La crisis político institucional post electoral que ya lleva varios días en Bolivia destaca tres sectores de poder: el gobierno, la oposición y el movimiento cívico
Si bien responden a comandos diferentes los dos últimos coinciden en que Morales debe apartarse y convocar a nuevas elecciones, bajo la sospecha generalizada de fraude.
La iniciativa parece estar del lado de los comités cívicos que no reconocen a los partidos políticos ni al gobierno y que reclaman elecciones con nuevos actores sociales.
Su formas son similares a los movimientos de autoconvocados que han aparecido en distintos escenarios políticos mundiales.
"El gobierno está acabado. Nos llama golpistas a los ciudadanos movilizados", declaran ante la prensa
La oposición política encarnada principalmente por Carlos Meza no tiene poder sobre el Movimiento Cívico y busca no distanciarse todavía más acatando sus decisiones. De ahí el inmediato rechazo al diálogo que hiciera Evo Morales.
El gobierno ha ido cambiando de posturas intentando dar respuestas al agravamiento de la crisis. De proclamarse vencedor en los comicios, a la aceptación de una auditoría externa y ahora a la convocatoria al diálogo a las fuerzas políticas y la iglesia mientras denuncia un golpe de estado en marcha.
"Convoco al diálogo a los partidos que han obtenido asambleístas en las últimas elecciones nacionales", dijo el mandatario, quien hizo el llamamiento "con una agenda abierta a debatir para pacificar Bolivia", en una "reunión inmediata" durante esta misma jornada, para "instalar una mesa de diálogo".
Las fuerzas políticas que alcanzaron esta representación fueron el gubernamental Movimiento al Socialismo de Morales, y los opositores Comunidad Ciudadana, el Partido Demócrata Cristiano y Bolivia Dice No
El mandatario no incluyó en su propuesta de diálogo a los comités cívicos, encabezados por Luis Fernando Camacho (de la región oriental de Santa Cruz), promotores de las multitudinarias protestas y paros para que renuncie, tras los polémicos comicios que le dieron la reelección.
La oposición ha respondido, que no irá al diálogo sino a una transición que desemboque en elecciones., mientras el Episcopado aun no dado un pronunciamiento explícito e insiste en sus llamamientos a la pacificación y a una salida sin violencia.
No tengo nada que negociar con Evo Morales y su gobierno. Porque pretende endilgarle a una parte de la sociedad, a nosotros los partidos políticos, un responsabilidad que es exclusivamente suya. Le toca escoger el camino que quiera para dejar el Gobierno. No nos endilgue una negociación que no no es pertinente. Es usted quien tiene que dar una respuesta”, aseguró Carlos Mesa
La rebelión de las fuerzas policiales le ha dado un nuevo aditamento a la crisis. Se basa estrictamente en reivindicaciones sectoriales entre ellas equiparación salarial con el resto de la administración pública y reconocimiento del 100% de salarios para los agentes jubilados. Ellos han recibido el respaldo de fuerzas civiles en varias regiones
Recibe respaldo civil en algunos regiones
El detonante de la crisis ha sido el recuento electoral que consagró a Evo Morales para un nuevo período presidencial en primera vuelta, pero que ha sido sospechado de fraudulento.
El conteo de votos se interrumpió durante 24 horas cuando la oposición alcanzaba por estrecho margen el balotaje , pero al reanudarse los números ya dieron vencedor a Morales quien se proclamó como tal inmediatamente.
Un reciente informe de la empresa Ethical Hacking contratada por el Tribunal Supremo Electoral afirma que no puede “dar fe de la integridad de los resultados” de las elecciones presidenciales tras una revisión del software empleado en los comicios
EL ALZAMIENTO POLICIAL
Un numeroso grupo de policías bolivianos, integrantes del cordón de seguridad en la Casa Grande del Pueblo, la nueva sede de la Presidencia del país, decidieron amotinarse y abandonaron sus posiciones a primera hora de este sábado.
“Es motín, no es acuartelamiento”, declaró uno de los uniformados mientras se replegaba, como parte de una columna, hasta las dependencias de la Unidad Táctica de Operaciones Policiales (UTOP).
Según los testigos del diario El Deber, los cordones de seguridad en los accesos a la Casa Grande del Pueblo han quedado “casi desguarnecidos” y “a merced de las movilizaciones populares” que exigen la renuncia del presidente del país, Evo Morales.
Jóvenes que montaron vigilias durante toda la noche agradecieron a los integrantes de la institución del orden por la decisión, considerando que se suman a su lucha para “recuperar la democracia”.
Anoche, el ministro de Defensa de Evo Morales, Javier Zavaleta, descartó operaciones militares en las calles, mientras que el ministro de Gobierno, Carlos Romero, abogó por un diálogo para solucionar el motín que se extiende en todo el país.
La sublevación de la Policía en gran parte de Bolivia desató este viernes la peor crisis en los más de trece años de Evo Morales en el poder, dejando al mandatario cada vez más acorralado frente a los intentos para que renuncie.
La Policía Boliviana pasó de estar cuestionada por no actuar ante la convulsión por la que atraviesa el país tras las elecciones del 20 de octubre, a ponerse al lado del pueblo como le rogaba buena parte de la sociedad boliviana.
Una unidad de intervenciones especiales fue la primera en amotinarse en Cochabamba, una ciudad del centro del país que en los últimos días sufrió especialmente la ola de violencia desencadenada tras las elecciones, con un muerto y cerca de cien heridos. La siguieron Sucre, la capital constitucional del país, Santa Cruz, la mayor ciudad boliviana, y la mayoría de las regiones, desde la zona andina a la amazónica.
La reacción de la gente
Miles de bolivianos a lo largo del país se concentraron frente a comisarías policiales y cuarteles militares. Al grito de “policía, amigo, el pueblo está contigo”, se pusieron al lado de los amotinados e invitaron sin éxito a los militares a unirse también.
El líder cívico Luis Fernando Camacho, erigido en la voz de la oposición en detrimento del ex presidente Carlos Mesa, había llamado a la movilización pacífica frente a comisarías y cuarteles.
Las concentraciones fueron pacíficas y solo se reportaron brotes de violencia como unos ataques en Cochabamba a una sede del Movimiento al Socialismo (MAS), el partido de Morales, sin que hubiera constancia de víctimas.
Varias columnas de detractores del mandatario se dirigen desde distintas partes de Bolivia hacia La Paz, donde se espera que se unan este sábado a los comités cívicos aglutinados en torno a Camacho para intentar el derrocamiento de Evo Morales.
Las marchas se esperan multitudinarias, en una nueva jornada de protestas en la crisis que arrastra el país desde la cita con las urnas desembocada en la proclamación de Morales como vencedor para su cuarto mandato consecutivo.