Foto del archivo histórico de la Provincia del Chaco
( Por José Miguel Bonet). En el año 1945, el entonces Comisionado Municipal de Mburucuyá, José Miguel Bonet, solicitó al Gobierno nacional la construcción de un puente que uniera Corrientes y Chaco.
Durante su gestión solicitó al Gobierno nacional la construcción de un puente carretero ferroviario que uniera a las provincia de Corrientes y Chaco, primer antecedente existente sobre la construcción del puente “General Manuel Belgrano” y de muchos otros emprendimientos, que en la década de los ’40, eran las de un intrépido soñador. La utopía es el principio de todo progreso y el diseño de un futuro mejor, seguramente eso pasó por la mente de don Bonet en el año 1945 cuando difundió la iniciativa.
El general Laureano O. Anaya, en su segundo mandato como interventor federal en la provincia de Corrientes, año 1945, designa a un tucumano como ministro de Gobierno, el dr. Ramón Díaz Ulloque, y este – a su vez- decide nombrar comisionado municipal de Mburucuyá a don José Miguel Bonet, habida cuenta de su militancia en las filas de la Unión Cívica Radical. Bonet, nacido en Chascomús, llegó a Mburucuyá guiado por el entonces arzobispo Niella. Tiempo después decidiría radicarse en el pueblo y se casa con Herminia del Pilar Maidana, familia tradicional y descendiente de don José Maidana, quien donó los terrenos del pueblo de Mburucuyá.
En mayo de 1945 el Interventor municipal recibe un cuestionario del Ejecutivo nacional, donde se solicitaba llenara con lo que consideraban importante e imprescindible, con visión geo estratégica plantea al Gobierno nacional, la necesidad y absoluta prioridad, un camino mejorado que partiendo de Mburucuyá cruce el río San Lorenzo, siguiendo por Ramones, El Pollo, Las lomas de Empedrado hasta unirse a Capital (hecho realidad), posteriormente pavimentarlo (gestión aun no cumplida) y la construcción de un puente carretero ferroviario para unir las provincias de Corrientes y Chaco (cumplido en parte ya que es sólo carretero) y de esta manera conseguir mejores mercados en las provincias del Chaco, Formosa, Santa Fe.
Las fiestas del santo patrono San Antonio de aquel año estaban cerca, el vecindario se preparaba para el vermut y la velada del Club Unión, para las carpas, el juego de la taba y el bolo, las canciones argentinistas, bailes regionales y el acto religioso.
El 13 de junio el Municipio de Mburucuyá, da la bienvenida a las autoridades con un folleto en el cual el párrafo principal decía lo siguiente: “el Municipio de Mburucuyá promueve la construcción de un puente carretero ferroviario que una las provincias del Corrientes y Chaco”, primera referencia institucional conocida sobre la concreción de la obra finalmente inaugurada el 10 de mayo de 1973.
En Las contingencias políticas del año ’45 , Bonet, continúa su militancia dentro de la Unión Cívica Radical y en la provincia de Corrientes triunfa el dr. Blas Benjamín de la Vega, candidato radical, única provincia donde el peronismo no se impuso, este le ofrece ser administrador del tren el económico cosa que el acepta y agradece esa distinción.
Don José Miguel Bonet, residía en su quinta la Pomona situada en el paraje El Pago de Mburucuyá donde se dedicó a la citricultura, como consecuencia de ello se traslada al pueblo, allí alquila una parte de la casa de Nagle y Yolanda Aquere (familia a la que siempre estuvo ligado) y donde habita durante todo el periodo que le tocó ejercer como Comisionado Municipal.
En esos años Mburucuyá era un pueblo bien correntino, su vía de comunicación segura con Capital, era el tren el económico, ya estaban los hoteles de Laurenzana y Pucciariello, el auto de alquiler de López, las casas de negocios importantes como Lentijo, Torrado, Mafud Aquere, Cereniche y otros.
El Club Unión era el epicentro social, el pueblo vivía de los cultivos tradicionales, de las quintas de naranjos ,de la ganadería. La Querencia de Eustaquio Miño, era el refugio de la alegría y de la diversión.
Don José Miguel Bonet, muere en Mburucuyá el octubre de 1974,sus restos reposan ahí, en esa tierra que el adoptó como suya, donde cultivó y vivió aportando su esfuerzo. Pudo contemplar con lo que le quedaba de vista el puente luego de transitar el camino soñado bajo el milagro de utopías hechas realidades.