Foto: Un imán reza en una mezquita de Podgorica (Montenegro) el 23 de abril de 2020
Tras la Pascua cristiana y judía, el Ramadán, el mes musulmán de ayuno y oración, se inició este viernes en medio del confinamiento de centenas de millones de fieles en el mundo, que no podrán rezar en las mezquitas ni reunirse en familia debido al coronavirus, que ha causado más de 190.000 muertos.
Del total de fallecidos, dos tercios están en Europa y cerca de 50.000 en Estados Unidos, donde el presidente Donald Trump volvió a causar la polémica al sugerir que los enfermos debían recibir inyecciones de "desinfectante", afirmaciones rápidamente refutadas por expertos médicos, que acusaron al dirigente de ser "irresponsable".
El mundo musulmán dio inicio este viernes al Ramadán, durante el que los creyentes se abstienen de comer y beber desde que sale el sol hasta que se pone y que es tradicionalmente un periodo para compartir y reunirse. Es también un periodo de oración y recogimiento en el que los musulmanes acuden en masa a las mezquitas, sobre todo por la tarde y la noche.
Pero la mayoría de los países musulmanes en Oriente Medio, África del Norte y en Asia, han cerrado las mezquitas y prohibido las congregaciones nocturnas, con el beneplácito de las autoridades religiosas.
El 'iftar', la comida de ruptura del ayuno tras la puesta de sol, será como otros años, cuando las familias y los amigos se reunían para compartir las abundantes mesas. Y la oración de la noche, se hará en casa en vez de en las mezquitas.
El rey Salmán de Arabia se dijo "afligido porque el mes sagrado llega en circunstancias que nos privan de realizar oraciones como el 'tarawih' (la oración nocturna) en las mezquitas".
"Este Ramadán es muy diferente, simplemente no es festivo. (...) El mundo es ahora diferente", lamenta Fitria Famela, un ama de casa en Indonesia, el país musulmán más grande del mundo.
"Es peor que la guerra", resume una madre de familia palestina de Gaza, que no podrá disfrutar este año de las mismas ayudas sociales que recibía en Ramadán.
Pero no todos están dispuestos a acatar las consignas del confinamiento para frenar el virus, como en Bangladés, Pakistán o en la conservadora región indonesia de Aceh, donde los líderes religiosos desean que los fieles vayan a las mezquitas.
Fuente: France 24