La muerte a manos de policías de Giovanni López en México ha sacudido a un país incapaz de mejorar sus fuerzas de seguridad. Detenido el 4 de mayo en un municipio de Jalisco, López pasó la noche en el calabozo.
Allí los mismos policías le habrían golpeado hasta dejarlo al borde de la muerte. López, malherido, falleció a la mañana siguiente en un centro médico. Nadie además de la familia y las autoridades locales y estatales supieron de lo ocurrido en casi un mes. Y esta semana, cuando el gobernador y el fiscal se refirieron por primera vez al caso, presionados por la prensa, dijeron que se investigaría lo ocurrido. La pregunta evidente es qué hicieron durante las semanas anteriores.
Este jueves, cientos de manifestantes han marchado desde el Parque Revolución, en el centro de Guadalajara, hacia la sede de Gobierno del Estado. La protesta, en pleno pico de contagios del coronavirus, ha recordado a las vividas en Estados Unidos los últimos días, tras el asesinato de George Floyd, también a manos de policías. Los manifestantes han incendiado vehículos policiales y han llenado de pintadas la fachada del Palacio de Gobierno. La policía ha dispersado la marcha con gas lacrimógeno cuando un grupo ha intentado entrar por la fuerza al edificio.
En redes sociales, personalidades como Guillermo Del Toro, Salma Hayek o la banda Molotov han exigido el esclarecimiento de la muerte de Giovanni. Del Toro, que suele usar su cuenta de Twitter para canalizar denuncias ciudadanas, ha escrito: “A más de un mes, no hay respuestas, no hay arrestos. No es abuso de autoridad. Es asesinato”. El cineasta añadía: “El sinsentido -la locura absoluta- es que ocurra un asesinato a nombre de un asunto de salud publica”. Del Toro se refería a las denuncias de los familiares de Giovanni, que decían que su detención se produjo porque este no llevaba cubrebocas.