A golpes y empujones, la oposición venezolana logró finalmente acceder este martes al espacio que le pertenecía y tomar posesión de la tribuna de la Asamblea. Desde ahí, con un acelerado “¡lo juro!”, Juan Guaidó renovó su cargo como presidente del Parlamento, con los votos de los diputados opositores, a pesar de que los militares intentaron impedir su entrada en el recinto y de que incluso cortaran la luz dentro del Palacio Legislativo para frenar su toma de posesión. Poco antes, en el mismo hemiciclo, el autoproclamado presidente Luis Parra celebró una sesión sin quórum, prueba del caos que vive el país.
El dirigente opositor, quien al frente del Legislativo se proclamó mandatario interino en enero de 2019, cargo reconocido por 60 países, entre ellos España, juró cumplir “en nombre de Venezuela (...) con los deberes de presidente encargado” para buscar una “solución a la crisis”.
La policía venezolana había tratado de impedir el acceso tanto a Guaidó como a los 100 diputados afines al joven político. Instantes antes, en el interior del hemiciclo, Luis Parra, un opositor disidente que se autoproclamó presidente de la Asamblea Nacional el pasado domingo con apoyo del chavismo, dio inicio a una sesión sin el quórum necesario para realizarla, que según el reglamento de la Cámara, exige un mínimo de 84 diputados. Poco después, Guaidó logró entrar en el edificio y se comprometió a celebrar su propia sesión parlamentaria.
La tensa jornada comenzó muy temprano. Guaidó se había reunido a primera hora de la mañana con el centenar de diputados que votó por su reelección como presidente de la Asamblea Nacional en una sesión paralela, celebrada el pasado domingo en el diario El Nacional después de que Parra fuera votado por el chavismo sin que la oposición pudiera acceder al hemiciclo.
La intención este martes era llegar todos juntos a la Asamblea para evitar que unos pudiesen entrar y otros no. Guaidó llegó a la sede del Congreso en una camioneta, acompañado por varios autobuses que trasladaban a los diputados de la bancada opositora y tras recorrer unos cinco kilómetros por el centro de Caracas sorteando piquetes policiales. Efectivos de la Guardia Nacional le impidieron el paso por el flanco este del edificio. “¡Esto no es un cuartel!”, gritó entonces a los militares Guaidó, subido a los hombros de algunos parlamentarios, antes de lograr pasar a empujones por otra entrada.
Mientras la policía bloqueaba el acceso, Luis Parra iniciaba la sesión. En el interior se encontraban la bancada chavista y los diputados opositores disidentes. Todos ellos celebraron una acelerada sesión sin diputados suficientes, y más testimonial que real, en la que se abordó la escasez de la gasolina y la liberación de presos políticos. Parra asegura que su elección es legítima y que cuenta con el apoyo de 81 diputados de los 167 que componen el Parlamento. Una elección que se celebró a mano alzada el domingo sin que nadie contabilizara los votos y sin asistencia suficiente de diputados.
Solo en el momento en que Parra dio por terminada la sesión, Guaidó y sus partidarios lograron entrar en la Asamblea. Después de que Guaidó entonara el himno nacional venezolano junto a sus partidarios, el Congreso quedó a oscuras por un corte eléctrico. Los diputados iluminaron el recinto con las luces de sus teléfonos móviles. Cuando Guaidó abandonaba el Parlamento, miembros de los denominados colectivos —grupos prochavistas acusados por la oposición de ser el “brazo armado” del Gobierno de Nicolás Maduro— le arrojaron una granada de gas lacrimógeno. El líder opositor salió ileso, señaló la agencia France Presse.
Con datos de elpais.com