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Laila Emilia Daitter: el aroma de la raíz libanesa en unas tibias castañas

28-09-2019
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“Corazón de castañas” es el cuento que momarandu.com comparte en esta oportunidad, y es de la escritora correntina Laila Emilia Daitter. También podremos escuchar el relato narrado por Laila

El próximo 5 de octubre, Laila estará leyendo en la Sociedad Libanesa de Corrientes –San Lorenzo 1341- a partir de las 18. Una invitación abierta al público en general.

La mayoría de los libros de Laila se pueden adquirir en librería Corrientes, calle La Rioja 953 o escribir a la propia autora, al correo electrónico daitter@hotmail.com

ACERCA DE LA AUTORA
Laila Emilia Daitter nació en Corrientes, el 8 de octubre 1965. Nieta de libanés y bisnieta de escoceses. Es escritora e investigadora educativa. Se desempeña en Formación Docente en la Universidad Católica de Córdoba, es columnista en el espacio de promoción a la lectura en el programa Vivir plenamente-adultos mayores de radio Sudamericana FM 100.5 (domingos de 9 a 10) y Vivir Plenamente TV –conducido por Mirian Blanchard, en Canal 5-. Es voluntaria de abuelos leecuentos; creó el programa lenguajes combinados cuya experiencia la desarrolla en la escuela rural Manuel Láinez, es asesora pedagógica y coordinadora en el proyecto Fortalecimiento de las Trayectorias Escolares dependiente del Consejo de Educación de la provincia de Corrientes.

Escribe dando cuenta de su propia mezcla de culturas. Escribió y publicó: “Las mil y una noches en las letras de Borges” (Libro, Bs. As. 2000), “La alfombra mágica vuela en Damasco” (Relato finalista Mujeres viajeras, 2012, Madrid, “Corazón de castañas” (Relato finalista mujeres viajeras, Madrid, 2013) “Cuando el Nilo duerme” (Relato finalista mujeres viajeras, Madrid, 2014), libros y relatos atravesados por la cultura libanesa y árabe.

Los libros “La caja de cedro” y “Pócker” representaron en 2018, a la Argentina, en el Congreso Internacional Universidad de Kaslik de el Líbano a desarrollarse los días 25 y 26 de octubre. Además, “La caja de cedro” forma parte de un guion cinematográfico para la productora Latinab de Cine Fértil, ganadora del Premio UNESCO Sharjah de la Cultura Árabe 2018.

El cuento que compartimos, “Corazón de Castañas” pertenece al libro Relatos de Mujeres Viajeras, en venta en Editorial Casiopea – España – VIA ONLINE - https://www.edicionescasiopea.com/categoria-libro/relato-mujeres-viajeras/ Este cuento participó del libro V Premio Internacional Relatos de mujeres viajeras 2013: narra el encuentro de Laila con su familia en Bikfaya, Líbano.

LEAMOS A LAILA
                                 CORAZÓN DE CASTAÑAS




La casa de Maurice parece una colmena de niños que saltan, bailan, cantan al ritmo del derbake, dejando brotar el néctar salvaje que habita en esta infancia hipnotizada por las manos del tamborero. Los cuerpos se mueven sin descanso, casi flameando, inundando el lugar de voces, de risas, taconeos, que las paredes y el piso devuelven con el eco. Mientras hacen una ronda pienso en la increíble fuerza que tienen las almas con solo entrelazar las manos, por un momento fantaseo con la idea de girar en contrarreloj para que el tiempo se detenga justo en este instante.

El espectáculo, extremadamente vital, empuja mis pies, que no logran imitar el ritmo que marca el tambor, hasta que me dejo llevar por el sonido y después de hacer volar las palmas con la música, todos nos sentamos juntos, haciéndonos lugar, unos a otros, para que quepan todos, es notable lo que encierra ese simple acto de hacer lugar.

Acaricio la funda de flores que cubre el sillón, como dándole un mimo a la casa que me cobija. Le digo a Maurice que me siento feliz de haber estado en su casa y de haberlos conocido. Pronto busca el diccionario español-árabe, que está sobre la mesita, al costado del sofá. Hace un esfuerzo por intentar leer mis palabras, con tanta vocación de comprender, que me conmueve. El libro forma un puente en la atmósfera de Babel, que lleva y trae palabras que intentamos intercambiar, garabatea el dibujo de las letras en una hoja de papel, y nos involucramos en el juego de entendernos.

En el centro de la escena está el babur, el calor de la estufa abriga mucho más que los cuerpos. Es como un abrazo familiar antes de la despedida. Todos esperan la labor de Maurice sacando las castañas del fuego, como quien resuelve los problemas, generosamente, para los demás. Se agacha, saca las castañas con una pinza, las coloca en un repasador, rompe una dejando salir el humeante aroma y me la ofrece, como un gesto de visible ternura. Se deshace el corazón del fruto en mi lengua y choca con mis dientes, quedándose entre mis labios, esa sensación cremosa que mezclo con exquisitos sorbos de café. Con la tibieza del café en mi boca, encuentro el modo de enfrentar el frío de la calle.

La despedida viene a la puerta, con sus abrazos sentidos, los pañuelos, los nudos en la garganta, los obsequios, el adiós. Guardo en el bolsillo un paquete apenas envuelto que me entrega Maurice. Alcanzo a ver el centelleo en sus ojos, que trata de disimular peinándose, suavemente, el mechón blanco de su cabeza. Es un gesto que me resulta conocido.

Saludo desde el auto, agitando la mano, justo delante de mí, haciendo que la imagen de sus rostros oscile frente a mis ojos. Pronto las siluetas se van nublando. La ruta se hace más fría, más extensa, más gris.

El viento helado me acaricia la cara como un consuelo. Subo la ventanilla, me froto las manos para intentar atrapar el calor. Debajo del espejo del conductor, una bandera roja y blanca, con corazón de árbol, se despide de mí.

A través del vidrio empañado pasan los nogales, los cedros del Líbano, los álamos, los cipreses, las montañas salpicadas de arbustos con espigas amarillas, la avidez del invierno, el aire salado, que sopla desde el Mediterráneo. Disfruto la manera en que el pincel de la mente mezcla los tonos sepia para crear un recuerdo, apenas percibo los aromas del encuentro en aquella casa mientas escapo a la sentencia de Heráclito, de que no me bañaré dos veces en el mismo río.

Faltan unos pocos kilómetros para llegar al aeropuerto de Beirut. El conductor prende la radio y se escucha la voz de Amyr Diab cantando tamallí maak. Arropo mis manos en el abrigo y mis dedos entumecidos ceden a la tibieza de la lana mientras rozan, sorprendidos, el pequeño paquete que me entregó Maurice. Lo abro cuidadosamente, son castañas, todavía tibias. La letra de la canción dice, aunque estés lejos…mi corazón se queda contigo.