Corrientes, domingo 13 de junio de 2021

Opinión Corrientes

Nuestra indigente democracia, por Jorge Eduardo Simonetti

20-04-2021
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“Hay muchos más paralelos entre Qatar y Formosa o entre Kuwait y Santa Cruz, que lo que uno podría imaginar”.

J. E. Simonetti

“Las zonas oscuras de la democracia”

Cuando hablamos de indigencia nos estamos refiriendo a las personas que carecen de lo económicamente indispensable para vivir. Al titular mi artículo con la expresión “indigente democracia”, estoy construyendo una figura metafórica que intenta significar un sistema político que no tiene los elementos suficientes para ser considerado plenamente como tal.

En mi libro “Las zonas oscuras de la democracia” (2020) expresé que “las provincias con menor población, tanto sean las del norte pobre como las del sur con baja densidad demográfica, son altamente dependientes de los recursos nacionales, lo que les ha valido el mote de provincias rentísticas o emiratos subnacionales”.


En dichos casos, las elecciones son muy poco competitivas, porque los oficialismos juegan con el efecto de “cancha inclinada”, a raíz del determinante manejo de los recursos del Estado. Difícilmente opere aquí una de las premisas del sistema democrático, que es la alternancia. Los gobernadores de estos “emiratos subnacionales” se convierten en verdaderos “príncipes democráticos”.

Sin embargo, a fuerza de una persistente terquedad conceptual, digo que el sistema no solo se alimenta de la actuación de los gobernantes, son también actores fundamentales la oposición política en particular y la sociedad en general.

La inexistencia o la escasez de masa crítica en el debate público, debilita la democracia, porque la genética del sistema supone la existencia de alternativas, por lo menos dos, una distinta visión sobre los temas importantes.

Si ellas no existen, o son insuficientes, o no son identificables por el gran público, se consagra el discurso único que empobrece y anula.

Al contrario de lo que podría pensarse, la democracia se fortalece a partir del conflicto, entendido este como la distinta visión sobre los problemas de una comunidad. Al existir diferentes opiniones y propuestas, el debate público se enriquece y los votantes tienen las alternativas que la pluralidad supone.

En este año electoral, en el que en nuestra provincia se elige gobernador, ¿tenemos los correntinos algo que debatir? además de la pandemia, obviamente. ¿Cuál es la agenda del debate público en Corrientes? ¿Qué alternativas se juegan en los próximos comicios además de los nombres de los gobernantes?

Con toda honestidad intelectual debo confesar que me cuesta identificar temas que conformen el núcleo político de la disputa electoral, aquellos que merezcan una toma de posición del arco partidario para que la población conozca los posicionamientos y se generen alternativas.

Entonces, si las distintas expresiones políticas carecen de posicionamientos políticos porque precisamente no tienen conformada la agenda del debate público, ¿en base a qué vamos a votar a uno o a otro?, ¿por su linda cara, por su simpatía, por la camiseta, por instinto?


Si el sistema funciona y se enriquece con la puja de ideas y alternativas, debo decir que nuestra democracia es muy pobre, casi indigente diría, con una chatura intelectual que nos envilece y nos condena.

Los últimos turnos electorales vieron la competencia entre alianzas, cada una con varios partidos en su conformación. Ello se repetirá en 2021, pero creo firmemente que las alianzas, y más aún sus partidos integrantes, no tienen algo distinto que proponer a la población, en ideas y proyectos de fondo.

Conste que no estoy hablando ni de la problemática mundial ni de la fractura social y política existente en nuestro país, que proyecta sus consecuencias hacia todos los niveles. Me refiero al debate de los intereses provinciales hacia adentro y proyectados a escala regional y nacional.

En Corrientes, como en casi todas las provincias, los partidos en competencia normalmente tienen votos pero no trabajan para generar ideas, y paradójicamente existen otros espacios que trabajan con las ideas pero carecen de votos.


Los think-tank, cuya traducción literal del inglés es “tanque de pensamiento”, resultan herramientas importantes para actuar como centros de debate, laboratorio de ideas, gabinetes estratégicos, cuya función es la reflexión intelectual sobre asuntos públicos. Conozco uno solo en Corrientes en pleno funcionamiento, que es el Club de la Libertad, de tendencia liberal (no me refiero al tradicional partido de Corrientes), y que de manera incansable brega por construir la agenda pública desde su propio ángulo ideológico. El resto brilla por su ausencia.

Si yo digo que una comunidad conformista y un buen gobierno adormecen el debate público, seguramente los lectores se preguntarán ¿qué está diciendo este hombre? Lo explico seguidamente. Con una gestión medianamente eficiente, que cumpla razonablemente con los requerimientos sociales en un contexto histórico determinado, toda la sociedad y las élites políticas, incluyendo la oposición, ingresan en una zona de confort de la que no necesitan ni quieren salir.

El pensamiento se vuelve cansino y superficial, se postergan las discusiones sustanciales, se enmascaran los problemas principales, no se proyecta en grande, se ingresa en la zona gris del conformismo alienante, no se sueña, no se ambiciona, no se planifica, no se levanta la vista, se mira el camino pero no el horizonte.

Y ese marco de comodidad que paraliza es de mayor responsabilidad de la oposición política que del oficialismo. Si no hay debate público ¿quién gana? Obviamente el Gobierno, porque quien tiene que proponer alternativas es la oposición.


Se ingresa, de tal modo, en un círculo vicioso, porque el Gobierno no quiere el cambio, y quienes sí lo deberían querer, sus rivales políticos, tienen muy poco para decir, poco para proponer y poco acceso a los medios para difundir. Y es en definitiva la sociedad la que entra en pérdida.

Los órganos colegiados con representación proporcional —estoy hablando de los poderes legislativos— constituyen la caja de resonancia del sistema, porque en ellos convive el pensamiento plural. Se supone, mejor dicho se necesita, que en los mismos se debatan los temas importantes con las visiones diferentes de cada quién, que finalmente podrá definirse por votación o por los consensos alcanzados.

Sin embargo, ¿sabe Ud. qué se debate en la Legislatura en estos tiempos, qué temas importantes, qué opiniones diferentes se formulan, qué propuestas confrontan?

Creo que el débito democrático en el ámbito de las provincias, en la mayoría, no es de sencilla resolución, depende no solo de los gobiernos, también de una oposición política más enjundiosa y de una cultura social que no esté inmersa en la chatura del conformismo alienante.

Si Corrientes no debate sobre su economía, su infraestructura, su seguridad, su educación, su salud pública, su pluralidad informativa, si no confrontamos sanamente las visiones diferentes de provincia que tengamos (si es que las tenemos), el próximo turno electoral nos tendrá inmersos en nuestros propios sesgos, viendo el árbol pero no el bosque.