Andrés Stanovnik, arzobispo de Corrientes dirigió un mensaje a los católicos con motivo de la Navidad 2019 conocando a "compartir" y abrir el corazón a Dios y al otro y a protegerse de los embustes de los mercaderes
El arzobispo recuerda que Navidad es el momento adecuado para reservarle un "lugar digno" a Jesús y advierte contra la tentación de cubrir el vacío interior " con luces, regalos y, el que puede, una buena mesa; y el que la pasa mal, una mesa con lo que puede". Pero, "en cualquiera de esas penosas situaciones, se reedita aquella falta de lugar para albergar a Jesús. Cuando hemos llegado al extremo de necesitar cosas para sentirnos vivos, ya no hay lugar para el otro, para el encuentro, para la amistad y, en último término, tampoco hay espacio para Dios, porque nuestro “albergue” está ocupado por cosas que, lamentablemente, consideramos más importantes que las personas".
"Sin embargo, Dios no se da por vencido. Esa es la lógica del amor de Dios: a pesar de encontrarse con “albergues ocupados” y “puertas cerradas”, ese sublime amor que desborda el corazón de Dios, se hace un lugar para continuar fiel a su alianza de no abandonar a las criaturas creadas a imagen y semejanza suya, a pesar de haberse transformado en caricaturas deformes de ese parecido a Dios que él soñó al crearlas".
Luego insta a preparar la Navidad creando el mayor espacio posible en el “albergue” de nuestro corazón y de nuestra familia para Dios y para los otros. "Si la situación económica lo permite, compartamos con los que menos tienen; invitemos a nuestra mesa a los que nadie quiere, porque es el mejor modo para encontrarnos con la presencia viva de Jesús. Frente al pesebre, que siempre debe acompañar al árbol de navidad, recemos por nuestra patria y por los que la gobiernan; pidamos a María, Madre de Jesús y Madre nuestra, que nos abra los ojos y nos proteja de los mercaderes, que buscan embotarnos la mente y despojar de fuerzas nuestra voluntad, para hacerla funcional a las fantásticas sensaciones de felicidad que ellos nos prometen, a cambio de venderles nuestra libertad y dignidad.
Finalmente Stnovnik ofrece sus deseos de felicidad para las fiestas de fin de año , "pero no esa felicidad que es solo para mí, sino esa otra felicidad, la que nos sorprende, y que espontáneamente nos abre a los que tenemos al lado para compartirla con ellos, y busca desinteresadamente abrirse a todos sin dejar afuera a nadie. Esa felicidad que brota del amor de Dios sembrado en la historia de los hombres una noche en Belén, y que continúa creciendo con la fuerza incontenible de Jesús resucitado, invitándonos a abrir las puertas de nuestro albergue, como lo hizo María, tierna Madre de Dios y de los hombres".