, principalmente para los embriones humanos y las mujeres embarazadas", explicó Kosharna.
Que la vida media del tritio sea de más de doce años, significa que la mitad de los átomos radiactivos se desintegrarán durante esa cantidad de tiempo, un ciclo repetido que dura literalmente para siempre.
La central nuclear de Fukushima Daiichi ha almacenado 1,25 millones de toneladas de agua en tanques después del accidente de 2011. El agua de mar se utilizó para enfriar los reactores, que se derritieron tras el terremoto y el tsunami. Se espera que el operador de la planta, Tokyo Electric Power Company, conocida como TEPCO, se quede sin espacio para almacenar el agua contaminada con energía nuclear para el verano de 2022.
"Japón se está quedando sin tanques de almacenamiento. Está claro que la vida media (del tritio) se acerca, pero hay mucha tecnología", sostuvo la especialista.
Añadió que Canadá y Rusia han ofrecido a Japón tecnología de eliminación de tritio que cumple con los estándares de seguridad, pero Tokio rechazó la ayuda.
Al hablar sobre la forma en que Japón lidió con el accidente de Fukushima, Kosharna declaró que estaba sorprendida por los esfuerzos de limpieza, que llevaron a explosiones de hidrógeno en la planta que liberaron materiales radiactivos a la atmósfera.
"He seguido el desarrollo del accidente de Fukushima. Siempre he sido fanática de la tecnología japonesa, pero cuando vi que dejaron que el accidente se transformara en una explosión de hidrógeno, me alarmó", denunció Kosharna, señalando que Japón no estaba preparado para el accidente de Fukushima.
Acotó que "en ese momento no había ninguna institución científica en Japón que estudiara la distribución de radionucleidos en diferentes ambientes".
La incompetencia profesional estuvo detrás de las devastadoras consecuencias del desastre en la planta de Fukushima, ponderó Kosharna.
"El jefe de la empresa TEPCO, que opera la planta, era (solo) un administrador efectivo. Era solo un banquero de inversiones, una persona que no tiene experiencia laboral en el sector. No entendía los procesos físicos", incidió la experta.