Corrientes, viernes 24 de abril de 2026

Sociedad Corrientes
A 38 AÑOS DE MALVINAS

Dos soldados y una amistad que no sepultó la nieve

02-04-2020
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(Por María Laura Riba para momarandu.com) En este 2 de abril de 2020, de coronavirus, pandemia, y cuarentena, no queremos estar ausentes en este Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de las Malvinas. Por eso, reeditamos una nota realizada en 2017, donde los protagonistas son los chaqueños Jorge Aguilera y el soldado toba Julio Romero y el lugar del encuentro: Mercedes (Corrientes)

Se conocieron en el servicio militar obligatorio en Mercedes (Corrientes) y a partir de allí se hicieron amigos. Uno, soldadito de La Leonesa (Chaco); el otro, soldadito toba de Tirol (Chaco). Ambos pelearon juntos en Malvinas y uno no regresó. Momarandu.com entrevistó a Jorge Aguilera para quien, Malvinas, es algo imposible de olvidar

Jorge Aguilera sigue viviendo en La Leonesa, el municipio del Chaco ubicado a casi 80 kilómetros de Resistencia (en auto), Depto. Bermejo. Él fue llamado en 1982 para ir a pelear contra los ingleses en Malvinas. Allá, en el frío desconocido, le tocó cumplir sus 20 años. Aguilera tuvo pre congelamiento de pies y manos, el famoso “pie de trinchera”, pero tuvo mucho más: tuvo una historia de vida que vivir y muertes que contar.

Para liberar sus sentimientos, exorcizar fantasmas y bregar para que lo que ocurrió en Malvinas nunca sea olvidado, escribió un libro: “Malvinas – La guerra que yo viví” (Ediciones Kram, 2008). Momarandu.com conversó con él: nos narró el porqué, para él, Malvinas le enseñó “los valores”.

MOMARANDU: ¿Cómo fue que, de La Leonesa, Chaco, terminó haciendo el servicio militar obligatorio* en Mercedes, Corrientes?
JORGE AGUILERA: En ese entonces regía el servicio militar obligatorio…era más o menos en 1978. Yo me incorporo como soldado en el Regimiento La Liguria, Resistencia (Chaco). Tenía a mis hermanos que ya habían ido al servicio militar. Vengo de una familia donde somos doce hermanos, seis varones y seis mujeres, entonces tres de los varones mayores ya habían pasado por el servicio militar así que ellos transmitían la experiencia…y uno tenía un poquito de temor con lo que se iba a encontrar ahí. La mayoría de los soldados que nos incorporamos en La Liguria terminamos en los distintos regimientos de Corrientes que, para nosotros, eso era un destino desconocido, incierto, no conocíamos nada. Recuerdo que nos cargaron en un camión hasta Corrientes y de allí en tren hasta Mercedes. Una vez que llegamos nos dijeron que era Mercedes, y que estábamos en el Regimiento de Infantería 12. Estuve tres meses sin ver a mi familia porque, por aquel entonces, era muy riguroso el servicio militar. Pasaron seis meses y llegó una invitación abierta para quienes queríamos seguir la carrera militar…yo ya había visto en mi pueblo que no había mucho trabajo así que me incliné por probar: fui conductor motorista.

M.: Del Chaco a Corrientes y de Corrientes a las Islas Malvinas, ¿ustedes ya sabían de la guerra? ¿Estaban preparados de alguna manera?
J.A.: Cuando llego a Malvinas era cabo en el segundo año. Igual…cuando llegamos a Malvinas todo nos tomó por sorpresa, no sabíamos nada de lo que estaba pasando con Malvinas. Uno adquiere, sí, preparación, lo básico del ejército. Muchos de mis compañeros dicen que estábamos preparados para la guerra, pero yo digo que nadie está preparado para enfrentar una guerra. Una cosa es la instrucción en el lugar de paz, tranquilo, con balas de fogueo y otra cosa es cuando te caen las bombas cerca con proyectiles de guerra. Desde que llegamos a Malvinas yo me di cuenta de eso. Yo creo que nadie está preparado para matar y, lamentablemente, en una guerra, con el correr de los días, uno asume eso y tenés que defender lo más preciado que te regaló Dios, que es la vida: sos vos o el otro. Es así.


Jorge Aguilera

Jorge Aguilera cuenta a momarandu.com cómo fue el viaje hacia las Islas: “Salimos el martes 13 de abril de Mercedes, Corrientes. Yo era conductor motorista así que llevamos todos los vehículos de la unidad en un tren y tras nueve días de viaje llegamos a Río Colorado, provincia de Río Negro. Ahí bajamos los vehículos, carreteamos hasta Comodoro Rivadavia. Yo llego a Malvinas el 24 o 25 de abril, a las tres de la mañana, y el 26 era mi cumpleaños, así que cumplí 20 años en Malvinas”.

Como ya es sabido, las condiciones en que fueron a pelear nuestros soldados de 18, 19, 20 años, aun hoy, resultan inimaginables. Aguilera referirá: “La indumentaria no era la adecuada, nosotros estábamos acostumbrados a un clima de 35, 40 grados de acá en la zona norte y nos llevaron a un clima de 10, 12 grados bajo cero de golpe y porrazo, con el agravante de que no teníamos el equipamiento adecuado para la zona. Yo siempre digo que uno de los primeros enemigos que tuvimos en Malvinas fue el clima”.

M.: Y aparte de los ingleses, ¿cuál fue para usted el segundo enemigo?
Entonces Aguilera no duda, respira y dice: “El segundo enemigo fue la falta de alimentación, soportar el hambre y el frío”.

AQUELLA NOBLE AMISTAD
Jorge Aguilera, de La Leonesa, tenía 18 años cuando se incorporó al servicio militar obligatorio y 18 tenía también Julio Romero, toba, de Tirol. Nunca habían tenido un arma en la mano y Julio era el más callado de los dos. Se conocieron en Mercedes, en el Regimiento 12. A partir de ese momento, un lazo de amistad los unió y esa amistad no supo de quebrantos ni de muertes, porque esa amistad perdura…sí…aunque uno de ellos haya quedado en las Islas.

M.: Julio Romero y usted fueron juntos a Malvinas…
J.A.: Sí. Cuando nosotros estábamos en Comodoro Rivadavia, viene el sargento Herrera, que era el encargado del parque automotor, nos reúne al personal de cuadro que pertenecíamos a la Compañía B del Regimiento 11 de los Conductores Motoristas, que éramos Echeverría, el sargento Herrera y yo, los tres oficiales. Entonces Herrera nos dice que le habían impartido la orden de que eligiera a uno de nosotros para completar el cargo de suboficiales que debían pasar a Malvinas. Él me miró y me dijo: “Yo me inclino por vos Aguilera”, y elige también a dos soldados que también pasaron a Malvinas, dos soldados del Regimiento 12 de Mercedes, y lo eligió a Julio Romero y al soldado Gómez que volvió. Así que tuvimos que ir con Romero a Malvinas.

M.: Julio Romero era toba, lo imagino ensimismado, silencioso. Ustedes ya conocían el modo en que ambos irían pertrechados a la guerra. Y a usted hubo algo que le dolió mucho, ¿podría contarlo?
J.A.: A mí lo que me dolió es que Julio Romero pasó a Malvinas con una P.A.M.**, que era la ametralladora que usan o usaban los policías. La ametralladora de Julio no tenía percutor. O sea que su ametralladora no funcionaba, no servía su armamento. Yo fui con una pistola porque el conductor, por rol de combate, lleva una pistola a la guerra.

M.: Fue como mandar a Julio Romero a una muerte segura…
J.A.: Fue mandarlo al fusilamiento.

AQUEL SOLDADO TOBA ARGENTINO
NO TENÍAMOS AGUA

No sin emoción, Aguilera recuerda que “una vez no teníamos para tomar agua en Malvinas y Julio empezó a buscar el agua entre las piedras. En un momento se agacha y pone el oído entre las piedras y escuchó el manantial; se corrió un poquito más adelante y empezó a sacar las piedras: el agua corría allí. Pudimos tomar agua, lavarnos un poco gracias a Romero, Julio”. Jorge Aguilera dice así, “Romero, Julio”, no lo advierte, dice y repite el nombre de su amigo de esa manera, como si todavía estuviese en el servicio militar.

DE ESTA VAMOS A SALIR
Una de las estrategias de combate de los ingleses era conocida entre las tropas argentinas como “el hostigamiento”: horas y horas del día y noches que se hacían día; los ingleses atacaban sin tregua “para ablandarnos”, dice Aguilera. Los argentinos no podían dormir, descansar, bajar la guardia, todo el tiempo con los sentidos alertas.

Imaginen esto por un minuto y comprenderán el desasosiego. Entenderán la historia que cuenta Aguilera:


Soldados argentinos en Malvinas, 13 de abril de 1982

“En una oportunidad, yo, de tanto hostigamiento que estábamos recibiendo y que la estábamos pasando mal…yo…intenté quitarme la vida…uno se pone a pensar con todas las cosas que te pasan por la cabeza en ese momento…y no sé si es un acto de cobardía o qué, pero yo dije que no quería sufrir más porque ya estábamos sufriendo demasiado…por eso digo que no estábamos preparados para enfrentar estas cosas…obviamente cada uno lo vivió a su manera.

“Pero cuando cargo la pistola y voy a hacer lo que me había decidido a hacer, que era quitarme la vida, entró Julio y me atajó. Él tuvo mucho que ver en que yo esté contando hoy la historia acá. Él me dijo las cosas que luego le dije yo a él. Cuando uno se bajoneaba el otro le daba aliento, esa fue una constante en la guerra. Julio me dijo: ‘¿Qué estás por hacer si de esta vamos a salir? Tenés que tener fuerza, de esto vamos a salir’. Y no lo hice.

TENGO MIEDO
M.: ¿Qué pasó con Julio Romero?
J.A.: Tuvo tanta mala suerte que lo matan el 13 de junio en el ataque final. Dos días antes habíamos ido a retirar la ración CF –así se llama- para dos días de combate; era una bolsita con corned beef (carne enlatada), pastillas de alcohol para calentar la sopa, también venía café, un paquetito de cigarrillos y un poco de leche en polvo. El indio, por naturaleza, es reservado, y ese día compartimos la posición y compartimos una taza de leche. Ahí él me dijo que tenía miedo: ‘Tengo miedo Aguilera’, textuales palabras; le pregunté por qué tenía miedo si ‘vamos a salir de esta’, le dije entonces yo como él antes me lo había dicho a mí, y también: ‘Tenés que tener fe. Mirá, con una pierna, con un brazo menos, igual nosotros vamos a volver’. Pero él insistió: ‘Tengo miedo de morir’, y me dijo: ‘¿Sabés por qué te digo esto? Porque mi señora estaba embarazada cuando yo vine para acá’. Yo no pregunté nada, seguimos conversando; pero eso me dejó a mí perdido porque él nunca lo comentó…Julio tenía 18 años.


Soldados ingleses mueven los torpedos en la cubierta del portaaviones británico HMS Hermes

M.: Su miedo a morir se hizo realidad…
J.A.: Sí…Esa noche, tipo 12 y media, una de la mañana, empezó el ataque final de los ingleses y yo estaba combatiendo con el fusil de un sargento primero que nunca supimos adónde fue: estaba conmigo y desapareció de un día para otro, dejó su fusil, dejó todo. Julio Romero andaba con una bolsa blanca con los proyectiles y yo le pasaba los cargadores y él me recargaba. En un momento dado me dice: ‘Yo también quiero tirar’, y ahí. en la posición estaba la pistola que yo había llevado. Estaba cerquita de nosotros, a dos metros, y le digo: ‘Agarrá la pistola y vení para acá’. Nosotros estábamos arriba del cerro y tirábamos de arriba hacia abajo por donde escuchábamos que venían los ingleses gritando, cantando, porque ellos venían de esa forma atacando, no venían en silencio…y nosotros tirábamos. Entonces Romero Julio hace todo al revés, sale corriendo hacia el otro lado. Escuchamos una ráfaga de ametralladora, fue todo. Yo creo que la muerte de él nos salvó a muchos soldados porque antes de que pasara eso, nosotros habíamos instalado una Mag*** -ametralladora de pie- en ese lugar, tiramos una banda y se ve que hicimos bastante daño a los ingleses; pero cuando íbamos a tirar la segunda banda, se trabó. Se ve que los ingleses vieron eso y venían a buscarnos. Yo creo que Romero nos salvó porque cuando lo matan a él, nosotros, automáticamente, nos dimos cuenta de que los ingleses estaban ahí, a pocos metros. Él cae boca abajo, lo ametrallaron en el pecho y cayó boca abajo y se ve que le perforaron el pulmón porque respiraba por la herida…esa fue la última vez que lo escuchamos ‘roncar’ a Romero.

M.: ¿Usted fue tomado prisionero?
J.A.: Si. Caímos prisioneros tipo cuatro de la mañana. Cuando nos llevaban pasamos por donde había caído Julio. Estaba boca abajo y apenas se le veía la parte de arriba de la cabeza -Aguilera se toca la cabeza, la parte superior y hace con su dedo un círculo alrededor de ella- …la nieve ya lo estaba tapando.

M.: ¿Pudo conocer al hijo/a que estaba esperando Julio?
J.A.: No, no…eso fue algo extraño. Yo les comenté a los hermanos lo que me había contado Julio y a ellos les sorprendió lo que les dije porque ellos desconocían eso. Hasta me dijeron que no tenía ni novia…obviamente yo no insistí más…

MALVINAS PARA TODA LA VIDA
M.: ¿Qué siente que la guerra le dejó?
J.A.: Yo soy muy creyente católico, yo creo que fue una prueba que Dios nos puso en el camino…dura…porque la pasamos muy mal. Estando en una situación así de difícil, uno aprende a valorar muchas cosas. Malvinas me marcó para toda la vida, me cambió la vida, obviamente como a todos los que estuvimos ahí, pero aprendimos algo fundamental que en tiempo normal no le damos importancia y que es el valor de la vida, el valor del ser humano, el valor del hermano, valorar a la mamá, al papá, el mantener una charla…a veces decíamos allá: ‘¡Cómo me hace falta hermanito, el abrazo de mamá, de papá, del amigo!’. Yo de Malvinas aprendí los valores. Cuando uno convive con la muerte día a día, minuto a minuto, uno aprende a valorar muchas cosas.

M.: ¿Cómo fue el encuentro con la familia de Julio Romero?
J.A.: Después de más de veinte años, cuando yo estaba escribiendo el libro, en Resistencia -tenía el libro escrito a mano-, paso por Casa de Gobierno que había un ex combatiente que trabajaba ahí en Salud Pública, Esteban González, también de Tirol. Le cuento que había escrito un libro y cuando lo empieza a hojear encuentra a Romero Julio y me dice: “Este muchacho era de Tirol”. Se ve que él después se lo comentó a su hermana y la hermana era docente de la escuela nocturna y los hermanos de Romero eran sus alumnos. El caso es que los hermanos de Julio buscaron la forma de conectarse, me rastrearon, pagaron un remis, vinieron hasta mi pueblo (La Leonesa) y me llevaron hasta Tirol donde se hace la Semana del Veterano de Guerra. Eso fue algo que me marcó para toda la vida: cuando llegamos a Tirol, en un salón grande donde hacen la muestra, pusieron una foto y sobre que entré, algo me llevó la cara y dije: “Aquel es Romero Julio”. Cuando el hermano me vio, me miró y comenzó a abrazarme y a llorar, temblaba…yo pensé que él vio en mi figura a su hermano porque lloraba desconsoladamente…casi me hizo mal…yo había ido con mis dos hijos adolescentes. Fue duro el momento. Después me abrazó el otro hermano y así… Esos hermanos, desde que había terminado la guerra querían saber de Julio. Tenían el certificado de defunción como que Romero murió el 28 de mayo en el ataque de Darwin y no, nada que ver, lo que pasa es que, como era del Regimiento 12, relacionaron con que Romero murió ahí. No, yo lo vi morir casi a mi lado.

M.: ¿Cómo es la vida del veterano de guerra?
J.A.: Malvinas es una cruz que debemos llevar todos los veteranos de guerra hasta que Dios nos llame a su encuentro. La vida del veterano de guerra es muy difícil el día a día y el único que te entiende lo que vos vivís el día a día y lo que pasaste allá, es aquel que vivió lo que vos viviste, el otro ex combatiente de Malvinas. Él sabe cómo sufriste porque él sufrió como vos y es difícil la vida del veterano porque no pasa una hora ni un minuto del día en que vos no te acordás de Malvinas… (se le quiebra la voz…un nudo en mi garganta), sí o sí te tenés que acordar en algún momento. Por eso se han creado los centros de veteranos de guerra porque la mejor terapia que nosotros tenemos es el charlar con el otro veterano de guerra y contar la vivencia de la guerra y de esa forma te sacás un poquito lo que tenés adentro.

Para finalizar, Jorge Aguilera dirá a momarandu.com: “Como reflexión diría que debemos rezar y bregar por la paz porque el único que gana con la guerra es el que fabrica las armas y quiere que la guerra dure mucho porque quiere vender más. Nosotros, los que participamos y fuimos protagonistas directos, sabemos lo que estamos diciendo. Quedó demostrado esto porque los ingleses recuperaron Malvinas, pero más de 400 ingleses se han suicidado en la posguerra, la misma cifra de los argentinos que se suicidaron; la guerra es un mal generalizado”.

Pero Aguilera no termina allí y dice con énfasis y sin olvido: “También pienso que la peor guerra la pasamos acá en la Argentina, porque los distintos gobiernos que han pasado nos han dado la espalda. Pasaron 35 años y le puedo asegurar que la Causa Malvinas día a día golpea mucho más fuerte…imposible olvidar…”

Quien esté libre de emoción, que arroje el primer suspiro. Ya lo dijo Aguilera: “Imposible olvidar”.

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*La "colimba", como se lo conoció popularmente (apócope de correr, limpiar y barrer), fue instaurado en 1901 mediante el Estatuto Militar Orgánico (ley 4.301) y dado parcialmente de baja en 1994 tras el escándalo del asesinato del conscripto Omar Carrasco por parte de sus superiores en la unidad militar neuquina de Zapala

**P.A.M.: Pistola Ametralladora Modelo. Arma portátil automática, de calibre 9mm, utilizada por las fuerzas armadas argentinas a partir de 1954. Fue desarrollada a partir de la pistola ametralladora norteamericana M3

*** MAG es la abreviación de Mitrailleuse d’Appui General, que significa ametralladora de propósito general. Puede ser emplazada sobre un bípode, trípode, afuste vehicular, instalada en embarcaciones, helicópteros, entre otros