(José Miguel Bonet para momarandu.com) El chamamé era para los antiguos, ñeemboê yerokî. Significa crear la palabra mientras se está danzando en ronda cuando llueve. Ñeemboê es crear la palabra y, para el guaraní, la palabra era el alma, además, o el alma estaba en la palabra, y yerokî viene de yerê, que quiere decir dar vuelta.
Okî: mientras llueve. O es una contracción Mbo, que es verbo de acción y Kô es el goteo, entonces esa danza, ese ñeemboè yerokî es milenario.
Hoy en día se sabe perfectamente registrado por antropólogos del Conicet, del Instituto Sintoniano, que es el que bancó el trabajo, y gente nuestra, acá de Corrientes, que era el área yapeyuana, donde estaba el gran centro musical de Yapeyú, y tiene una antigüedad de más de 12.500 años.
EL CHAMAMÉ NO NACIÓ EN 1931
La etimología de la palabra, ese ñeemboê yerokî, uno de los principales géneros del ñeemboê yerokî, es el chamamé.
Viene de una contracción de la palabra Cheâ, â, tilde con acento nasal, que significa mi alma, alma: significa lluvia en guaraní y, “me” es “estoy en la lluvia con mi alma, con el alma mía”, porque es estar en la lluvia con la palabra del que está suplicando.
El guaraní no rezaba quieto como lo hacemos en la religión católica. El guaraní rezaba danzando, como hasta ahora danzan, por ejemplo, en la Catedral de Sevilla, la danza de los Seise, que son alrededor del Santísimo y otras antiguas danzas que se dan en otros lugares de Europa, también en Austria y Alemania, que es de donde vienen sacerdotes jesuitas y transmiten, se acoplan y se conjugan a la manera de ser de nuestros indios yapeyuanos. Son todas cosas que publiqué en la Revista “La Palabra”, órgano oficial del arzobispado de Corrientes.
Chamamé quiere decir: “estoy en la lluvia con el alma mía”, y además, eran distintos tipos de chamamé ñeemboê yerokî, que eran himnos de alabanza a Dios, primero de rogativa -cuando no llovía-, de gratitud -mientras estaba lloviendo- y posterior a la lluvia, porque era un pueblo agrario, entonces la lluvia era benefactora y después de ahí, el Amayará, que es el genio protector de la lluvia del cual deriva el caraí octubre. Además, las reuniones que se hacían se llevaban a cabo siempre los días de lluvia y vienen los ama ndayé -ama es la lluvia y ndayé: lo que dice la lluvia, escuchaban la lluvia y en ese silencio determinaban las cosas.
En guaraní no se pronuncia como en castellano, no se debe leer como el castellano, de izquierda a derecha; el guaraní arcaico, que es el que sirve para denominar todas las expresiones arcaicas, hay que hablarlas de derecha a izquierda. Yvyracaapy quiere decir cantidad, acá es la rama; yvyra es el árbol, es la traducción etimológica exacta literaria de enramada en guaraní. Que el chamamé, cuando fueron desalojados los jesuitas, se siga bailando debajo de la enramada, es otra cosa, pero esas son etapas posteriores y además, son etapas posteriores también en la música, cuando el chamamé ya deja de ser himno cantado nada más, para ser también una expresión musical y tocada con distintos tipos de instrumentos, o sea los que los guaraníes de los Andes que tienen de 700 a 1.400 años antes de las civilizaciones incaicas entre ellos las de Runa Zimi.
Por ejemplo, tengo diccionarios, los primeros, escritos por sacerdotes jesuitas de aquella región, donde todavía no figuran en ellos las palabras quena o sikus, porque no es quena, sino quená, que significa ensoñación y la manera de llamar el guaraní, ava chiripá, ava chirigua o yaguareté ava de la cordillera de los Andes a ese instrumento.
Además, en Yapeyú todo eso se perfecciona a nivel chirimía y en la cual se sigue tocando el chamamé, hasta que aparece el acordeón en el año 1829, en Viena, que justamente es el pago del padre Zeus, fundador de la escuela y la fábrica de instrumentos musicales en Yapeyú, que es hacia donde envía todos los planos de lo que acá se hacía. Tengo más de 100 trabajos recopilados en audio de nuestros viejitos antiquísimos, algunos de ellos con más de 130 años.