La escritora y docente entrerriana María Aurora Gazzino, comparte con momarandu.com dos poemas inéditos y uno ya publicado en su libro "De Regreso".
TEXTOS INÉDITOS DE MARÍA AURORA
EL PREMIO
(A Donna, nieta botijita, en su primer cumpleaños) / “Guardaré para siempre/ y por si acaso, bebé/lo más puro de mi vida/ un cantero de besos y de abrazos, bebé/para verte florecida" (Luna Monti y Juan Quintero, "Regalitos")
Fue en noviembre. La luna resolvía
migrar desde mis sienes a su frente,
y un ángel campanero se caía
en la cuna de mi pecho, insolente.
Regresada en la nana, yo era guía,
faro y timonel, remanso y fuente.
Ella, espuma y cascabel, jazmín que abría,
bulloncito de sol, hoyuelo riente.
Y nunca más mi cielo sin el trino
de ese breve gorjeo que la nombra.
Repetida en el hijo es gota, pino,
cascadita y tambor, menta y alondra.
Alto y azul regalo del destino:
sentirla agua en el cuenco de mi sombra.
(Paraná,06/11/2019)
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DE REGRESO
A mi madre
Se me enquistó tu ausencia
aquí en el pecho,
y el puñal de que no estés,
definitivo.
Hoy deambulo titubeante
en la manera
de habitar la vida
sin tu patio en trinos.
Me sorprendo cada tarde
en tu silencio
abismado en tu voz,
justo a las cinco.
Y ese ángel que me dabas
por las noches
resuelve el sueño
entre sus alas, abatido.
Presiento a las palomas
de tus manos
(ya antes emigradas
hacia un torpe exilio)
a las mías regresadas,
pretendiendo
en la frente de tus nietos
hacer nido.
Desamparo visceral
el que sentencia
que dejé de ser hija
aquel domingo,
e imprudente desencuentro
el de ese gesto
que retiene vuelos
por negar vacíos.
Acompañé ese tuyo
ala con ala
(razón y corazón
como enemigos)
y en el hueco del soltarte
aquella tarde,
replegando el alma
fui gorrión caído.
Al amparo de esta noche,
y de regreso
al andén desolado
de mis signos,
me recuesto
en el regazo de tu sombra
Y te pido que me acunes.
Tengo frío.
(Paraná, 28 de noviembre a 3 de diciembre de 2015)
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MÁS ALLÁ DEL GREENWICH (poema del libro De regreso)
A la Paraná de mis veinte años
Puedo decir
que mis espacios
(siempre estrechos y azulados)
se subliman cuando
salen a tus calles;
que mis versos
(siempre esquivos y velados)
se trastornan
en tu aire;
que mis rostros
(siempre pieles de tu rostro)
fueron siendo en tu paisaje;
que mis tiempos
(siempre brotes de tu tiempo)
han hecho noche en tu talle;
que mi nombre
(harto de tinta y suspiro)
se alimenta con tu sangre;
que mis muertes
(siempre con lluvia y con miedo)
te trashuman por el parque;
que el amor
(siempre nómade y lejano)
se hizo ochava en tu equipaje.
Puedo decir
que mantengo el misterio de las cosas,
(de los tiempos y lugares)
mas no creo en lo arbitrario del destino:
yo era parte ineludible de tu estirpe,
vos debías, entonces, engendrarme.
Porque yo puedo decir Paraná
y así, al nombrarte, nombrarme.
(1980)