Foto: Moustafa al-Kazimi.
Moustafa al-Kazimi, exjefe de inteligencia, ahora intentará reconectar con la clase política más fragmentada del Irak posterior a Saddam Hussein.
Después de cinco meses de vacancia en el poder, el gobierno formado por el exjefe de inteligencia Moustafa al-Kazimi, juramentó durante la noche del 6 de mayo. Al-Kazimi heredó una economía débil, relaciones diplomáticas en su punto más bajo y la amenaza de nuevas manifestaciones ante la austeridad.
"Hemos prometido proteger este país y brindar tranquilidad a los ciudadanos y enviarles un mensaje de que este gobierno trabajará para proporcionarles medios de vida digna", afirmó Al-Kazimi en el acto, al abogar por la "cooperación" para enfrentar los desafíos económicos, de seguridad y sanitarios.
Las carteras, altamente codiciadas por muchos partidos políticos, de Asuntos Exteriores y especialmente de Petróleo, en el segundo país productor de la Opep, siguen vacantes, al igual que otras cinco.
Exjefe de los servicios de inteligencia de Irak, el ahora primer ministro vivió durante años en Estados Unidos y Reino Unido, un factor que le ayudó a estrechar relaciones con países occidentales, al mismo tiempo que mantiene una postura cordial con Teherán, que desde el primer momento dio el visto bueno a su nombramiento.
LOS DESAFÍOS DEL NUEVO GOBIERNO
A partir de este jueves 7 de mayo, el nuevo gobierno tendrá que trabajar para tranquilizar a los iraquíes frente al desempleo debido al confinamiento, los ingresos del petróleo tras la vertiginosa caída del recurso, la única fuente de divisas del país, y la idea de Bagdad de imprimir dinares iraquíes, lo que hace temer una devaluación masiva. Debido a esto, su gobierno será de austeridad según adelantó.
Al-Kazimi también deberá trabajar para reconectar con la clase política más fragmentada del Irak posterior a Saddam Hussein. Al cambiar de gobierno, por primera vez desde que los estadounidenses derrocaron a Hussein en 2003, Bagdad quiere dejar atrás el año y medio de Adil Abdul-Mahdi en el poder.
Así mismo, tendrá que reanudar las conversaciones con Estados Unidos, cuyas tropas están bajo una orden de expulsión del Parlamento que nunca se ha aplicado y que fueron de nuevo blanco de tres cohetes el 6 de mayo por la mañana.
Por el momento, se ha fijado una cita con una delegación americana para un "diálogo estratégico" en Bagdad en junio. Mientras tanto, el Secretario de Estado de EE.UU., Mike Pompeo, acogió con beneplácito la formación del nuevo gobierno iraquí y concedió a Bagdad una nueva prórroga de la exención que le permite importar gas iraní, a pesar de las sanciones contra ese país por parte de Washington.
El nuevo mandatario se enfrenta a una amenaza latente, mientras las brasas de la revuelta de octubre aún arden, especialmente en la Plaza Tahrir de Bagdad, donde todavía acampan un puñado de personas. Al-Kazimi les prometió elecciones anticipadas pero no parece que se abra ningún horizonte y el propio primer ministro saliente, Abdul-Mahdi, tardó cinco meses en dejar el cargo a pesar de su dimisión.
Abdul-Mahdi, que dimitió el 29 de noviembre entre fuertes protestas, pidió una "transición pacífica del poder" pese a las complicaciones en la fragmentada escena política y llamó a sus exministros a cooperar con los colegas entrantes en esta etapa inicial.
Fuentes: France 24, EFE y AFP