(por Jose Miguel Bonet desde Mburucuya.). En nombre de la mayoría se liquida la democracia. Esta realmente consolidada la democracia??. La democracia nunca está consolidada y jamás debe darse por supuesto.
Las generaciones de Argentinos mayores lo sabemos, no así los más jóvenes, que se han criado en ella, y la dan por descontada. Mala cosa, es más frágil de lo que pensamos, y ello porque su mayor enemigo es la demagogia, que se aprovecha de la regla de la mayoría, pero para destruirla.
El mundo está hoy lleno de democracias iliberales, falsas, con elecciones y mayorías más o menos amañadas. Esa es la razón de que el verdadero test de la democracia no son las elecciones, sino el respeto a la minoría,Si el talón de Aquiles de las democracias es la vulnerabilidad interna, los golpes de Estado (digamos) “modernos” no lo asaltan desde fuera —como la Bastilla o el Palacio de Invierno— o como derrocaron a Yrigoyen, sino desde dentro, aprovechando los recursos del mismo Estado y una mayoría más o menos coyuntural.
Una estrategia —la del entrismo—, que no fue inventada por Trotski como suele creerse, pues comenzó con Mussolini, le imitó Hitler con éxito notable, y hoy continua con Chávez, Erdogan, Bolsonaro, Kaczynski, AMLO, Duterte, y el propio Trump y siguen,hay atisvos de politicos Argentinos de contagiarse de estos promotores.
La táctica es conocida: se genera desorden, se ofrecen como salvadores para acabar con el desorden, y para ello se obtienen leyes habilitantes que subvierten el rule of law y cancelan el juego de las instituciones, especialmente las protectoras de las minorías, ya sean la Constitución, los jueces, el ejército o la policía.
Todo en nombre de la mayoría, de modo que la lógica —la hybris— democrática liquida la democracia. La actual pandemia —como ha mostrado Freedom House en un reciente informe— está amparando no pocas de esas leyes habilitantes, dando lugar a un notable crecimiento de democracias iliberales en el mundo.
Y desde luego, un estado de alarma despues de meses para gobernar mediante decretos leyes,no tranquiliza mucho. No todo lo legal es legítimo.
El gran instrumento de la demagogia es la mentira; Goebbels lo sabía bien. Primero se marca al “otro”, luego se estigmatiza, finalmente se le pone una diana —o una estrella amarilla—, y finalmente se “depura”.
Puede tratarse de caramelos envenenados, conspiraciones de sabios judíos, multinacionales farmacéuticas, trilaterales, neoliberalismo, vacunas perversas o salvadoras, redes pedófilas o cualquier otro disparate.
La gente no se interesa mucho por las complejidades de la política; está en sus propias preocupaciones, busca explicaciones sencillas, y la más simple es suponer que, en alguna parte, un grupo de manipuladores hiperinteligentes mueve los hilos de la historia, aunque sepamos que esta es más resultado de la ignorancia y la torpeza que de la inteligencia,hoy la fake new somos nosotros,nuestra ignorancia y desinteres.
Otroel gran aliado de la mentira son hoy las redes sociales, que se han revelado como un magnífico instrumento para diseminar la posverdad. De una parte rompen el espacio público en burbujas opináticas autogratificadas que se retroalimentan, y la racionalidad y la prueba empírica desparecen; si todos los creen, ¿cómo no voy a creerlo yo?
Es más, la fragmentación del ágora publica impide hablar de “una” opinión pública; ni siquiera compartimos los mismos hechos. Los hombres actuamos, no en función de como son las cosas, sino en función de cómo nos las representamos, y los golpismos —más aún los posmodernos— viven de controlar el “relato” y la narración, les importa un bledo la realidad.
Como cuenta Ian Kershaw en su magnífica biografía de Hitler, a éste sólo le importaban sus discursos y la propaganda, tarea en la que era un magnífico profesional. El Aló presidente, las “mañaneras” de López Obrador o el gobierno por tuits de Trump, las cadenas nacionales,siguen la misma táctica: ocupar el espacio público con mensajes cortos, sencillos, emocionales (no contrastables), repetitivos y divisivos. Hemos constatado una y otra vez que nada hay más poderoso y peligroso que las ideologías,que no son lo mismo que ideales (ya sean religiosas, nacionales, de clase, étnicas, etcétera), y de eso se trata.. Y por supuesto lo son el fascismo y el comunismo .
Pero el medio es el mensaje, y las nuevas ideologías posmodernas se ajustan a un tuit como un guante.Por otra parte ¿hay mejor instrumento para convocar y gestionar happenings que las redes sociales? Con un golpe de tuit las multitudes se ponen en marcha al instante y su misma movilización puede ser gestionada on line.
Lo hemos visto una y otra vez en muchos lugares, a veces para bien, otras para mal,y son los nuevos prpscriptores modernos.La salud de la democracia exige una vigilancia estricta y pocas bromas con quienes nos aseguran que desean liquidarla.
Y hay que creerles en lo que dicen y no pensar, complacientemente, que son exageraciones o exabruptos, como pensábamos . Si dicen que quieren asaltar el parlamento,que quieren purificar la justicia o poner a disposicion de los gobernantes el helicoptero creele.. Créele incluso si te dicen que desean garrotear a una persona hasta que sangre.
Es eso lo que quieren hacer. No mires para otro lado y cuidado con estos sintomas,el modelo de Santa Cruz o Formosa, provincias en donde la competencia electoral fue suprimida a partir de reformas electorales que violan derechos políticos de ciudadanos y partidos de la oposición y por otro lado se encuentra el ala internacionalista que tiene como modelo político un totalitarismo de izquierda que pudo consagrar en la propia Constitución la equiparación de la figura de "traición a la patria" con la de la actividad política opositora,el hecho de avalar la ilegalidad de las elecciones Venezolanas,discriminar a la mujer que ganó el concurso de mérito para ocupar la vacante en la Cámara Nacional Electoral.
La excluyó y puso en su lugar a un referente de las provincias con marcado déficit democrático que además fue apoderado de su partido político. Algo que sería un escándalo en cualquier país con un mínimo interés por la rendición de cuentas y la institucionalidad y no permitamos un discurso polarizante propio de los populismos autoritarios. El pueblo versus el anti pueblo, la patria versus los antipatrias,esto no podemos permitir para el bien de la salud de la democracia.