Corrientes, miercoles 13 de mayo de 2026

Sociedad Corrientes
ISIDRO VELÁZQUEZ

Un mburucuyano muerto en Pampa Bandera (El último sapucay)

16-10-2019
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PRIMERA PARTE (Por José Miguel Bonet para momarandu.com) Isidro Velázquez nació el 15 de mayo de 1928 en Mburucuyá, Corrientes, hijo de Feliciano y Tomasa Ortiz. El año 1961 lo encuentra con su mujer y sus cuatro hijos en Colonia Elisa, Chaco, donde trabajaba como peón rural.

Tanto allí como en La Verde, Selvas del Río de Oro, Laguna Blanca y Laguna Limpia, Zapallar, La Escondida, Lapachito y otros parajes del norte, se lo tenía como el mejor baqueano, rastreador y cazador de los esteros y los montes.

Ese hombre alto, delgado, de rostro enjuto y mirada penetrante que era aceptado como buen vecino, asistía a las reuniones periódicas de la Cooperadora Escolar de Colonia Elisa hasta que, por alguna razón no muy clara, comenzó a ser hostigado por la policía. En su prontuario figuran tres causas abiertas en 1961 por robos y hurtos, y una cuarta por evasión. El jefe de sus cazadores en persona, capitán Aurelio Acuña, no ocultaría su sorpresa tiempo después, por la forma en que un hombre que durante más de treinta años había sido "humilde pero honrado", se había convertido en un "peligroso delincuente".

En el Chaco, las opiniones están furiosamente divididas. Las autoridades aseguran que esos primeros delitos fueron reales, pero la gente dice que no, que Velázquez sufrió un hostigamiento injustificado de la policía que culminó con el encarcelamiento, su fuga y el comienzo de la historia de 'El Vengador'. Se dice que la persecución se originó en un problema familiar, porque, a contramano de su forma de ser, nunca más tomó contacto con su mujer y sus hijos, ni les hizo llegar ayuda económica.

FUERA DE LA LEY
Más allá de cualquier razón, queda claro que cuando Velázquez escapó de la cárcel de Colonia Elisa ya había tomado la decisión que lo empujó hacia el monte, tras las sendas que veinte años antes habían transitado Zamacola, Bairoleto y el famoso Mate Cocido.

Pero no solamente lo protegieron la vegetación y la geografía indómita del Chaco. Miles de peones golondrinas habían emparentado su impotencia con la rebeldía de "El Vengador". Muchos provenían, como él, de Corrientes, otros de Santiago del Estero y Paraguay y, arrojados a su suerte, ni podían regresar a sus hogares ni encontraban trabajo debido a las secuelas de la crisis del tanino y al comienzo de la crisis algodonera que los condenaba a deambular por la provincia sufriendo las miserias de la desocupación.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el descubrimiento del extracto de mimosa en África Oriental, como sustituto del tanino, coincidió con el progresivo agotamiento de los quebrachales del sur chaqueño. Los obrajes, que trabajaban para la misma compañía inglesa que había descubierto la mimosa africana, comenzaron a cerrar. En 1960 quedaban sólo unos pocos en el norte.

La población, que había aumentado vertiginosamente entre 1920 y 1947, época en que se da la primera gran inmigración de correntinos al desierto verde, de 46 mil habitantes a 431 mil, se estabilizó llegando a 530 mil en 1960. Grandes contingentes de paisanos emigraron en ese período hacia las villas miserias de las capitales y otros fueron reabsorbidos por el desarrollo de cultivos industriales como el del algodón. Pero, así como el hachero es esclavizado en los obrajes, en los algodonales el trabajo es temporario, con un régimen agotador y en condiciones de vida miserables. La situación empeoró aún más cuando en 1964 la crisis del algodón se descargó sobre el Chaco y de las 400 mil hectáreas sembradas ese año, sólo llegaron a 278 mil en 1967.

Es entre los hacheros desocupados, los golondrinas y los indígenas, donde Isidro Velázquez encontró refugio cuando se alzó contra la ley junto con Claudio, su hermano menor.

La revista Así fabulaba por esa época: "Famosos por su puntería, los dos hermanos usaban para hacer fuego indistintamente ambas manos. Sus revólveres, calibre 38 largo, que llevaban bajos, al estilo de los pistoleros del cine americano, disparaban plomos certeros. En su prontuario iban anotándose nuevos pedidos de captura por robos, homicidios y atentados a la autoridad", y agregaba: "Ambos se desplazaban cómodamente por todo el territorio chaqueño, protegidos por el monte, amparados en los rancheríos humildes donde entregaban a los necesitados parte de lo que obtenían en sus atracos espectaculares".

El 25 de junio de 1962, los hermanos fueron sorprendidos en una picada en las afueras de Colonia Elisa por una patrulla policial armada con carabinas, metralletas y pistolas. Los Velázquez respondieron el fuego con un Winchester y revólveres, eludiendo el cerco a pesar de la superioridad numérica de sus perseguidores.

Tres días después aparecieron en Colonia Popular y protagonizaron un tiroteo a caballo frente al destacamento policial. Un mes más tarde, el 23 de julio, irrumpieron en el bar del chino Chou-Pin, de Colonia Elisa, y se llevaron ocho mil pesos, "una radio a transistores, linternas, bebidas, alimentos envasados y también fiambres".

El 25 de ese mes atracaron al estanciero José Vicente Barrios y el 12 de agosto irrumpieron en el almacén de ramos generales que regenteaba Antonio Marcelino Camps, en Lapachito, a dos cuadras de la comisaría. Desmontaron frente al almacén y se dirigieron a paso seguro hasta la caja que atendía Teresa Octaviana, la hija del dueño. "¿Vos Isidro? -dijo la muchacha- no es posible que nos hagas esto". Mientras hablaba intentó sacar un revólver, pero Claudio la derribó de un culatazo. Se produjo luego un tiroteo donde murió un vecino y. cuando ya se retiraban, desde la trastienda salió Jorge Anastasio Camps, el otro hijo del dueño, disparando su pistola. Isidro no quiso usar su arma. Habían sido compañeros de la escuela primaria y juntos habían salido a cazar más de una vez. Pero Claudio respondió el fuego y el hombre se desplomó con un balazo en la cabeza.

La infatigable persecución de la policía ya estaba en marcha, pero los hermanos no se escondían, "visitaban los boliches, a sus amigos y se exhibían por las calles de Colonia Elisa, La Verde, Zapallar, Colonias Unidas, Lapachito, Plaza y La Escondida sin que nadie se atreviera a denunciarles", aseguraba la revista Así.

El sociólogo Roberto Carri, en su libro “Isidro Velázquez, formas prerrevolucionarias de la violencia”, publicado en 1968, decía que "la comunidad rural indígena y criolla se expresa colectivamente en la identificación con Velázquez. Debido a su situación de despojo y su 'retraso' cultural. . .se identifica con el hombre que expresa un poder antagónico al régimen". Pero más adelante advierte que "hay que distinguir entre el papel que juega realmente el rebelde para el pueblo que lo protege... y su anecdotario particular (el de Velázquez) que puede o no coincidir con la imagen que de él se tiene y que provoca la identificación con el proscripto".

Toda política tiene una ideología, [Isidro] Velázquez es una forma política de rebeldía y el sentimiento popular es, en cierto modo, la ideología. Aquí hay que escapar del formalismo "civilizado" de considerar como formas políticas, exclusivamente, a los "partidos" e ideologías de sus programas. Esta concepción falla cuando se quiere analizar el problema en el presente y desde la perspectiva de la liberación nacional. El formalismo positivista se basa en los hechos; la resistencia popular, en todas sus etapas desde la más incipiente, los niega.
Carri reniega de la "sociología desarrollista" y de los "marxistas Victorianos" que califican las acciones de los hermanos como propias de bandoleros. Define a Velázquez como "rebelde" y a esos sociólogos como "bandoleros sociológicos".

EL PONCHO ROJO
Dos semanas después del asalto al almacén de Camps, los Velázquez atravesaron un tronco sobre la ruta 16 que une Resistencia con Sáenz Pena y asaltaron a un distribuidor de cigarrillos y a un viajante de comercio.

Claudio Velázquez tenía un año menos que Isidro, usaba sombrero paisano con ala ancha y ladeado sobre la derecha; solía entrar a los pueblos con su inseparable poncho colorado. "Me da suerte, si lo pierdo seguro que me atravesarán de un balazo", bromeaba con sus amigos.
Entre marzo y abril asaltaron a un acoplador de granos y a un agricultor. Una comisión policial encontró sus huellas cerca de Colonia Elisa y salió tras ellos, los Velázquez los aguardaron en Legua 54. Los policías Juan Cerlinguer y Salvador Cabrera resultaron heridos. Al abandonar el lugar a caballo, Claudio perdió su poncho e Isidro se llevó un balazo en la pierna.

Desde la capital chaqueña y localidades cercanas llegaron policías de refuerzo, pero las patrullas se empantanaron en los grandes esteros de la zona. El 22 de abril de 1963, La Razón titulaba: "Están cercados en un islote del Chaco dos hermanos bandoleros". Isidro y Claudio huían en un solo caballo entre pantanos y pajonales, y en un sendero del monte se cruzaron con un anciano y su nieto. Isidro les dio diez mil pesos por el caballo y el anciano les indicó dónde estaban apostadas las patrullas. Así pudieron burlar a sus perseguidores.

El 21 de mayo Claudio decidió festejar el cumpleaños de Isidro y tomó por asalto el paraje de Costa Guaycurú. Ocupó la carnicería y el almacén, y convocó a los vecinos: "Tomen lo que quieran -les dijo-, los hermanos Velázquez invitan y pagan. Quiero saber si la policía se anima a venir a buscarme". La bravata saldría cara: Wenceslao Ceniquel, comisario de Zapallar, reunió a sus hombres y marchó a Costa Guaycurú. Dos policías fueron heridos en el tiroteo, pero allí murió Claudio atravesado de un balazo. Hubo otra víctima que en un primer momento se identificó con Isidro, aunque dos días después las autoridades debieron informar: "El Vengador" se había escapado otra vez, el otro caído se llamaba José Tolentino Vega.

Durante un año Isidro permanecería inactivo. Por razones opuestas, la policía y los paisanos esperaban su reaparición. Aunque algunos comentarios lo ubicaban en Formosa su paradero fue una incógnita.