Corrientes, martes 07 de abril de 2026

Cultura Corrientes

Pinceladas de la 30 Fiesta Grande Chamamecera

28-01-2020
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(Por Juan Ramón Díaz Colodrero para momarandu.com) Treinta años han transcurrido desde que una gesta vestida con el ropaje chamamecero avistó los rincones de nuestro espíritu llenándolos de esplendor.

Treinta años en los que, pioneros del evento y hacedores de nuestra tradición, dieron su aval para el logro de esa maravillosa fiesta que se transformó en nuestra mayor expresión regional. Treinta años de esfuerzo, trabajo y realizaciones que hoy conmueven a nuestra zona, al país y al mundo.

Como diría nuestra bien amada Ofelia Leiva, apenas tres “lucecitas” iluminaban un escenario que tenía por marco el estadio del Club Juventus y no muchas filas pobladas de público. Hasta que un vendaval de luces, imponente sonido y espectaculares efectos especiales y visuales y miles de personas poblaron el Cocomarola despertando el fuego de lo que hoy es la Gran Fiesta de nuestro Chamamé. Y así es como el calor encerró nuestra alborada, regalándonos la sonrisa de los visitantes. Y un mágico poder “avañe’e” se adueñó de nosotros, haciéndonos compartir un sueño enardecido. Aquel que tiene aroma de rocío y persiste como un rayo, exultante.  

 
La siempre esperada bendición de nuestra Madre Itatí auspició el éxito del evento, que, en sus inicios, contó con el arte vernáculo y la intervención, entre otros, de Tilo Escobar, artista que, de manera conmovedora, recibió el reconocimiento de sus alumnos. Y, de pronto, la presencia de imágenes que impactaron mis sentidos advirtieron la participación de Amandayé e incluso de uno de sus anteriores integrantes que fundó su nuevo grupo, Hugo Flores, desgranando, en conjunto: “Bajo la Luna de Abril” y “El Rio Vuelve”. Y la manifestación inclusiva de un ballet maravilloso que impactó las fibras más sentidas del corazón de los presentes, fue el del Divino Niño Jesús, donde seres humanos con diferentes discapacidades confirmaron que nada es imposible en el escenario del arte y de la vida. Cuando Rudy Flores, con su Trío, ingresó al escenario Sosa Cordero sentí la presencia imaginaria de Nini y los acordes de “La Caú”, más virtuosos que nunca, provocaron la admiración de un público visiblemente emocionado. Y el maravilloso caudal de voz de Lorena Larrea Catterino inundó el ambiente de exquisitas fragancias cuando entonó, entre variados temas: “Niña del Ñangapirí” y “Rio…rio”, hasta que una sorpresiva y aplaudida aparición de Cacho Espíndola nos regaló “Señores, soy Chamamé”.

El Ballet Oficial de la Fiesta del Chamamé dirigido por Luis Marinoni, en el marco de una plegaria a la Virgen de Itatí, desplegó todo su arte, embebiéndonos de imágenes con banderas aladas que danzaban y nos conducían a presenciar un maravilloso espectáculo que adquiría proporciones dantescas. Y nuestro “Kilómetro 11”, acompañado de celestiales campanadas anunció la presencia de la Virgen Itateña bendiciendo a los presentes.  

El impactante homenaje rendido por Amboé al ex Grupo Reencuentro (con los Sheridan) caló hondo en el recuerdo y el sentimiento del público y “Al fin de cuentas”, “Sarandí de los Recuerdos” y “Retrato de un Pescador” (entre otros) enaltecieron el pentagrama guaraní, vistiéndolo de calidad inigualable. El reconocimiento hecho por el virtuoso Chango Spasiuk con el montaje de la voz de Mercedes Sosa, interpretando temas que aquella hiciera famosos, fue realmente impactante y preciosista, además de emocionante. Y la fusión de uno de los acordeones mayores de nuestra región con los demás instrumentos ejecutados por el grupo, en “Mejillas Coloradas” y “Km. 11”, excepcional. A su vez, la presencia de una cantante francesa de ascendencia africana interpretando “El Cosechero” mixturó ternura y potencia y sublimó la cadencia del tradicional tema de Ayala. 

Yamila Cafrune lució su estilo inconfundible destacándose en “El Ultimo Sapucay” y el mundialmente consagrado artista Luis Salinas, acompañado por Jorge Guenaga, Andy Balestra y Juan Salinas, nos regaló “Villa Guillermina”, “Merceditas”, “Camino del Arenal”.  

 De pronto irrumpió en el escenario la estridencia de un instrumento que nos hizo vibrar. Y la presencia de Raúl Barboza, ese imprescindible artista que borda el chamamé con su mejor ropaje, colmándolo de estilo, creatividad y mística, se adueñó de nuestros sentidos. Luego de ejecutar inolvidables melodías de nuestro repertorio regional, con originales y maravillosos arreglos, recibió el reconocimiento del Gobierno Provincial a su trayectoria artística y, nuevamente, un “Tren Expreso” nos hizo transitar el camino de nuestra identidad. En su devenir, expresó que su instrumento es parte de la fuerza de la naturaleza que quiere expresar su raíz espiritual a través de la expresión guaraní. Y que con su acordeón peleó por la reivindicación del pueblo indígena, sin violencia, sin heridos, sin sangre, pero con elocuencia.

La genialidad de Luis Landriscina provocó destellos en nuestro espíritu y lo colmó de gozo. Sobre todo cuando interpretó un cuento de Saravia. Y uno de los artistas máximos de nuestro arte popular recibió ovaciones cuando expresó el deseo de “…no morirse sin que en la currícula de la escuela primaria, secundaria y universitaria se estudie la gesta de Malvinas…”, recordando al pionero gobernador Vernet y al combatiente Baruzzo, a quien “…le agujerearon el alma…”. Con la participación especial del padre Julián Zini, Landriscina, como es de costumbre, introdujo sutileza y buen gusto al reproducir sus anecdotarios vernáculos. Y así desfiló por el Sosa Cordero, aportando virtuosismo en la entrega, brillo en su erudición e impacto en la recepción y sensibilidad del público. 

Creo que a todos los concurrentes se les erizó la piel cuando Ramona Galarza, acompañada por María Ofelia, apareció en el escenario. Ella es la emblemática hacedora del rol de la  mujer en el chamamé y quien inició su camino. Y una leyenda, una reliquia de nuestra música guaraní. Mis sentidos vibraron y palidecí de amor. El público estrechó a las dos intérpretes con un abrazo que tenía sabor a aplauso cerrado y persistente. Y a reconocimiento permanente. 

Mateo Villalba ya es un prócer del chamamé y también un protagonista legendario de nuestra realidad guaraní, rubricando con su intervención sus dones interpretativos.

 La eximia compositora Teresa Parodi ofreció un recital integral, porque fue acompañada en la ejecución instrumental por su hijo Camilo y por sus nietos Emilia y Ezequiel Parodi (en órgano) y Luciana Parodi (en voz), hecho que caló hondo en el corazón de la cantante. Y así, con su particular estilo, interpretó “Pan del Agua”, “A la abuela Emilia”, “Tarumba”, “Retrato de un Pescador”, “Esa Musiquita” y el inolvidable “Pedro Canoero”. Otros músicos afloraron en escena destilando talento y creatividad como el grupo “Tají”, los grandes Eustaquio Miño y Bruno Mendoza, el floreciente Pedro Ríos y el innovador Juanchi Cabrera, además de un virtuoso trío: el de Del Valle, Fernández y Galarza. El virtuosismo de Roberto Romero con la voz de Graciela Linares. Y Gicela Méndez Ribeiro (con “Merceditas”, entre otras) y Laura Fusz (con “Romance de piel Morena”) que enriquecieron la noche.

Santiago “Bocha” Sheridan es una de las voces más importantes de nuestro cancionero. Y su riqueza interpretativa colmó de aplausos y aceptación las lunas chamameceras. Junto a su grupo y a su hijo Joaquín y en variadas oportunidades e intervenciones, lució su caudal vocal en “Como allá en mi pueblo”, “Lo que sos mi chamamé”, “Puente Pexoa”, “Nuestros sueños y la distancia”, “Polvareda y Sapucay”, “Panambí y “El Boyero”. 

 Antonio Tarragó Ros, otro de los más importantes creadores de la nueva música guaraní y también exponente de la clásica, se lució en “Sin Ley” y “El Toro”, expresó su satisfacción por la sanción de la nueva Ley de Enseñanza Obligatoria del Folclore en las escuelas, abogó por la exaltación para la conservación de la flora y la fauna de nuestra zona, criticando la depredación del yacaré y el yaguareté e interpretando alusivamente, además, “El yacaré y el Carayá” y “Aguará Guazú”. Fue reconocido por haber integrado la primera delegación artística de la Primera Fiesta del Chamamé en el Club Juventus. Y con la cantante saladeña Moria Vernengo culminó su actuación con “Acuífero Guaraní” y “Don Gualberto”.

Mario Bofill, el famoso cantautor loretano, como siempre, contó con la adhesión de un efusivo público y “Recordando a Concepción”, “Conjunto Pena y Olvido” y “Yo que te quiero tanto”, fueron algunas de sus más conocidas entregas. “Los de Imaguaré” constituyeron, como es habitual, un broche de oro para la Fiesta, interpretando, entre otras, “Chamamecero”, “Peregrino de la Esperanza”, “Neike chamigo”. Y Ernestito Montiel y el Cuarteto Santa Ana brillaron con “Villa Los Lirios” y “Estancia San Blas”. Siendo imposible mencionar a todos los participantes, es imposible no recordar al maestro Ramón Ayala y a “Los Nocheros”, convalidadores de su enorme talento autoral e interpretativo. Juan Pedro Sorrives, heredero del talento musical de Quique, su padre, con una voz trascendente, interpretó parte del cancionero de Pocho Roch, en el que se destacó “Taipero Poriajhú” y cuando nos entregó “Corrientes Soñadora”, el público lo aplaudió con entusiasmo. Ricardo Scófano, uno de los grandes baluartes de nuestra música litoraleña, fue muy reconocido y con su particular brillantez musical nos obsequió los acordes de “A Bella Vista”, “Cañada Porá” y “Para don Amado”.

La gran Ofelia Leiva, tan querida y aclamada por el público de la Fiesta, nos regaló un exquisito repertorio, poniendo en evidencia que la calidad de su voz  y el carisma de su persona permanecen intactos y que jamás podremos prescindir de una presencia tan virtuosa y contagiosa como la de ella.

Al culminar los festejos del importante aniversario que significó concretar los 30 años de nuestra amada Fiesta Chamamecera, se divisó en la noche correntina una estrella de suave fulgor y la expectativa de un nuevo año asumió protagonismo en el alma guaraní. Sabemos que, para ese entonces, echaremos a volar como hace tanto, como en el eterno tiempo, nuestro lúdico peregrinar por el imaginario guaraní.