Un informe periodístico se enfoca en cómo la aparición de la tecnología 4G en la Argentina cambió la forma de comunicarse de los mafiosos y narcos e hizo más complicada la tarea de investigadores. Sobre el caso de la red narco de Itatí, desde la fiscalía federal de Corrientes expusieron que la falta de señal de internet en la frontera obliga a los delincuentes a usar los antiguos Nokia 1100, lo cual favorece la investigación.
El informe del diario La Nación expone cómo la tecnología se hizo más sofisticada y difícil la tarea de los investigadores.
Casi ya nadie habla por teléfono, porque se utilizan sistemas de mensajería que no pueden ser interceptados por las empresas de telefonía, como ocurría en tiempos analógicos, cuando las causas judiciales estaban sustentadas muchas veces en escuchas telefónicas.
Estos cambios obligaron a los investigadores judiciales a ir en busca de los aparatos telefónicos, por lo que muchos allanamientos ordenados por la Justicia solo tienen como finalidad encontrar celulares. Sin esos equipos no se puede acceder a los diálogos, por ejemplo, en WhatsApp o Telegram, que ya empezaron a transformarse en una antigüedad.
Diego Iglesias, titular de la Procuraduría de Narcocriminalidad, explicó a LA NACION que, por ejemplo, el clan Loza, desarticulado en octubre de 2019, usaba un sistema de comunicación que era imposible de acceder, denominado Encorchat.
Señaló que la aplicación Encorchat no usa una línea de teléfono asignada y se desactivan los micrófonos, la cámara, el audífono, el GPS del celular y el usuario evita conectarse a una red inalámbrica.
Iglesias agregó que "hay situaciones en que la propia Justicia ordena a las empresas de telefonía que anulen el servicio de datos a los investigados para obligarlos a hablar por teléfono".
Así, las áreas sin señal son una trampa para los investigados.
En esa línea, se destaca, como caso emblemático, el de Itatí, Corrientes, donde no hay buena señal de celular y los únicos teléfonos que funcionan en esa región fronteriza con Paraguay son los antiguos Nokia 1100, que en el pueblo se venden más caros que un smartphone.
Los "chajás", como los narcos Federico Marín y Luis Salcedo apodaban a los jóvenes que servían de vigía, usaban estos aparatos en las canoas desde donde custodiaban los cruces desde la costa paraguaya hasta la correntina.
El fiscal federal de Corrientes Carlos Schaefer, que investigó el entramado narco de Itatí, sostuvo que las intervenciones telefónicas "siguen siendo útiles, porque aportan información más allá de que muchas veces no se captan conversaciones”.
Por ejemplo, en un traslado de droga los punteros, que son los que van custodiando el cargamento en otros vehículos, deben usar el teléfono en las rutas donde no hay señal. Se espera ese momento".